Lunes, 21 de enero de 2019 9:15 AM

La Clementina, un sábado

La noticia se esparció más rápido que el polvo rojo de La Clementina; una tierra ideal para el plátano del que viven la mayoría de sus habitantes, pero no tan ideal para las sábanas, los pisos y las uñas. De que la guagua se parqueó en medio de la plaza y comenzaron a desmontarse extraños con guitarras, maracas, tumbadoras… diciéndole a la gente que se acercara…, a que la gente se acercó, no pasaron cinco minutos.

Cinco minutos después ya era un hecho que a La Clementina se le interrumpía la modorra que los ha habituado a no esperar escándalos ni sábados ni domingos (y ni pensar en un miércoles). Pero al principio, Cundo no parecía muy feliz con la idea, aunque su “malestar” fue disipándose a medida que los ¿clementinos? salían de sus casas, más por curiosidad, que por consciente interés.

“Es que si me hubieran avisado hubiera podido convocar a la gente y esto habría quedado mejor. Pa’ las pocas actividades que se dan, no es justo que la mayoría se la pierda. Además, esto no es cualquier actividad”, enfatiza Secundino Ruiz Hernández, a quien la confianza con la que se vive allí terminó nombrando Cundo.

CundoA Cundo se le escapan pocas realidades de La Clementina

Y Cundo hace más de 40 años que es maestro, y más de la mitad lleva siéndolo en la escuela de La Clementina. Ya ha dado clases a los hijos de los hijos; por eso sabe mucho de todos, y desde hace 15 años mantiene, no solo el respeto de sus alumnos de antes y ahora, sino el liderazgo de su gestión como delegado de una de las circunscripciones de La Clementina.

Lo mismo gestiona con la Pesca un poco de pescado para vender allí, que llama a sus amigos de Maisí para que den un concierto con el órgano oriental.

“Fíjate si aquel concierto atrajo público que ese mes el restaurante sobrecumplió el plan de recaudación”, dice Cundo para intentar describirme la rutina de una comunidad donde, según el registro de la bodega, solo 628 núcleos la integran, pero en “la vida muy real, viven más de 5 000 personas”, por las cuentas de Cundo.

Otras cuentas saca Iraida Peña García, la administradora del nombrado restaurante: “unos 262 000.00 pesos tenemos este mes de plan y se cumple sin problemas, fíjate si aquí se vende, la gente tiene dinero”, aclara.

Ese dinero viene, fundamentalmente, de la Empresa de Cultivos Varios La Cuba, de las cooperativas que la integran. Casi todos están vinculados de una forma u otra a los trabajos de la tierra; rentables, incluso ahora, “que no hay mucho que hacer y se riega un poquito o se deshoja y están cobrando 750.00 pesos”.

Lo dice Mayelín González Cedeño, madre de dos hijos en esas labores y testigo de las circunstancias fuera del surco. Fuera de él “siempre hay algo que raspar”, espeta ella sin rebuscamiento, y por raspar entiende, resolver, comprar, comer, vivir… “La cafetería siempre tiene pan con algo y refrescos, y sacan cosas, el termo se vacía y no demora mucho en volver y esto no es hoy porque vinieran ustedes”, asegura ante el rostro que duda.

“Sale y pregunta pa’ que veas que a cada rato viene un camión con galletas, dulces y cake, y que en la placita el maíz tierno está a 0.15 quilos o a 0.25, ahora no sé bien, pero es muy barato; igual con las viandas.”

Ofertas gastronómicasOfertas gastronómicas estables y variadas, aseguran en La Clementina

Invasor sale y lo confirma. Se entera, además, de los dos camiones particulares que salen cada día hasta la ciudad cabecera de Ciego de Ávila para reforzar el transporte y ahí Cundo hace un paréntesis. Quiere mandar a buscar los inspectores porque “están cobrando 10.00 pesos de ida y 10.00 de vuelta y eso está muy caro. Aquí hay gente que tiene que salir a menudo y no está fácil la vida”. ¿Los pagará el médico que va y viene todos los días?

Cundo no lo sabe, pero todos los días (menos los sábados porque debe estudiar) viene el médico. No falta y, aunque no se queda, explica el delegado, allí vive una enfermera que vino de Santiago de Cuba. En el otro consultorio de La Clementina, porque hay dos, sí se queda el doctor.

Aclara, de paso, que los camiones de los que hablaba refuerzan el transporte, que sí existe una guagua por el Estado, pero que a veces “se alza” y por eso hay que caerle arriba a los problemas.

Y, guajiro al fin (y delegado), retoma, otra vez, los problemas y las bondades de La Clementina, habla de cómo vive la gente allí, de los almuerzos de la escuelita, de lo que hizo una vez D' Morón Teatro…

“Pero si esto se coordina bien, hubiera quedado mejor y no hubieran ni quita'o la corriente”, lamenta Cundo, satisfecho al mismo tiempo, de que una “guagua de gente” los haya sorprendido un sábado.

inter clementina ninos A los pequeños, sin mucho que hacer a esa hora, les dio tiempo llegar… y ver

Niños caminando por la calleMuchos aseguran que La Clementina está mejor que Pesquería, una comunidad vecina

Madre e hijaEn La Clementina encontró la mayoría de sus habitantes la tierra que les da de comer. Llegaron y se quedaron


Comentarios  

# barbaro martinez 25-04-2018 14:10
poblados como estos ceballos,la cuba que han aportado grandes ganancias reciben muy poco para sus inverciones .
ahora existe el uno % para los municipios,vamos a ver cuando llega hacer REALIDAD en estos poblados para cambiarle la VIDA.
la CLEMENTINA es el sitio mas conocido de ciego en ORIENTE, en sitios sierra adentro me han contado varias veces,yo tengo un familira en que se fue para la CLEMENTINA.

brmh
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