La “fiebre” del hospital

El flujo creciente de personas en el servicio de Urgencias (mal llamado cuerpo de guardia) no evidencia, en su mayoría, dolencias graves, sino otras “patologías” que hoy mantienen casi colapsada esa área del Hospital Universitario al que Invasor “ingresó” durante algunas horas.

Si el desespero fuera enfermedad, casi todos los pacientes que acuden al “cuerpo de guardia” del Antonio Luaces Iraola terminarían ingresados en una de sus salas. Remitidos muchos, incluso, de gravedad. Pero la gente que se aglomera allí, una mañana cualquiera, suele disipar su inquietud con el de al lado: se quejan y se calman… y así, instintivamente, sin sospechar siquiera que el “del lado” puede ser una periodista queriendo tomar la “placa” del momento en la que ellos son, apenas, un tono en la escala de grises de la radiografía del Hospital.

Y como sería imposible un Rayos X a salones quirúrgicos, consultas de especialidades, baños, pasillos, cocina, 27 salas… sin obviar detalles importantes del diagnóstico en el que intervienen 2 576 trabajadores de la institución y toda la concurrencia de pacientes de un lunes o viernes, Invasor ha pretendido quedarse solo en Urgencias; esa área que los aquejados siguen llamando Cuerpo de Guardia y a la que acuden por las causas más insospechadas: Ahí se ausculta el primer síntoma del servicio: “la fiebre” de ir hasta él, ya no por excesos en la temperatura del cuerpo, sino por el furor, el vicio, la “viva y ardorosa agitación producida por una causa moral”, según la define, también, la Real Academia Española.

Pues allí se llega, lo mismo para “quitar un punto quirúrgico, que para inyectarse un diclofenaco. Vienen por cualquier “cosita”, confirma Virginia Aragón González, una enfermera que hace 15 años recibe a pacientes y se considera incapaz de hacerlos regresar. “Si llegan, yo los atiendo, pero hay que reconocer que en el día son muchos y con problemas que pueden, perfectamente, atenderse en los policlínicos.”

Las hojas de cargo de las consultas que integran ese servicio de Urgencias (Pediatría, Oftalmología, Otorrinolaringología, Urología, Ginecología, Cirugía, Ortopedia y Medicina Interna) demuestran, asimismo, lo que anticipa Virginia: problemas de salud que no respondían al criterio de Urgencias. Si quedaran dudas, el TRIAJE, un método universal que clasifica a los pacientes, de acuerdo con su estado de gravedad, muestra en el Iraola un comportamiento que no solo registra, de enero a agosto, 7 600 pacientes más que en igual período del año anterior, sino que refleja la “fiebre” que hoy aqueja al hospital y lo mantiene casi colapsado.

TablaUna presentación, realizada en el Servicio de Urgencias, mostraba así el incremento en su área

En agosto, por ejemplo, el 82 por ciento de los niños que llegaron a Pediatría fueron clasificados con el Código Verde, que define las urgencias menores que pueden ser atendidas dos horas después, a partir de que “la condición del paciente no compromete el estado general y no representa un riesgo evidente para la vida”.

La pediatra Janet Gaskín Arzuaga lo asegura, además, porque de los 150 niños que, dice, pueden verse en un día, muy pocos necesitan una consulta de urgencia o un ingreso. “Los traen con fiebre, catarrito, asma…”

Una tabla de ese mismo mes ilustra cuántos pacientes, del total atendido en cuatro consultas (Medicina, Ortopedia, Oftalmología y Pediatría), no requerían de tal urgencia. Mucho más de la mitad pudo ser asistida en policlínicos, de modo que la “fiebre” no es relativa a los pequeños o a padres que subestiman las atenciones primarias y secundarias.

GráficoFuente: Servicio de Urgencias del Hospital Provincial

Comportamientos muy similares se han mantenido de enero a septiembre, según ilustra el TRIAJE del hospital, y en algunas consultas llega a rondar el 90 por ciento de los pacientes con el código verde. La propia Directora Nacional de Asistencia Médica del Ministerio de Salud Pública, lo admitía frente al ministro de la rama, José Ángel Portal, en la recién concluida visita gubernamental a la provincia. El término usado en el diálogo fue “exceso injustificado”.

•Lea aquí el reporte de Invasor sobre el tema

Y para aminorar la carga en esa área, la Directora proponía mover la consulta de ultrasonidos (que no son urgentes) hacia otra área, e impedir que Urología, por ejemplo, admita pacientes de su consulta externa. También se proyectó por quitar una grúa que obstruía la entrada a Pediatría y obligaba el acceso de niños y adultos, por una sola puerta. Pero más allá de que semejantes ideas tuviesen que venir de La Habana a Ciego de Ávila para ser “escuchadas” en vistas de aligerar la carga de Urgencias, la causa del fenómeno sigue apuntando a otras direcciones desde donde llegan los enfermos.

