Domingo, 22 de abril de 2018 11:53 PM

José Aurelio Paz, al desnudo (+Videos,Post)

Cuando, hace unos días, a este hombre le otorgaron el Premio Nacional José Martí por la obra de toda la vida, aparentemente, exaltaron su periodismo, pero como el periodismo ha sido su vida, y viceversa, esta entrevista terminó siendo una “justificación” para hablar sin límites.

Hasta ahora todos sus perfiles han sido un fracaso y no parece que alguien lo consiga nunca. Lo más cerca que han estado de él fue cuando le dijeron “personaje macondiano” en el acta de un jurado —supongo que porque Macondo fue el “lugar de todas las cosas”— y tampoco lo atraparon, por ambiguos.

Acta de un jurado

Dice el acta del jurado: “Es un personaje macondiano, entre lo místico y lo sacrílego, este bendito cuentero que, desde una provincia, ha alcanzado con intensos años de relatoría deliciosa, la estatura de la cubanía periodística más sagaz e inquietante. Uno de los grandes cronistas del periodismo cubano, se mueve con soltura entre el humor, el sarcasmo y la más fina ternura. Un paradigma del juicio y la crítica. Un revitalizador del mejor periodismo costumbrista de este tiempo. Un verdadero patricio de las palabras y de la belleza al enlazarlas.”

En Google su nombre te remite a dos cuentas de Facebook con la misma imagen (y no descartas ninguna). Si intentas hacer sociología con interrogantes a su nombre, aquí o en Guantánamo, terminas dudando de la capacidad de nuestra lengua para inventarse adjetivos. Y no le pedirías que hiciera tu trabajo a quien tantas veces ha servido de imitación: se supone que leyéndolo, ya hubieses aprendido.

Convencida, entonces, de la vaguedad de cualquier presentación en su caso, vas y te sientas en su terraza, aprovechándote de una amistad que ahora, extralimitada, te da los beneficios mayores porque de antemano él sabía que irías a contarle su vida desde septiembre del '51 hasta el mañana que vendrá y no le importan las zonas que escojas, la edición que hagas o el verbo que preferirás. Pone cara de descuido, te dice “ponte cómoda” y durante las dos horas siguientes solo los inoportunos (más oportunos) nos apartarán, aparentemente, de la conversación.

El primero. “Lo invitamos el 31 de marzo a la conmemoración anual del nacimiento de Jesucristo”, se lee en el papel que el hombre deja sin entrar, poco antes de que el teléfono hiciera de grabadora y la religión se convirtiera en el rompehielos.

— ¿Te acuerdas del día en que te pregunté cómo podías creer en la vida después de la muerte?

— Sí, y recuerdo que te dije que yo necesitaba creer que había otra vida porque el final no podía ser dolor o muerte. No tengo manera de explicarlo, pero tengo esa fe, quizás porque soy cristiano. Aclaro que soy cristiano y no religioso, que es el que tiene dogmas, y yo soy enemigo de las prohibiciones.

Me consta, le digo mientras sonreímos, sin tener que recordarle las tantas veces que ha llevado el sacerdocio de la religión al periodismo, a esa fe en la verdad que lo ha apartado de lo maniqueo, de lugares comunes y cómodos, que muchas veces se instauraron como norma.

Un día, hubo uno de sus títulos que se juzgó con severidad. Por eso y por otras tantas cosas algunos lo “titularon” con “problemas políticos e ideológicos”. Casi 20 años después, aquel título fue salvado como ejemplo de lo que tendría que reflejar el periodismo de hoy. Pero entonces él no lo sabía, y ahora no lo analiza con rencores. El viraje no está en él.

 “Si yo fuera a vivir de los rencores… No, al final te enferman a ti. No estoy plagado de esas cosas.”

