Viernes, 14 de diciembre de 2018 10:39 AM

“Yo quiero ver a la cubana” (+Infografía)

Porque nuestros médicos han escrito historias suficientes como para haberse ganado el corazón de los brasileños

Aidachy Susana Ayala llegó un día cualquiera, hace dos años, al municipio de Itapevi, que por estar a 30 minutos de Sao Paulo se suponía que mostrara igual opulencia que su vecino, donde las luces encandilan y los rascacielos obligan a mirar al infinito.

Comprendería después que las periferias son, también, una suerte de “favelas informales”, donde las casas se amontonan en busca de luz y altura alrededor de los morros o de las grandes ciudades, y muestran, por igual, la pobreza y la desolación.

Cuando llegó a Brasil, Aidachy ya había cumplido misión internacionalista en Belice y supo, por primera vez, de la pobreza extrema en niños famélicos, que trabajaban o iban a la escuela descalzos, con grandes sacos para vender chicharrones de viento. En Venezuela cimentó las bases de la cooperación, codo a codo, con cientos de cubanos. Sin embargo, sería Brasil una misión muy solitaria en la que fue, al menos durante los primeros meses, la única cubana en kilómetros de distancia.

“Ver a la cubana”, más que una petición, se convirtió en el reclamo que justificaba las colas, las agendas sobrecargadas con más de 30 pacientes y un modo de vida que iniciaba, cada día, a las 7:00 de la mañana y se extendía hasta las 4:00 de la tarde, cuando sobre un sensor la huella digital ponía fin a la jornada.

“A mis pacientes les decía ‘toquen a mi puerta a cualquier hora’. Cuando terminaba con los casos programados, los atendía. Nosotros no estamos acostumbrados a dejar abandonados a los enfermos ni a demorar meses para diagnosticar un padecimiento. Nuestra premisa era ayudar a la gente y resolver la mayor cantidad posible de problemas de salud.”

La brigada médica cubana, compuesta por 20 galenos, y otros tres profesionales brasileños asumieron la atención de una población que superaba las 200 000 personas que, distribuidas en cinco puestos de salud, fueron testigos de un antes y un después con el programa Más Médicos.

“La formación y la atención médica de los cubanos son muy diferentes, por ejemplo, tuve pacientes asombrados cuando les pedía que se recostaran en la camilla para practicarle un examen físico o cuando acercaba la silla para mirarlos a los ojos mientras explicaban sus síntomas.

"Mi puesto de salud era el más distante. Debía levantarme a las 5:00 de la mañana y tomar dos autobuses. Mis pacientes sumaban 9 000 y, con el paso de los días, las colas eran inmensas porque solo querían atenderse conmigo.”

—¿Fue difícil hacer valer sus experiencias y métodos de trabajo?

—Cada país, su gente y su historia son diferentes, y no todas las historias son felices. En mi caso resultó difícil encontrar el clima idóneo para laborar. Nos miraban con recelo y por encima del hombro porque, de algún modo, éramos la competencia. Sin embargo, continuamos haciendo lo que mejor sabíamos: curar, pues el mejor modo de ganarse el respeto es trabajar.

“Relevé a otra doctora cubana que había ordenado lo imprescindible en el puesto de salud y logré hacer reuniones de equipo, visitas programadas a las casas, actualizar las historias clínicas, y evaluar factores de riesgo y personas con mayores vulnerabilidades.”

Doctora Aidachy Susana Ayala —¿Qué es lo que no olvidará de Brasil?

—No olvidaré a su gente y el agradecimiento de los más pobres, que repetían su visita, día tras día, frente a la puerta de mi consulta, para ver a la doctora cubana.

“Fueron días difíciles, de mucha faena y estudio intenso, porque la carencia de especialistas nos obligaba a asumir las funciones de los endocrinólogos, cardiólogos, pediatras y clínicos. Cuando llegaba agotada a la casa, por haber atendido a más de 30 personas, comenzaba a buscar enfermedades, síntomas frecuentes y los mejores tratamientos, pero no me alcanzaba el corazón para no intentar ayudarlos. Este era el único momento del día en que volvía a hablar español.”