“Y entonces, entre tanta gente que no te deja caminar por los pasillos, uno no sabe, a veces, qué hacer”, confiesa Ismara Lescaille Sid, secretaria de las consultas de Ginecología y Oftalmología, quien debe ordenar, y hacer pasar, a los que esperan por los especialistas, justo en el área del Laboratorio e Imagenología; un lugar que a las 11:00 antemeridiano del 26 de septiembre lucía atiborrado, con apenas cuatro bancadas para los cuatro servicios, y unas veinte personas de pie, más todo el que iba, “de paso”.

En la puerta de entrada del Servicio de Urgencias, la enfermera clasificadora se quejaba de semejante incomodidad: “Les digo que deben anotarse, decirme qué tienen para definir las prioridades, enviarlos a enfermería, tomarles la presión…, que deben esperar a ser llamados… y no todos hacen caso. Es más, si entras y ves la Hoja de Cargo de Medicina Interna y la comparas con la mía, verás que la de allá dentro tiene más pacientes porque se cuelan y vuelven loco al médico.”

Médico y pacientesSolo las consultas de Medicina General, Ginecología y Pediatría, permanecen abiertas las 24 horas. El resto, solo hasta las 12:00 pm, pero sus médicos, asegura Bayron, están localizables en la estancia médica del Hospital.

“Así no hay quien trabaje ni quien defina los que deben pasar primero o después…, siento que no puedo con esto (y hace un gesto señalando las 35 personas sentadas, una veintena de pie, mientras otras seguían entrando). Luego, ellos mismos dicen que al hospital no se puede ir por el desorden que hay, ¿qué injustos verdad?”, se pregunta la enfermera que no dice su nombre ante mi interrogante. “Es mejor no decirte, usted sabe ¿no?” Pero Invasor no sabe.

Solo guarda en su agenda, horarios, descripciones, nombres de secretarias que conversan animadas; enfermeras que manifiestan que el material gastable se agota a cada rato por la cantidad de personas y que deben solicitar más a cada rato; auxiliares de limpieza que te provocan diciéndote que no pueden limpiar el baño cada vez que alguien se orina en el piso; camilleros que plantean que hay tres camillas rotas “hace un siglo y una visita viene a enterarse ahora”; pacientes que no saben nada de código verde, amarillo, naranja y rojo, y se impacientan en cada esquina.

Obviamente, a la “fiebre” del hospital se le suman otras dolencias que el propio doctor Bayron Gil Casas, jefe del Servicio de Urgencias, reconoce.

De hecho, cuenta el joven que cuando él asumió el cargo, hace unos cuatro meses, no sustituyó a nadie ¿?

El vital servicio no tenía un responsable, “funcionaba apagando fuegos”, advierte. “Hoy hemos establecido un sistema de trabajo y, a pesar de que el personal es escaso, garantizamos de que en cada consulta exista un especialista, con los residentes en formación; nunca los residentes solos. Y eso, antes, sí pasaba.

“Incluso, conversamos mucho con los doctores porque un gran porcentaje de los problemas tiene que ver con la comunicación.”

—Algunos me han hablado de cuotas de placas, por ejemplo. ¿Eso es así?

—No, claro que no. Hemos insistido en que se indique a quien, en realidad, la necesite. Hay que evaluar y hacer uso del método clínico, y no indicar por facilidad…

—Pero en más de una consulta me dijeron que había cuotas diarias para placas, que en Observación, por ejemplo, solo podían indicar tres. En Pediatría, ayer confesaron en la noche, “me quedan dos desde las 3:00 de la tarde”.

—Eso no es así, si quieres vamos a Imagenología para que veas cuántas se han hecho hoy. Los médicos saben que mientras haya criterio para hacerlo pueden indicarlas. ¿Eso te lo dijeron especialistas nuestros?

—No, residentes de esas consultas.

—Pues están mal informados o hacen una mala traducción de lo informado. ¿Ves?

Según Bayron, la formación del personal sigue siendo una tarea pendiente. Ya no solo para suplir las ausencias, sino para graduar mejores seres humanos. No obstante, otras medidas han ido tomándose en aras de complementar una atención de calidad, que no solo descansa en el conocimiento y la amabilidad.

