Enseñar es tener un aula a cielo abierto (+Video)

“Dos madres tienen los hombres: la Naturaleza y las circunstancias”.
José Martí

La vocación de enseñar es algo que nace, y al que no se llega de casualidad, asegura Felipe Díaz Hernández, director del centro docente Frank País García en Morón

Recuerda el año en que se graduó de maestro primario en Camagüey, en opción del bachillerato, en 1974, y luego realizó la licenciatura en 1985. Estas fechas dan mucho que decir, acumula en sus espaldas 43 años de experiencia en las diferentes enseñanzas.

Felipe DíazYuliet Teresa VP —Al magisterio no llegué de casualidad, seguí el ejemplo de mis hermanas alfabetizadoras, en la aureola de los maestros makárenkos, en honor al destacado pedagogo ruso de origen ucraniano, Antón Semiónovich Makárenko, quien escribió numerosas obras, entre las que destaca El Poema pedagógico.

Díaz Hernández, suele caminar por los pasillos del centro docente que dirige y, emocionado, recuerda por estas fechas de fin de curso, que han sido muchos años de entrega a la profesión. Siente cada vez que se para en la plaza principal, donde se reúnen los educandos, una inmensa aula a cielo abierto. Asienta ser fidelista, y lo seguirá siendo.

—¿Cómo fueron tus primeros años en las aulas?

— En tantos años existen cientos de momentos que marcan tu comienzo, puedo hablar de mi primera clase en la enseñanza técnica, en que mis alumnos en el primer momento no me reconocían como su profesor, porque era menor en edad que la mayoría de ellos. Eso supuso un reto diario, tuve que ganarme su respeto en cada clase, con cada palabra, y sobre todo en ese proceso de la formación y el conocimiento.

—Fuiste uno de los jóvenes que cumplió misión internacionalista en África. Cuéntanos algunas de las experiencias vividas.

—Uno de mis alumnos primarios me solicitó permiso para visitar a su familia, aprovechando una caravana que pasaba cerca de donde vivía, dije que sí, y empezaron a pasar los días y el muchacho no regresaba. El director de aquella escuela me miraba en cada matutino, al percibir su ausencia, reclamándome que si no aparecía, sería mi responsabilidad completamente. Pasé al menos tres días muy nervioso y preocupado. A la tercera mañana, aquel muchacho que había robado mi sueño, se encontraba parado en el mismo frente de la escuela. Recuerdo haber corrido hacia él, y abrazarlo, al punto de llorar muchísimo.

Había sentido que el alma me regresaba al cuerpo…

Comenta a esta redactora que hace solo un curso dirige esta escuela, pero que su recorrido por la Enseñanza Técnico Profesional se remonta al Instituto Politécnico Donatilo Iselín Arencibia Buchillón, en el poblado de Enrique Varona, en Chambas.

—Hoy el recuerdo de la primera vez que fui llamado maestro late con fuerza, mucho más en la despedida de este curso escolar 2017-2018.

• Desafío de la Enseñanza Técnico Profesional en Cuba

No solo se siente alegría al comenzar septiembre, sino al despedir en junio a quienes durante muchos meses mantiene en constante vigilia a los educadores de esta escuela. Insiste Felipe en seguir el próximo curso, tal como lo hizo por primera vez, ahora, con más energía.

Teniendo en cuenta que todos los ciudadanos de un modo u otro pasan por las “manos formadoras” del maestro, al margen de cometer chovinismos profesionales, más temprano que tarde, por lo que puede comprometer el futuro, el maestro debe seguir en el lugar que le corresponde en la sociedad, atendiendo a las premonitorias palabras de Luz Caballero: “Tendremos el magisterio y Cuba será nuestra”.