Y como se define bueno, él mismo carcajea cada vez que alguien se le para delante y le dice: “¡ay chico, tú no eres tan malo como yo pensaba!” Y se asombra del asombro, aunque sabe que no todos tendrían por qué saber que aquellas noches, cuando el espectáculo del teatro Principal era acertado y coherente, él se alegraba de no tener que “salir al otro día en el periódico, haciendo de malo”. Mientras más hincaba con su aguja de hilvanar palabras, más le dolían sus dedos sin dedal. Y ni cuando alguna vez se creyó injusto pudo creerse deshonesto, porque se equivocó de la mejor manera, “pensando que lo que decía era cierto”.

Y le ha pasado; no mucho, pero sí de manera escandalosa. Y la más grande sería, también, la más triste y el motivo de una de las crónicas que encabezará su segundo libro. Debe salir, le dicen, el año que viene. (El primero fue una compilación de entrevistas que hiciera su directora-defensora, Migdalia Utrera; la mujer al frente de Invasor, que lo menos que hizo por él fue juntar algunas entrevistas y mandarlas a imprenta en su ausencia).

Pues, su mayor equivocación recibió el título de Cadáver Público y narró la muerte de un hombre que, no solo falleció después de que José Aurelio le anunciara que al otro día saldría su entrevista (en la que metaforizaba que nunca moriría del corazón); sino que murió de un infarto y algunos creen todavía que fue él quien lo emocionó al borde la muerte y, sin querer, terminó matándolo.

Pero superpone los gratos recuerdos y narra el más reciente, el SOS que lanzara en su columna habitual, Marcapasos, y que devolvería una husky siberiana a una joven, para quien el cáncer llegó a ser casi el segundo de sus males, ante la pérdida de su perrita. El anuncio de José Aurelio la trajo de vuelta.

Por eso elude el verbo triunfar cuando le digo que con este premio José Martí…. “No, el periodismo no es un podio, es un camino. Y es la gente la que te dice si ‘triunfas’ o no. Ser la voz de las personas te sana por dentro.”

• Escuchen los consejos de José Aurelio Paz a quienes intentan seguirle los pasos

Sin embargo, hay quienes se lo han tomado tan en serio que un día, y lo cuenta estupefacto, se le paró delante un hombre diciéndole que coleccionaba todos sus trabajos, los recortaba, los guardaba, los ubicaba por fecha… llevaba más de 20 años en eso. “Me sorprendió aquello y le dije: usted tiene un archivo mejor que el mío.” Y lo dice ahora, orgulloso y sonriendo, porque lo que el hombre no sospecha es que el halago fue, al mismo tiempo, una confesión.

Jopa (como le dicen hace mucho o se acotó él algún día) en algunas franjas de su vida, es despistado y desordenado, al unísono. No tiene orden en su laptop, ni siquiera carpetas por años, y mucho menos los PDF de los trabajos que publicara cuando no podía descargar los HTML. Ni remotamente las páginas amarillas de hace 20, 25, 30 años atrás. Son miles de artículos que habría que ordenar desde los archivos de Invasor, el medio que lo empleó siendo él un colaborador que se puso a estudiar Filología, por encuentros, en Santa Clara, hasta que un día se hizo periodista sin título. Oficialmente nunca lo tuvo… ni le hizo falta.

Ni su madre pudo pronosticarle semejante futuro; ella menos que nadie, que se le murió cuando él tenía 14 y ya había suspendido dos grados, el quinto y el octavo. Y los dos, por culpa de las Matemáticas, que cargaron el sambenito.

Quizás por eso hay cuentas que no saca y las crónicas que escribió desde Nueva York, Alemania, parado sobre Machu Picchu o en Nicaragua fueron hechas desde su “pasaporte” cristiano. Hasta sus post de Facebook le descubren esa manía de contar, sin números.

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Posted by José Aurelio Paz Jiménez on Tuesday, October 10, 2017

Su ojo periodístico se lo ha permitido, aunque nunca haya viajado como periodista acreditado, a nada. “Una vez, por la UPEC, me dijeron que iba ir a Egipto, a la Cumbre del Hambre, pero no apareció dinero para el pasaje.” Lo dice sin dolores, sonriendo por la aliteración que he notado y consciente de un fatalismo (geográfico) que jamás le ha servido de excusa para no hacer o decir.

