Lunes, 20 de mayo de 2019 10:37 PM

Mi amigo

No sé si mi amigo esté de acuerdo con que cuente su historia, pero le ofrezco disculpas por si acaso lo estoy traicionando.

No es un héroe de esos que ganan grandes batallas; no obstante, sí ha ganado muchas veces y perdido otras tantas. Cuando nació, nadie le preguntó si quería que le gustaran las mujeres, los hombres o ambos. Debía ser como la mayoría esperaba, y él no entendía. No podía comprender por qué reprimir sus deseos para que otros fueran felices.

Me cuenta que en su casa siempre encontró cariño, sobre todo, de su mamá. Del papá no recuerda tanto afecto, aunque está seguro de que, a su manera, lo quería.

Nunca hubo abrazos, besos, ni momentos para jugar juntos, y no creo que les hubiese gustado jugar a lo mismo. Él, por ejemplo, rechazaba el fútbol, la pelota u otro deporte, prefería ser maestro, médico…, sin embargo, lo intentó, y ahora, riéndose, dice que pudo haber sido bueno, mas no se veía en un traje de atleta.

Creció y algo no le quedaba claro. Nunca encajó del todo entre los de su misma edad, y, en varias ocasiones, terminaba en una pelea porque los muchachos no lo miraban bien, y, mucho menos, lo dejaban formar parte del grupo.

Él es inteligente, y, casi siempre, sus notas eran de las mejores del aula, pero eso no bastaba para que los demás lo aceptaran. Se sentía diferente, lo veían diferente, y no sabía por qué.

Por eso, cuando terminó la secundaria no quiso ir becado, en su época no había preuniversitarios urbanos, y optó por un técnico de nivel medio, aun sabiendo que podía aspirar a algo mejor. Tenía miedo.

Adolescente al fin, sufrió contradicciones internas, que si estaba bien engañar a sus padres para salir con unos amigos que seguro ellos nunca aprobarían, que si los lugares que frecuentaba debían quedar en secreto, que cuando tuvo el primer amor reventaba de ganas de gritarlo y no podía.

Su primer amor fue tan fuerte que dolía, y, lo peor, no tenía a quien contárselo. Otros, en su caso, si eran hembras, conversaban con su mamá, si eran varones, con su papá, pero él no podía ni con uno ni con el otro. No sabía y no tenía a quién preguntarle.

Cuando enumera los errores que cometió, hasta pierde la cuenta: amigos que no lo eran, amores que tampoco lo eran; promesas, traiciones, desengaños que, cada noche, le martillaban a la hora de dormir, y tenía que dormir, porque el siguiente sería otro día.

Dice que una vez hasta pensó en quitarse la vida, estaba aburrido de mentir en la casa, a sus supuestos compañeros de aula, a las novias que nunca deseó y que, por intentar no ser diferente, tuvo que besar, hacerles el amor y hasta prometerles que cambiaría, que sería más varonil, más fuerte, más hombre…

Mi amigo creció, se hizo hombre, un hombre de verdad, pero no le gustan las mujeres. Sigue sin entender por qué tiene que ser así, si nadie le preguntó nunca; pero creció, y tanto que un día no le importó más lo que los otros esperaban de él.

Sufre cuando me cuenta lo que le pesaba ver a su mamá llorar, no sabe si de vergüenza, de culpa, de inconformidad, o de miedo porque su hijo no fuera respetado y sufriera mucho más de lo que ya la vida le había marcado su carácter: el resentimiento, la desconfianza y hasta la timidez.

Los años han pasado, y mientras otros han llegado tan lejos como la suerte les ha favorecido, mi amigo ha tenido que hacer el doble de esfuerzo, o, quizás, el triple. Ha tenido que demostrar que es realmente bueno, confiable, inteligente, honesto…, para que, todavía así, a cada paso que da, tenga que estar demostrando cuán triunfador es.

• Conozca aquí la historia de María.

Todavía recuerdo cuando me tocó a la puerta para contarme que le habían propuesto un trabajo y a ellos no les importaba que fuera homosexual, eso pensaba…; pero no fue tan así, aunque al final obtuvo el puesto, sufrió mucho cuando supo que su orientación sexual, y no su capacidad, fue lo que más debate generó entre quienes debieron decidir si era idóneo o no.

A mi amigo lo admiro por dos cosas fundamentales; primero, porque se quiere como es, sin importarle lo que piensen los demás, y segundo, porque es la mejor persona que la vida me ha permitido conocer.

Es buen hijo, buen hermano, buen profesional, buen amigo. Ah, y también es gay, pero eso, al menos, para mí, no es importante.


Comentarios  

# Tatina 16-05-2019 08:39
Excelente trabajo.
Porque vivo en esta sociedad aún machista sé que a tu amigo le quedan todavía muchos "tragos amargos" que vivir, pero también sé que se impondrá la perseverancia, la inteligencia, el talento, la honestidad, la humildad, la consagración y el amor por lo que hace y por él mismo. Así podrá demostrarle a esta sociedad que a las personas hay que valorarlas por sus sentimientos, acciones para con la Patria, el trabajo, la sociedad y la familia, por sus valores y no por su orientación sexual. Siento admiración por tu amigo y sé que muchos más también porque una sociedad justa y sobre todo humana como la nuestra, en la que siempre su centro de atención ha sido el SER HUMANO, tiene que valorarnos a todos POR LOS SERES HUMANOS QUE SOMOS. Conozco muchos con prejuicios y muchos sin prejuicios que coinciden en algo: Hoy en nuestro país tenemos TODOS, SIN DISTINCIÓN DE COLOR DE LA PIEL, CREENCIAS RELIGIOSAS U ORIENTACION SEXUAL, que estar bien unidos para defender este proyecto revolucionario que construimos, con todos y para el bien de todos y para eso de SEGURO CONTAREMOS CON TU AMIGO.
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# Alejandro Chang Hernández 16-05-2019 08:49
Yo odio profundamente a los homofóbicos. Esos que abusan y critican a las personas homosexuales sin razón y sin derecho. La mayoría que critica y grita a los cuatro vientos su rechazo, es por miedo a sus propias dudas. Esos que se pasan el día haciéndose los duros y los machos, en el fondo están escondidos en el closet. Yo tengo amigos gays, tanto mujeres como hombres, y no los miro de forma diferente ni me preocupa para nada salir con ellos a la calle. !Basta ya de HOMOFOBIA!
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