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Una ignominia de 45
años: prohibido el comercio naval
(Actualizado
4 de
febrero del 2008)
Una ignominia
de 45 años: prohibido el comercio naval
Por Roberto Pérez Betancourt (AIN)
Prepotente desde su estrado de poder hegemónico, el gobierno de
Estados Unidos mantiene las ignominiosas medidas restrictivas de
comercio, finanzas y de economía con Cuba,
incluidas disposiciones especiales que impiden el normal flujo de
transportaciones marítimas.
Los numerosos
hechos que avalan tal realidad aparecen registrados día a día en la
prensa internacional y en los foros donde se debate el tema.
Existe una fecha
"oficial" de proclamación del "embargo", llamado así contra toda
lógica semántica y con toda intención diversionista, cuando en
verdad es instrumento de guerra.
El presidente J.
F. Kennedy decretó la Proclama Presidencial 3447 que impuso
formalmente el bloqueo sobre el comercio entre Estados Unidos
y Cuba, la que entró en vigor el 7 de febrero de 1962, y en
septiembre anunció que incluiría en "lista negra" a barcos que
tocaran puertos de Cuba, con independencia del país de
matrícula.
En febrero 6 de
1963 el gobierno de Estados Unidos prohibió que las mercancías de
propiedad gubernamental o financiadas por los gobiernos de otras
naciones, fuesen trasladadas en buques que transportaran cargas a
Cuba. Solo en el primer trimestre de ese año, 59 buques tocaron
puertos cubanos, comparados con 352 en el mismo período de
1962.
Entre junio de
1962 e igual mes de 1963, hubo una declinación del 60 por ciento en
el número de los mercantes de países no socialistas involucrados en
comercio con Cuba.
Han transcurrido
más de 45 años. Las pérdidas económicas causadas al pueblo cubano,
solo por concepto de afectaciones a su comercio marítimo, se
expresan en miles de millones de dólares, sin considerar daños de
carácter cualitativo, por la demora de mercancías vitales para salud
y alimentación.
Si usted hurga en
la historia, verá que en 1916 las autoridades norteamericanas
advirtieron a Francia: "Los Estados Unidos no reconocen a ninguna
potencia extranjera el derecho de poner obstáculos al ejercicio de
los derechos comerciales de los países no interesados, recurriendo
al bloqueo cuando no exista estado de guerra".
Obviamente, a los
sucesivos gobiernos estadounidenses se les ha olvidado esa máxima en
relación con Cuba, y progresivamente se han añadido más
vueltas de roscas a la intención de estrangular a las familias
antillanas.
Solo entre 1988 y
1989 el gobierno de Estados Unidos incorporó más de 50 nombres de
firmas navieras a las cuales prohibió comerciar con su país
castigándolas por sus contactos con entidades cubanas.
La Ley Torricelli
extendió el bloqueo contra la ínsula a planos
extraterritoriales aún más agudos, al entrar en vigor en octubre de
1992, luego de ser firmada por el entonces presidente George H.
Bush, quien en abril había instruido al Departamento del Tesoro
para restringir todavía más la transportación marítima de pasajeros
y mercancías hacia o desde Cuba.
Ulteriores
agresiones fueron añadidas por la ley Helms-Burton, y dictámenes
complementarios, entre ellos los que prohibieron entrar a puertos
estadounidenses a barcos de terceros países que participaran en
comercio con la Antilla Mayor.
En realidad, el
bloqueo extraterritorial contra Cuba califica como
acto de genocidio, según la Convención de Ginebra para la
prevención, y la sanción de ese tipo de delito, y constituye, por
tanto, una violación del derecho internacional, como han hecho
notar autoridades cubanas y de otras naciones.
Se trata, además,
de una acción de guerra económica, al no existir norma alguna que
justifique ese tipo de cerco a un país en tiempo de paz.
Conscientes de
esa realidad, desde 1992 la Asamblea General de las Naciones
Unidas ha aprobado, con creciente mayoría, la Resolución
titulada "Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial
y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba".
Lo paradójico
resulta que la eliminación del bloqueo podría generar 100 000
puestos de trabajo en la Unión, donde la tasa oficial de desempleo
rebasa el cinco por ciento, e ingresos adicionales por 6 000
millones de dólares, según demuestran estudios de expertos.
Obviamente, el
bloqueo, a pesar de los muchos daños ocasionados, ha sido
ineficaz para exterminar a los cubanos, se vuelve contra los
intereses de los propios norteamericanos y es motivo ignominioso de
repulsa a escala mundial, un peso más que cargará en su maleta de
despedida el señor George W. Bush.
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