Por el contrario, Jopa ha encontrado motivos extras. Puede “cronicar” si se le derrama el vaso de café en el teclado, si la jicotea de la terraza se le mete en el cuarto o si pasa por la wifi y escucha lo que “no debe”. Y, por supuesto, si algún burócrata se le atraviesa.

Confiesa, no obstante, que son los apremios quienes más le obligan a inspirarse a sus 66 años y hacen (o no) que baje su musa. “Uno tiene una curva ascendente, esa adolescencia del periodismo que es fabulosa, en la que yo no me perdía nada, escribía de todo,  pero eso va menguando, te vas volviendo más reflexivo, quizás por las trabas o por la edad. Y también creo mucho en la inspiración, la historia tiene que complacerme a mí primero.”

• Escuche la lectura que hace de una de las crónicas “inoportunas” que saldrá en abril, en su sección Marcapasos

—¿Y no será que, jubilado en papeles, te has acomodado con la sección, cada 15 días, en el periódico? Que creas que el Premio por la obra de toda la vida es pasado y no entraña cierto “compromiso” con el futuro.

— Este premio no va a cambiar mi vida. Yo respeto los que llegan a la jubilación con avidez por decir cosas, pero yo tengo calma. Soy mucho más selectivo y no pienso variar mi rutina”, responde en Paz, que viene a ser el apellido que honra con su conciencia.

Esa rutina comienza sobre la 6:00 de la mañana —en una terraza de rejas donde el sonido de más de 10 sonajeros llega a ser impertinente si hay un poco de viento— y acaba, no tan tarde en la noche, con un Alprazolam en la boca. Lleva tiempo levantándose y acostándose así. Según las prescripciones médicas ese fármaco disminuye la excitación anormal del cerebro y entiendo a Jopa cuando lo reduce a “lo mejor para poder dormir”.

Al levantarse, sale a la terraza y, aunque no haya viento se pone un abrigo, por la frialdad. Se sienta en una silla que no le hace juego a una mesita redonda, sobre la que arma y desarma todos los días su conexión a Internet y su laptop. Detrás le queda una lavadora que por muy automática que sea no deja de desentonar en un lugar donde, supuse, habría un estudio o un espacio más comúnmente pensado para ponerse a mirar el mundo, balbucear algo y escribir por placer.

José Aurelio PazEn algún momento, dice Jopa, él acomodará mejor su puesto de trabajo

Ya el cucharón que hace de jabonera en su baño anticipaba que, en su casa (como en su vida) lo predeterminado sería, ante todo, un concepto proscrito y la dosis que se impuso a sí mismo terminó extrapolándola a la realidad que describe.

Un descorchador decora porque ya no puede ser útil de otra forma y una matrioska adorna una mesita, pero acaba de ocurrírsele que ahí pudieran estar las cenizas de alguien. Lo mismo hace cuando escribe.

Ha llegado al punto de reconocer que algunas veces se excedió. “Puede ser”, sonríe con cierta intriga que ahora no revela a fondo y resume en esa manera de “recuperar el humor y el sarcasmo, pues no decimos ni malas palabras. Somos tan pacatos en la prensa y dicharacheros en la vida real, que muchas veces no somos ni creíbles. Yo me proponía hurgar, sacarlo todo… mostrar la desnudez del ser humano, decir que le aprietan los zapatos o le duele el estómago, y haciendo eso, a veces, se hiere”.

Cuando en 2009 le otorgaron el Premio Nacional José Antonio Fernández de Castro, por la obra de toda la vida, en el periodismo cultural, más de uno de los tantos artistas que quedaron atrapados en su verbo, tiene que haberse acordado de él.

Pero a él los premios le recuerdan otras cosas. Si, por ejemplo, no borra el momento en que disfrutaba cuando le otorgaron una mención por la obra del año 1995 fue por lo que dijo su hijo: “La primera vez que le oí decir que él era nicaragüense.”

