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El bloqueo genocida contra Cuba no
admite comparación
(Actualizado
16 de octubre del 2008)
Por Fidel Rendón
Matienzo (AIN)
Aunque en
ocasiones escuchamos la expresión de que tanto daño nos hace el
bloqueo interno (o mental), como el impuesto por el gobierno de
Estados Unidos, lo cierto es que si bien resultan muy perjudiciales
la indolencia e ineficiencia, el impacto de esa guerra económica,
financiera y comercial no admite comparación con nada.
El objetivo bien
declarado de esta criminal política es destruir la Revolución, matar
por hambre al pueblo, negarle el derecho a la vida, a ser libre y
soberano, y desde su instrumentación, pocas semanas después del
triunfo del primero de enero de 1959 y hasta la actualidad, las
administraciones de la Casa Blanca han recurrido a cuantas medidas y
agresiones contribuyan a tales propósitos.
El bloqueo
impacta negativamente en la Alimentación, la Salud, la Educación, el
Transporte, la Construcción, la Vivienda y en otros sectores
sensibles para el desarrollo de la Isla y el bienestar de la
población cubana.
Afecta
directamente a nuestra población de forma silenciosa, sistemática y
acumulativa sin distinción de edad, sexo, raza, credo religioso o
posición social. Atenta en particular contra la niñez, los ancianos
y los sectores más vulnerables de la sociedad, llegando, incluso, a
negarnos medicamentos vitales.
Como se ha
demostrado en las sesiones de la Asamblea General de Naciones
Unidas, la inmensa mayoría de sus integrantes rechaza el
bloqueo más prolongado, cruel e injusto que haya conocido la
historia de la humanidad, pese al intento del gobierno de Estados
Unidos por hacer creer que es un asunto bilateral.
¿Qué país,
organismo internacional, firma o compañía interesados en
comercializar con Cuba no ha sufrido su marcado carácter
extraterritorial y violatorio del Derecho Internacional y de las
regulaciones mundiales de comercio?
El recrudecimiento
de su extraterritorialidad es también lesiva a la soberanía de
terceros Estados y a los intereses legítimos de entidades y personas
bajo la jurisdicción de estos, y si ante todo el bloqueo
viola los derechos humanos fundamentales del pueblo cubano,
también perjudica los de los norteamericanos.
Un creciente
rechazo a esta política existe en la sociedad estadounidense en
sectores políticos, empresariales y entre numerosas personalidades,
quienes reclaman por su levantamiento el establecimiento de
relaciones diplomáticas y la reanudación de los viajes a Cuba.
Los daños
económicos directos causados por su aplicación superan los 93 000
millones de dólares. A ese monto habría que añadir más de 54 000
millones de dólares ocasionados por agresiones y actos
terroristas perpetrados contra Cuba.
El 2008 ha sido el
año más brutal del bloqueo, pues en aras de destruir el orden
constitucional establecido y refrendado por Cuba, el
imperialismo ha desplegado todos los medios a su alcance para
reclutar, organizar y financiar a personas nacidas en la Isla,
quienes actúan como asalariados de su política hostil.
Con arrogancia y
desprecio, la administración de George W. Bush también ha
ignorado las resoluciones adoptadas por la Asamblea General de la
ONU, de manera que el reclamo casi unánime de la comunidad
internacional para que se levante esta genocida política, sigue sin
ser escuchado.
Por ello
considerar el bloqueo “interno” tan dañino como el
imperialista sería hacerle el juego al enemigo y sus apátridas
asalariados acá, y podría llevarnos a minimizar el impacto de la
criminal guerra económica, financiera y comercial sobre la vida
nacional, la soberanía y el derecho internacional. |