Martes, 23 de octubre de 2018 6:45 AM

José Martí: Parto sin amnesia

Las contracciones en el vientre de la Isla dolían tanto como lo hacen los golpes fuertes de la vida, pero el sufrimiento era necesario: el bebé debía llegar.

Nació criollísimo y con dos cordones umbilicales. Uno lo unía a la madre y fue cortado apenas se escuchó el llanto del niño, el otro lo ligaba, directamente, a su país, mas, por mucho que lo intentaron no los pudieron separar.

Muchos hubieran dicho que su inteligencia fue prematura, porque aprendió desde temprano el idioma de los verdaderos cubanos, no solo para entenderse con los más pobres, porque contó, uno por uno, los interminables latigazos en la espalda del esclavo que vio morir en la finca Hanábana y por exponer sus ideas independentistas con solo 16 años en Abdala.

De él tenía que surgir la idea de viajar por la América y reunir el capital suficiente para iniciar la contienda necesaria, así como crear, junto a Carlos Baliño, el Partido unificador de hombres revolucionarios.

Tres balas frenaron la corta vida. El traje negro que vestía José Martí se volvió escarlata por la sangre que brotaba del cuello, el pecho y el muslo; tal como lo predijo, partió de este mundo de cara al Sol.

La víspera del centenario, y en su honor, unos locos cuerdos asaltaron la escalinata de la Universidad de La Habana y con las antorchas prendidas convirtieron en día la noche del 27 de enero. Los mismos que, montaña arriba y por encima de lo conocido, desandaron la cima de Cuba para honrar al responsable de la bendita locura.

Allá, en Santiago de Cuba, donde descansan los restos mortales del Héroe Nacional, también permanecen sus esencias guarecidas por la llama eterna, sobrevivientes de las fuertes lluvias y los temblores de tierra.

Parte de ese fuego se resguarda hasta la hora cero, cuando para recordar al Maestro, inicie la peregrinación del pueblo, antorcha en mano . Otra vez Ciego de Ávila palpitará, y no será un sismo la causa, sino la Isla retorciéndose por los dolores de parto, que, como madre al fin, después de 165 años no ha podido olvidar.


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