Miércoles, 21 de noviembre de 2018 6:56 AM

Lenta reparación de escuela especial en Chambas

La mezcla de temor con ansiedad que, en esta recta final de mayo, prevalece entre directivos y trabajadores de la Escuela Especial Nguyen Van Troi, ubicada en el municipio de Chambas, provincia de Ciego de Ávila, tiene sus razones lógicas.

Si bien ya se revolvió el reto más duro que allí dejó el huracán Irma, en septiembre del pasado año: techado total de las dos naves destinadas a docencia, y de las otras dos, utilizadas como dormitorios, las apariencias siguen haciendo pensar que, ocho meses después, los trabajos avanzan lentamente.

Lo sugiere no solo esa impresión que a primera vista asalta al visitante: escombros de techo amontonados entre naves (tal vez para su evacuación, pero amontonados ahí), aulas vacías, paredes que claman por pintura… sino también el modo en que se aproxima un nuevo curso escolar, cuyo despegue parece distante aún pero puede llegar “en un abrir y cerrar de párpados”… y pasar irremediable factura ante lo no ejecutado o lo que muchas veces ocurre: ante lo hecho a carrera de última hora.

La psicopedagoga Yanet Rodríguez Rodríguez añade, sin embargo, un asunto de marcada sensibilidad:

“Si por algo añoramos ver terminada y lista nuestra escuela, es por esos 71 niños y niñas que desde el pasado año permanecen distribuidos por otros centros de enseñanza primaria, donde continúa el régimen de estudio, aunque no es igual.”

Juan Alberto Turcaz Castellanos, el director, explica que, tras el paso del meteoro, el claustro de la Van Troi se convirtió en maestro de los profesores de las escuelas que acogerían a los estudiantes de allí.

inter escuela especial chambas “Desde entonces, realizamos visitas para ver cómo va el proceso, hay permanente seguimiento al aprendizaje, se aplican diagnósticos… o sea, los programas prosiguen; de forma atípica, pero prosiguen.”

Con una estructura, espacio, recursos humanos y experiencia para responder a las necesidades de todo el municipio, la escuela acoge a niñas y niños discapacitados intelectualmente en grado leve y moderado, o con otras patologías, tales como síndrome down, parálisis cerebrales, limitaciones físicas y motoras…

Entre ellos está Pablo de Jesús Jiménez Ponce, alumno de quinto grado, con parálisis cerebral, limitación físico-motora, discapacidad intelectual moderada, estrabismo en ambos ojos y, aun así, representará a la Van Troi en un importante Forum, de carácter provincial.

“Él y los restantes 70 niños que aquí estudian merecen una escuela bien linda; si la Marcelo Salado, de Punta Alegre, quedó maravillosa, la nuestra también puede terminar como lo que es para sus alumnos, familiares, profesores y vecinos de este lugar: ¡Especial!” —afirma Yanet.

Bajo la amenaza de una virtual lluvia, las agujas del reloj pican en dos tajadas al día. Acomodado en su pequeña silla de ruedas, Pablo de Jesús pone proa hacia su hogar, con ayuda de una humilde mujer, acaso pariente, tal vez educadora. A medida que rueda, su mirada capta, en panorámica, detalles de las naves donde en septiembre, maestros, especialistas, directivos y alumnos seguirán siendo, bajo el mismo techo, la extendida familia que siempre han sido.

Una pícara sonrisa le estalla al verme, cámara en mano, dispuesto a no perderme la instantánea. Entonces, con la velocidad verbal de la luz, levanta una mano en gesto de triunfal saludo y grita: “¡Profeeee, recuerde que el oro es míoooo!

Por supuesto que sí Pablito. Solo el mérito de representar a tu escuela en el fórum provincial constituye dorada presea para tu trayectoria. Pero además: como una tacita de oro tendrá que quedar también la Nguyen Van Troi cuando manos obreras pongan punto final al destrozo que le provocó el huracán.


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