El Nica, como le llaman todos, es José Armando, el niño que adoptó con dos años y trajo desde Nicaragua. El niño que se le hizo hombre a su lado sin querer jamás ir a su tierra de origen. De Nica, solo le quedó el nombre.

Desde hace años viven solos él y el Nica; y hace algún tiempo solo los separa una pared. Parte de la rutina que le queda entre el levantarse y el acostarse tiene que ver con él, padre al fin. Se me antoja que ahí pudiera estar la única contradicción de su vida.

— ¿Un hombre tan público, extrovertido y sociable, sin una mujer o un hombre que comparta su dicha?

— La soledad en un principio es sumamente difícil de amaestrar, o de que ella te domine a ti porque al final no sabes quién vence. Pero después que la asumes como forma de vida, llegas a disfrutarla tanto que te molestan hasta las hormigas. Quizás esa actitud sea la contradicción en mi vida; la búsqueda de un equilibrio que va desde el exceso de visibilidad que tengo como figura pública hasta el del hombre solitario en casa.”

Y vuelve, sin querer, al periodismo cuando habla de equilibrio. Porque algunos creyeron que casi nunca conseguía esa porción tácita que, consideran, deben tener las historias donde ni todo es malo malo ni, tampoco, bueno bueno. Mientras, otros creyeron que era una cuota que se dosificaba por renglones o temas.

Y estuvieron los que le respetaron hasta sus comas, por creerlas convincentes e importó menos lo que tenía que equilibrarse. Migdalia Utrera fue una de esas mujeres y él vuelve a mencionarla, quizás porque piensa con firmeza que su premio en vida es el post-mortem de ella.

“Le debo a ella, en primer lugar, pero, también, a tanta gente, hasta las correctoras, lo he dicho siempre, son las maquilladoras, te salvan.” Y lo ilustra con aquella anécdota que ya se le ha vuelto legendaria: “descubrieron mi daltonismo cuando vieron que escribí 'carné gris del Partido'; aquello no era una crítica (por supuesto), confundí el rojo con el gris y me salvaron de cometer un error enorme”.

Mucho antes de esa señal ya había pintado de violeta las franjas azules de la Bandera y comenzó a preocuparse por un daltonismo que hoy le importa menos que el + 3.75 que llevan sus espejuelos. “Y estos están mal, tengo que graduarme la vista, otra vez”, aclara con desdén.

¡Qué paradoja!, pienso, sin recalcarle el soliloquio que debe haber ensayado alguna vez. Aun con dificultades para “ver bien” o distinguir los colores, ha dibujado como nadie en esta provincia (y un poco más allá) la vida que le acontece. Compone música, toca guitarra y no sabe dar una vuelta de casino sin perder el paso. Es blanquísimo y tiene un hermano casi negro, porque su padre engañó a su madre con una criada negra, que le servía más que la comida.

Pienso, incluso, en la única vez en que fuimos a trabajar juntos. Íbamos al cementerio a ver las tumbas maltrechas, el escarnio de los muertos (para ese tipo de imágenes me preparaba) cuando paró la bebeta que maneja y llega a envalentonarse más que él y me soltó: “ya tengo la imagen”. Hasta que no miré el ángulo de su cámara y vi el grafiti del muro, no entendí. Decía: “Claudia, te amo.”

A su manera, justifico entonces el evitarme la entrevista presumible que hablaría de su grandeza en la medida en que cito la larga lista de premios y referentes en su obra y publicaciones…Y él asiente feliz. Obvio, en su casa no guarda ni una medalla. “Todo eso está en el museo, allí llevan tiempo haciendo un expediente.”

No eludo, eso no, su promesa de cierre. La confesión que nos había prometido después de confirmarle a Invasor que otros periodistas le habían “dado alante” en el horario de las entrevistas que le llueven, ahora que es noticia. “Tú deja algo pa' nosotros”, le pedí en confianza. Claro mija, si te tengo una cosa reservada, que no he dicho, aseguró aquella mañana.

