Lunes, 21 de enero de 2019 12:55 PM

En Chambas: luna de miel post ciclónica

Desde que decidieron unir sus destinos, se han amado con una intensidad capaz de rebasar barreras tan difíciles como la falta de visión.

Ella, Isela Pérez Suárez, solo ve con su corazón, quien le permitió encontrar en él, Yosdany del Río Portal, al hombre que la acompañaría, desde el 2002 hasta la fecha, en las buenas y en las malas.

Residen en Chambas, en el extremo oeste del poblado, donde decidieron echar raíces, a pesar del infortunio jugado por la Naturaleza en septiembre de 2017, cuando su precaria casa quedó al borde de la destrucción.

La vida se les hacía más difícil y optaron por un subsidio. Justo ahí empezaba otro periodo complicado. El hombre también está afectado por baja visión profunda y, en esas condiciones, el apoyo del entorno decide.

Claro, cuando hay familiares como Liú Oria Solís, primo de Yosdany, varios vecinos y amigos, el respaldo de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI) en el municipio, junto a las autoridades locales, entonces la obra avanza.

Paso a paso, la nueva casita tomó forma. No se trata de una mansión, sino de un pequeño espacio levantado con materiales resistentes, ventilado con el frescor del campo cercano y decorado con sencillez y elegancia.

Allí acudieron sus amigos de la ANCI, encabezados por la responsable de la organización en ese terruño, Ninfa Rosa Casanova Pérez, quien destacó el apoyo gubernamental a las personas con discapacidades y, a la vez, las posibilidades concedidas a este segmento poblacional para servir a sus semejantes.

De hecho, Isela vive el orgullo de ser útil y lo demuestra, con su pareja, enseñándole habilidades al niño Juan Daniel Milián Rodríguez, de 14 años.
Como ella, el adolescente tampoco puede ver, pero tiene en Isela y Yosdany a sus rehabilitadores, o sea, los encargados de adiestrarlo en actividades que tributan desarrollo personal: orientarse por los sonidos, evadir obstáculos, vestirse, cocinar, ganar en independencia.

La normalidad retorna al matrimonio con el nuevo hogar, el quehacer vinculado a la organización que los representa y la seguridad de que, en un mal momento, no fueron abandonados, razones que invitan, 16 años después de su unión, a reforzar el amor mutuo con nuevas lunas de miel.


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