Muestra, por ejemplo, las cortinas en Observación, que favorecen la privacidad de pacientes y el mejor trabajo de los galenos. Un teléfono en la Unidad de Cuidados Intensivos de Emergencias (UCIE), que permite las llamadas desde todos los municipios para consultas ante la gravedad de un paciente o para ofrecer información de la persona grave que viene en camino (antes era a través de la pizarra general del hospital y se dificultaba mucho). Un sistema computarizado para evaluar exámenes de los pacientes atendidos en la UCIE, casi en tiempo real. Una enfermera clasificadora para derivar los pacientes a las consultas que correspondan…

Médicos junto a paciente en camillaLa Sala de Cuidados Intensivos de Emergencia muestra hoy mayores facilidades para atender al paciente grave.

”Son pequeños cambios, los cuales facilitan mucho el trabajo, porque todos los días este recinto amanece lleno,” afirma Bayron.

—Muchos alegan que si no es aquí no resuelven su problema.

—Bueno, nosotros tenemos una reunión de Interrelación, cada mes, con todo el sistema de atención (que incluye los policlínicos) y no han reportado problemas que impidan atender allí las dolencias que hasta aquí llegan.

¿Estarán los enfermos perdiendo la confianza en los médicos de esos policlínicos, vendrán porque les queda más cerca o porque aquí podrían resolver estudios más completos… o porque desde allá los remitieron? Bayron no sabe la causa e Invasor promete seguir los “síntomas”. Sin embargo, el hecho ha trascendido a tal punto que la semana pasada, mientras recorría la instalación, el propio vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Roberto Morales Ojeda, no mostró conformidad con la respuesta de que “no van a los policlínicos”. Entonces dijo: “hay que ver por qué no lo hacen, en qué parte falla nuestro sistema, porque hoy están comprometiendo el Servicio de Urgencias y afectan a quienes, de verdad, necesitan una atención urgente, y tienen que esperar para recibirla por la cantidad de personas aglomeradas”.

Para el director del hospital, el doctor Enrique Cossío González, quien antes había reconocido la necesidad de descongestionar esa área, la solución podría aliviar, en algo, a un centro asistencial “repleto”, que hoy presenta problemas estructurales, de personal y organizativos. Lo deja claro cuando afirma: “Nos faltan 229 enfermeras y, si lo indicado es una cada 10 camas, ahora estamos a una por cada 27 camas, como promedio. Tenemos serios problemas estructurales que tenían sin agua servicios como Terapia de Niños, Legrado, Parto y Cesárea… y que hoy persisten en otras salas de la institución. Si analizas que, en estos cuatro años, cinco directores han pasado por este hospital, te darás cuenta de que ha sido muy difícil organizar el sistema de trabajo y prestar un servicio de calidad en estas condiciones. Y si a eso le añades la cantidad de personas que vienen reclamando (y necesitando) atención… verás que el panorama es muy complejo.”

En su resumen, el Director presenta, apenas, algunas problemáticas que, directa o indirectamente, llegan, también, a Urgencias. Y para colmo, Alexander Hernández Rodríguez, al frente de las labores de Servicios Generales en esa área, añade que las sillas de ruedas se rompen con facilidad; que las personas se llevan de los baños hasta las lámparas; que las camillas no siempre son suficientes porque, a veces, los camilleros deben subir hasta las salas; que no todos los elevadores funcionan…

No habría que “auscultar” con muchas interrogantes a los pacientes para llegar a las mismas conclusiones cuando, incluso, sus directivos las reconocen. Uno se encuentra, por ejemplo, a Yanelys González Díaz confesando que llevaba “tres horas esperando al oftalmólogo”; para que luego de Invasor solicitar un poco de exactitud, aludiera a 40 minutos. Malhumorada estaba ella a las 8:40 pasado meridiano porque el médico no aparecía y su hija tenía “un ojo chusquito y creo que es conjuntivitis”. Más incómodo (y con más razón) estaba Carlos Delgado porque en el Laboratorio no estaba el técnico, había ido a tomar muestras de sangre a las salas y al bajar seguiría siendo uno solo para pinchar y analizar el resultado. “¿Y ahora con esta cantidad de gente esperando, quién define la prioridad?”, se preguntaba.

Enfermera y paciente en un salónCada mes, el TRIAJE demuestra que más de la mitad de los pacientes que acuden a Urgencias no necesitan de ese servicio.

Sentía él que no todas las urgencias eran tal ni que el tiempo transcurría igual para todos en una cola que desestimaba, precisamente, las urgencias e imponía el “orden de llegada”. Y como cada día llegan cientos y cientos al “Cuerpo de Guardia”, se hace difícil bajar la “fiebre”. Hasta ahora, allí solo tienen el termómetro.