Jueves, 20 de junio de 2019 5:40 PM

Lindalba contra los retos del mar, la lluvia y el viento

Si vives cerca del mar y este no te apasiona, es como si no existieras. A los residentes de las zonas costeras los bendice una combinación de salitre, sol y brisa marina que suele convertirse en pacto perpetuo de amor hacia el entorno donde nacieron.

Esa armonía estimula la vida de Lindalba Rivero Blanco, una niña de 13 años, quien reside a unos 20 metros de la costa, en el poblado chambero de Máximo Gómez. Dicen sus vecinos que canta con exquisitez, baila como es típico en esa edad, pero con el azul inmenso tan cercano, sumó a sus diversiones la práctica de las velas.

Su tiempo en el deporte todavía es escaso. Por ahora otras dos niñas, con mayor experiencia, son las que asisten a las competencias en representación de la zona de Punta Alegre y de la provincia avileña. No obstante, decidió prepararse porque aspiraciones le sobran.

Junto al profesor y varios compañeros hace sus prácticas en pleno mar siempre que las condiciones de la Naturaleza lo permiten. Así sucedía el miércoles 15 de mayo.

“Todo estaba calmado mientras navegábamos, pero vimos unas nubes y salimos del agua. Con rapidez guardamos las embarcaciones y cada uno volvió a su casa.”

Recuerda que lo hizo apurada, para que la lluvia no la sorprendiera, sin embargo, al estar con los suyos sintió toda la energía del viento lanzarse sobre su vivienda.

Familia de LindalbaLindalba (al centro, con camiseta a rayas) junto a su familia, con el techo prácticamente restauradoEstaba soplando muy fuerte, el techo se tambaleaba y las tejas empezaron a romperse: “Por suerte mi mamá reaccionó rápido y nos llevó para el baño, que estaba más seguro, y ahí pasamos el mal rato”.

Cuando la inclemencia disminuyó, todos salieron a ver los daños. Tanto la casa de Lindalba como otras de la barriada quedaron sin cubiertas por una tormenta local severa que se suma a las desgracias provocadas hace casi dos años por el huracán Irma.

La situación fue difícil por la lluvia que siguió los dos días siguientes, más los daños a los muebles de la casa, la ropa, los colchones, los libros de la escuela...

Por su mente pasaron disímiles pensamientos, entre ellos, lo peligroso que resulta vivir cerca del mar, pero su gente es de coraje y ella también.

Poco a poco rescataron los objetos que todavía pueden ser útiles, y, tan pronto las condiciones del tiempo lo permitieron, comenzaron las reparaciones de 52 viviendas con derrumbes parciales o totales en sus cubiertas.
Lindalba, su familia y el vecindario recibían así otra tormenta, pero de carácter solidario, con el fin de que los afectados recuperasen sus techos en un corto plazo.

Sufrieron vientos superiores a los 90 kilómetros por hora, pero la energía de los constructores les demostró que no están solos. Y es que en Cuba existe una sociedad que no es perfecta pero se basa en el amor y la protección de sus ciudadanos, lección aprendida por una chica con habilidades y deseos de ser campeona en las velas, a pesar de los retos que ello implica.


Comentarios  

# Yarisley 24-05-2019 08:37
Bueno, hace falta que se termine de reparar la casa de Lindalba y también otras de familias afectadas que aún llevan esperando después de 2 años del desastre natural.
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