La agresión de Bush llega hasta el
hogar cubano
(Actualizado 4 de julio del 2007)
Atentar contra la
unidad y los vínculos familiares, y pretender por decreto controlar los
puentes afectivos en el seno de lo que el marxismo denomina "la célula
fundamental de la sociedad", es apuntar con cañones a uno de los más
elementales derechos humanos.
No es concebible que
instituciones oficiales o de cualquier índole pretendan limitar o normar
el alcance de los lazos de sangre y de cariño, y mucho menos en
contextos culturales como el cubano, donde el concepto de familia
tiene una vastedad de elevadas proporciones.
Y justo ahora que el
Consejo de Derechos Humanos, reunido en Ginebra, enfrenta, con la acción
decidida de muchas naciones, las eternas falacias imperiales impuestas
en ese terreno por los grandes centros de poder, vale recordar cómo en
su acrecentada agresividad contra Cuba, el gobierno de George
W. Bush no solo agita planes para "remodelar" a la Isla a partir de
la hipotética destrucción del poder revolucionario, sino que ha llegado,
incluso, a atentar contra los vínculos familiares al pretender colocarle
severas barreras.
Deseoso en estos años
de limitar los viajes y de evitar el envío de remesas a los cubanos
de adentro por sus familias residentes en los Estados Unidos, y como
parte de su ponzoña contra el pueblo cubano, la Casa Blanca
ordenó que esa posibilidad fuese reducida de un tajo a una cifra
limitada en monto y tiempo.
Pero a la vez, y ahí
está la otra cara extremadamente antihumana del asunto, circunscribió el
término de familia para tales trámites a aquellos integrantes más
inmediatos en el hogar, es decir, lo que algunos llaman "el primer
escalón de consanguinidad". Tíos, sobrinos y primos, por ejemplo,
dejaron de ser parientes a partir del enfermizo plumazo del jefe del
imperio.
Desde luego, toda la
hostilidad enemiga apunta contra la integridad de la familia nacional.
Desde los intentos de desalojar de sus viviendas y propiedades a
aquellos que las hayan recibido en estos años de Revolución, hasta
admitir que un cambio al capitalismo en Cuba supondrá tantos
huérfanos que se necesitaría establecer instituciones de beneficencia
que se ocupen de los niños de quienes quedarán desvalidos.
De la misma manera,
el terrorismo y el cerco económico que
se han
ejecutado contra la nación durante más de cinco décadas, no han dejado
de repercutir violentamente en los hogares, no pocas veces llevando el
luto y la desolación.
De ahí que, junto a
la defensa a brazo partido de la integridad y la
independencia de la Patria, debe resultar uno de los principios
cardinales de los revolucionarios la preservación y la confirmación de
la familia como sustento básico del modelo de una sociedad nueva, donde
el hombre y sus sanas aspiraciones resulten pilares esenciales del
quehacer de todos. |