Sábado, 22 de septiembre de 2018 5:13 AM

Matrimonio en Ciego de Ávila levanta su casa en 72 días

Aleccionadora vivencia de un damnificado que jamás había cogido en sus manos la pala de albañil.

No era un palacio, pero Laura Sánchez y Guillermo de León tenían su casita de madera, linda de verdad. Por eso cuando el huracán Irma la derrumbó, sin el más leve vestigio de clemencia, ambos sintieron un dolor sin precedente en sus vidas.

“Yo lloré mucho, me alteré de los nervios. Al ver tanto destrozo por todas partes me preguntaba cuándo volvería a tener vivienda”, explica Laura, una de las tantas personas perjudicadas por el paso del meteoro en la zona de Punta Alegre, en el municipio de Chambas.

“Para nosotros estaba bien clara una cosa: no podíamos quedarnos con los brazos cruzados. Por eso hablamos con el general Quintas Solá, con Miguel Díaz-Canel Bermúdez en su primera visita aquí y, desde luego, con Félix Duarte Ortega y con Raúl Pérez Carmenate, nuestros máximos dirigentes del partido y del gobierno en la provincia. Fuimos escuchados, bien atendidos. Necesitábamos ayuda, pero también estábamos dispuestos a trabajar, a tomar parte en la construcción de nuestra casa.”

Aunque insuficiente frente a tanta necesidad, la progresiva entrada de materiales, tanto por vía de producciones locales como por asignaciones del país, puso en guardia al inquieto matrimonio.

De acuerdo con un proyecto bien concebido, Laura y Guillermo volverían a tener su casa, junto a otros damnificados, en una especie de micro-comunidad, a cargo de fuerzas de la Brigada 2 de Construcción de Obras Varias, con la Dirección Municipal de la Vivienda en calidad de inversionista.

“Pero mi casa va, sobre todo por mí mismo”, se dijo en perfecto español Guillermo; vio a quienes correspondía ver y, en un abrir y cerrar de párpados, se convirtió en constructor de su propio hogar.

“Yo nunca había fabricado viviendas, ni cosas por el estilo —explica—, no tenía experiencia en ese giro, pero no dudé de que sí podía hacerlo; me autorizaron a levantar en el mismo lugar donde Irma nos había derribado la otra casa, y le metí mano al asunto. Fue una etapa muy dura, en la que me mantenía fajado de día y de noche; a veces eran las 10:00 PM, e incluso más tarde, y yo seguía ahí; me dolían hasta los huesos que no tengo en el cuerpo, pero mi casita avanzaba mediante la llamada tecnología o sistema Sandino.

“No tengo quejas; los compañeros de la construcción me prestaron algunos instrumentos. Tampoco puedo dejar de mencionar la ayuda que me ofreció Oriel: un muchacho que vive cerca.”

Para sorpresa de expertos y de vecinos, dos meses y doce días después, la casa, de dos cuartos, sala, cocina comedor, baño… estaba terminada y lista para que el pertinaz matrimonio volviera a dormir con la tranquilidad y la satisfacción de siempre.

“A lo mejor para algunas personas aquello de que nadie queda desamparado en Cuba frente a una situación así tenga mucho de frase. Mi esposo y yo pudimos comprobar que es una realidad. Estaremos agradecidos del partido y del gobierno, tanto en la provincia como en el país. Pero, sobre todo, pudimos comprobar que cuando alguien resulta dañado por un ciclón o por algún fenómeno meteorológico, no debe cruzar los brazos y esperar a que vengan otros a hacerles todas las cosas o a resolverles los problemas. Nos toca poner de nuestra parte, asumir y participar.”


Comentarios  

# senelio ceballos 28-08-2018 16:24
GENIAL!! BRAVO!! asi se hace patria tambien!!!..felicidades EX-ING/CONSTRUCTOR les Saluda desde Rusia.
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# Alfredo 28-08-2018 21:16
Debieran haberlos contratado para la construcción del rueda. Quizás la misma con personas trabajadoras como éste matrimonio hubiese concluido más temprano.
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