—Brasil ha anunciado que un gran porcentaje de las plazas ocupadas por los colaboradores cubanos están ya cubiertas, ¿se corresponde esto con la realidad que vivió allí?

—En Brasil la medicina es un negocio y el paciente una mercancía, por eso, el Programa Más Médicos significó un vuelco en el panorama de salud, al llegar galenos a sitios de extrema pobreza y difícil acceso.

“Ante la situación generada han decidido cerrar filas para cubrir las vacantes, pero no creo que esto sea sostenible a largo plazo, porque los cubanos estaban, precisamente, donde el resto de los profesionales no iba. El médico de Brasil es una persona de alta posición económica y el Sistema Único de Salud (SUS) cuenta con recursos y una buena organización, mas no tiene personal.”

De sobresaltos, alegrías y aflicciones podría contar mucho, aunque prefiere los momentos felices en los que un "gracias" encarnaba la gratitud por la vida y el bebé salvado, una satisfacción visceral incompatible con cualquier dinero.

Ver la lepra como una enfermedad común, el SIDA en pacientes muy jóvenes, carentes de atención, controlar a un diabético sin la supervisión de un endocrinólogo o una familia entera padeciendo tuberculosis, eran imágenes constantes en un panorama donde los ecos de la medicina moderna parecían no escucharse.

Todavía recuerda con nitidez a María Aparecida, quien llegó desde el nordeste con un diagnóstico de una neoplasia de páncreas y otros síntomas que apuntaban a trastornos hematológicos. Estudió el caso, la remitió al hospital con siete puntos de hemoglobina para ser transfundida y regresó tal cual porque no pudieron atenderla.

Sin el “ojo clínico” de ningún otro especialista, como lo ameritaba el caso, logró estabilizarla y atenuar los síntomas, mas terminó la misión y nadie le quita la idea de que ahora puede estar muerta.

“Es terrible que tengas cáncer y no puedas operarte, o necesitar una transfusión y no poder pagarla. Las farmacias populares y los puestos de salud ofrecen medicamentos gratis, no obstante, al igual que los exámenes, son muchos los fármacos que se pagan a precios elevados.”

Sentir en carne propia el peso de una enfermedad y los vericuetos del SUS para tratarse una hernia discal que la mantuvo en cama durante un mes, fue otra de las experiencias agridulces que le permitieron comparar con acierto y regodearse en la excepcionalidad de Cuba.

—Aún convaleciente regresas a Brasil, ¿desistir era una opción?

—Si me preguntan cómo lo hice fue gracias a mi espíritu y la perseverancia. Estuve 20 días sin poder moverme y experimenté lo que significa pagar por atención médica, por eso, digo que, a veces, no valoramos, en su justa medida, lo extraordinario del Sistema de Salud Cubano.

“En Cuba logré recuperarme. Mi hijo y el resto de la familia no querían que volviera, sin embargo, insistí porque no tenía sentido dejar a medias mi trabajo. No completar la misión nunca pasó por mi cabeza.

A su regreso, le asignaron un puesto de salud más cercano, en la cima de un morro, que casi coronaba las nubes, al cual llegaba en autobús. Allí completó otros pedazos de historias entretejidas con el argot de un pueblo todavía incapaz de adaptarse a ver un médico de a pie, que tocara su puerta o bebiera un simple vaso de agua cuando no había nada más para ofrecer.

Tiempo después, Aidachy sabría que el prefecto de Itapevi también era médico y que en Sao Paulo un 80 por ciento de la población apoyó a Bolsonaro; los mismos que después le decían: “si llego a saber que usted se iba doctora, no hubiese votado por él”.

La despedida, las historias, los kilómetros desandados, la irremediable amargura que deja la muerte y los sufrimientos acumulados vinieron, también, en su maleta, porque la medicina no solo se hace, sino que se siente, y de eso Cuba sabe demasiado.


Comentarios  

# Ernesto René Salcedo Rocha 30-11-2018 15:23
Ailén , que bello reportaje .
Felicito a la Dra . Aidachi ,, magnifica profesional y narra la pura y triste verdad de millones de familias sin asistencia médica digna de un ser humano .Solo el profesional cubano formado sobre las base de valores humanistas hace estas tareas en lugares de difícil acceso .
Prof Ernesto René Salcedo Rocha .
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