Miércoles, 14 de noviembre de 2018 6:39 AM

Noticias, caramelos y periódicos

Cuba es un país con tendencia al envejecimiento poblacional. ¿Estamos conscientes de ello?

Casi nunca como caramelos. Es una tradición desde mi infancia. Tampoco acostumbro a regalar limosnas. Y si me parece mezquina tal actitud, pienso entonces en las pocas veces que lo he hecho, cuando he sentido la sinceridad instantánea de quien me mira y me pide algunos centavos. Porque siempre hay alguien que realmente lo necesita.

En estos tiempos agitados de ciudad, cualquier periodista como yo debe andar constantemente contando y recontando su arsenal económico, es un ritual todos los meses. Regalar dinero o no, depende de muchos factores, no solo de la bondad y, por lo tanto, para equilibrar mis placeres, compro caramelos.

***

La primera vez que vi a María (la llamaré María, pero que conste que no tuve ni siquiera la valentía de preguntar su nombre) me dolió imaginar a mi abuela en su posición. ¡Cuánto no haría yo para que mi abuela no vendiera pirulíes en la parada de la guagua!

Durante más de veinte minutos nadie le compró nada a María y ella seguía en pie. Yo la miraba desde lejos (y me imaginé a mi abuela irreverente, enérgica, siempre intentando hacer más de lo que le toca). Entonces decidí comprarle algún caramelo, solo por ayudarla. Esa vitalidad se agradece, entre tantos casos de personas que fingen dolencias y calamidades.

Fue divertido compartir lo poco que quedaba en mi cartera. Ya casi era fin de mes y yo estaba en el clímax de mi ritual. María puso cara de alivio cuando me vio acercarme. Y antes de hablar, en fracciones de segundo e inconscientemente, aumenté la cifra de mi pedido: -Deme veinte pirulíes, por favor.

Para que yo eligiera, acercó a mí la metamorfosis de pomo plástico que llevaba como pequeña cesta. Y yo, sin muchos conocimientos sobre caramelos, elegí por colores.

–Hoy es el cumpleaños de mi sobrina y ha pedido una piñata- mentí, para justificar una compra que, al repensarla, me pareció exagerada.

Entonces María volvió a mirarme y sus ojos me apretaron el corazón. Presentí que iba a decirme algo e intenté irme antes de que sus palabras me alcanzaran: - Bendiciones pa´ ti, mijita.

***

Hay que aprender a medir las desgracias ajenas para no andar por el mundo cometiendo errores: no comprar el caramelo correcto puede ser una injusticia. Pero abandonar esas conversaciones también es una pérdida. Después pensé cuán interesante hubiera sido compartir un poco con María, saber si tiene nietos, si su familia se encarga suficientemente de sus necesidades, descubrir por qué vende caramelos y por qué tiene la mirada triste…Preparé casi un cuestionario para cuando volviera a verla, pero nunca más hemos coincidido.

Sin embargo, el otro día me sorprendieron los deseos de comer pirulí, quizás por pensar (y sufrir) tanto en María. Entonces vi a un hombre canoso vendiendo periódicos en la misma parada. Eran aproximadamente las nueve de la noche y casi se vencía el plazo de su oferta.

Pensé readecuar mi cuestionario pendiente y conversar con él. Me despertaba las mismas inquietudes.

Me le acerqué dispuesta, con el pretexto de comprarle un periódico y conversamos. Conversamos mucho.

Al final, no pude comprarle nada. Le entregué un billete de veinte pesos y le dije que era un regalo, que se quedara todo el dinero.

Me miró extrañado y dijo: - ¿Un regalo…?

Asentí y me devolvió una mirada triste. Intenté irme antes de que sus próximas palabras me alcanzaran, pero fue imposible.

- Bueno, al menos llévese un periódico. Es mi regalo.

- No se preocupe. Ya usted me hizo un regalo… Y ya leí el periódico hoy... Yo me dedico a escribir noticias.


Comentarios  

# Laura Barrera Jerez 25-06-2018 18:32
Hola, soy la autora de este texto publicado en Cubahora. Por favor, rectifiquen eso en la publicación de este sitio web. El texto NO lo escribió CUBAHORA. Creo que hay reglas elementales de ética que deben ser respetadas. Gracias!
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