Miércoles, 12 de diciembre de 2018 5:07 PM

Impagable deuda

Hay fechas que inevitablemente te hacen sentir que el tiempo no transcurre en vano. Fechas como la de este 22 de diciembre, en el que la nostalgia por los tiempos de estudiante, con costumbre de crecerse cuando recién te gradúas, no puede evitar hacer de las suyas.

Profesora impartiendo una clase de danzaAlejandro García Entonces recuerdo que ya no soy más aquella niña que años atrás, en el mismo día, volvía loca a su mamá porque cualquier regalo para la maestra le parecía poco. Solo hasta ahora comprendo que el verdadero presente estaba allí, detrás del orgullo oculto en quien me escuchaba hablar de ser periodista y esperaba algún día ver mi nombre en el periódico para contarle a todos de los logros de su alumna.

Pienso en citar un nombre, pero me doy cuenta que sería tremendamente egoísta de mi parte, pues en el crédito de esta crónica va la obra de muchos nombres.

Nada me costaría mencionar a la responsable de que, en determinado momento, volviera locos a todos en la familia con mi afán de leer cuanto letrero apareciera en el camino. Mas qué pasaría con la que en la adolescencia le explicó a papá y a mamá la necesidad de comprender. O la que festejó por igual mi ingreso a la universidad, aunque prefiriera las letras por encima de sus matemáticas. Y cómo olvidar al que sonaba igual en la radio que en el aula cuando hablaba de atrevimiento como requisito indispensable para un buen periodismo.

Profesora impartiendo una clase de pianoAlejandro García

Al pasar revista noto que detrás de cada uno de mis profesores había una historia para contar. Descubro así que los tuve de todo tipo: tan jóvenes que apenas me llevaban dos años, otros a los que poco les importó la edad para seguir en las aulas y hasta quienes eligieron permanecer mientras los demás decidían marcharse.

Por eso hoy prefiero no mencionar nombres propios porque esta es también la historia de muchos que a diferencia de mí, no escriben en un periódico, pero sí salvan vidas, diseñan majestuosas obras y llevan la ciencia al campo; y todo gracias a que a alguien, por suerte, se le ocurrió ser maestro.

Profesora entre sus alumnosAlejandro García


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