¿Y entonces, la confesión?, le inquiero antes de agotar la batería del teléfono.

— Por mi madre te juro que no recuerdo lo que iba a decirte. Pero si me acuerdo te llamo.

Una semana después, decidí no esperar más.

Jose AurelioCon el machete en la mano, de casta le viene la “pelea”. “Era de mi abuelo, dicen que fue mambí, no sé si es verdad, pero aquí lo tengo.”

Jose Aurelio PazEn esta terraza Jopa puede regalarte la idea para un reportaje y confesarte, de paso, que le cansa hacerlos. “Prefiero la crónica.”

Jose AurelioNadie debe imaginarlo escribiendo allí, pero él se salva: “ La musa no entiende de esas cosas”

casa de JopaLa prueba que destierra lo común que le habita: su jabonera, su cucharón


Comentarios  

# barbaro martinez 17-03-2018 12:04
mucha ''INTELIGENCIA'' hay que tener para estar todo el tiempo sobre una cuerda en el vacio y fuertes rafagas y no caer.
perduran los ARTISTAS.
muchas gracias jose, y en hora buena

brmh

brmh
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# oslaida 17-03-2018 12:11
es un ser especial, a el le agradesco mi amor por la lectura. fue mi instructor de taller literario del que fuy integrante con solo 8 años, desde entonces mi amigo, y el abuelo de mi niño, no por el vinculo sanguinio, es asi como mi niño de 20 años le dice. soy su fans y el lo sabe, leo cada articulo de el aunque no mire nada mas del periodico, no los coleciono, los llevo en mi corazon. felicidades JOPA.
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# senelio ceballos 18-03-2018 01:50
Saludos SENNORON!!! has llegado a la cima del turquino socio!!!..Felicidades vuestro lector y seguidor permanente...Desde la lejana Rusia....
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# Rancés 18-03-2018 08:15
Katia, me quito el sombrero. Has logrado un desnudo renacentista de un hombre que dignifica el periodismo cubano. Ojo de águila el tuyo para fijarte hasta en los más mínimos detalles del entorno del entrevistado. Lenguaje lleno de ternuras. Felicidades
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# edmundo 18-03-2018 11:37
Grande JOPA, felicitaciones
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# Juan Morales Agüero 18-03-2018 20:23
Katia. joya de entrevista, digna del entrevistado y de la entrevistadora. Siempre te recuerdo. Un abrazo.
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# Neilán Vera 18-03-2018 21:40
Excelente entrevista, Katia. Jopa es uno de esos periodistas que tendremos que saber replicar para darle a Cuba la prensa que merece.
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# Daima Cardoso Valdés 20-03-2018 11:27
Un texto de esos que muchos quisiéramos poder escribir. Un periodista que desde mi casa, amamos mi madre- de nombre Aurelia- y yo, y sin conocerlo personalmente. Eso hace grande a los hombres. Disfruté su Premio a plenitud. también la entrevista cronicada. Gracias Katia. Gracias José Aurelio.
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# Marita 21-03-2018 08:09
José Aurelio: una pregunta. ¿Por qué el marcapasos ahora sale cada quince dias? Muchas personas de mi cirulo de amigos y yo lo primero que leemos del Invasor es tu seccion por lo refrescante simpatica y reflexiva que es. ¿Es que te cansaste? Dios bendiga esa bendita imaginacion que tienes capaz de mesclar buen periodismo y buen hacer literario. ¡Muchas felicidades! ¡Te necesitamos para respirar entre tanta pobre noticia! katia es tu mejor discipula lo demuestra con esta magnifica entrevista viniendo a demostrar lo que ya sabemos: que el relevo esta garantizado dentro del periodismo cubano. Un abrazo desde la lejania
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# Noel Montes de Oca 22-03-2018 22:44
Felicidades JOPA. Grande del Periodismo Cubano!!!!
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