Miércoles, 19 de septiembre de 2018 10:49 AM

Eleno Romero, el “sucesor” de Benito

Vuelve el poblado de Vicente a estar rodeado por la mística presencia de un hombre que rebasa la cuarta edad —como ya comienzan a calificarla los especialistas en salud—. Esta demarcación, nueve kilómetros al Este de la ciudad de Ciego de Ávila, había sido noticia cotidiana hasta 2006, cuando dejó de existir allí, hasta ese entonces, el más longevo de los cubanos.

Lo trascendente parte ahora de un mortal en cuyo carné de identidad aparece como fecha de nacimiento el 18 de agosto, ¡nada menos que de 1915! Aunque él (totalmente lúcido) y los hijos aseguran que sus padres, a causa de lo apartado del lugar en el municipio de Baracoa, lo habían inscrito tres años después de la fecha real, práctica común en las zonas rurales de la época.

Con Eleno Romero Ramírez se puede conversar todavía. Lo hicimos por largo rato en su casa ubicada al Sur del pueblo o en el barrio de los Orientales, como lo reconoce el vecindario. Y aunque nuestra visita resultó un tanto imprevista, su hija María Elena lo solicitó y, enseguida apareció su figura comunicativa, sobre lo delgada, pero fibrosa, y con cierta dificultad al andar, delatada por una bota de tela de color verde, sobre el zapato derecho.

Ocupó su “trono” en el sillón instalado en el portal de la casa, con pose de patriarca de la comarca, e intentó romper el hielo: “Nací en un lugar llamado Yacao Arriba, en Oriente (ahora provincia de Guantánamo), y soy ahijado de María Pérez y Pedro Cobas. Pa’, los que creen que se me pueden olvidar las cosas.”

— Vayamos primero, a lo visible. ¿Qué le sucede en el pie?

— Eso se me presentó hace dos meses. Un problema con la circulación, una trombosis, que me afectó dos dedos.
Al tiempo que la hija María Elena comenta que él fue, siempre, una persona saludable; sobre todo hasta los 90 años, cuando le hallaron un tumor en la próstata y después, a los 95, en que debutó con hipertensión arterial. Aunque ha llevado siempre su plan de medicamentos y hace una vida normal.

Y cuando le inquirimos por el estado de la vista (resulta visible alguna dificultad al orientar la mirada), Eleno asegura que nunca ha usado espejuelos: “No me hacen falta”.

Dirigimos, entonces, la conversación a hurgar en posibles razones que le hayan permitido tan larga existencia.

— Háblenos de la familia y del cambio de Baracoa a la provincia de Ciego de Ávila.

— Bueno, yo soy el mayor de seis hermanos. Por aquí (en la zona) vive Silvina, la más chiquita y, en Oriente, quedaba Tomasa (ya falleció). De nosotros el otro que más duró fue Luis, que llegó a 90. Me mudé para aquí, hace 30 años. Vine a trabajar en el campo, por donde me jubilé.

Según indagamos, Eleno reside con su nieto Juan, pero desde las casas próximas lo acompañan los hijos Idilio, Melanio, Juan y María Elena.
“Me casé tres veces, continúa el diálogo. Con la primera mujer tuve cuatro hijos y, con la tercera (que falleció en 2015), seis más. Y los 10 andan por 31 nietos y, de ahí…, la familia es larga”, precisiones que le van resultando complicadas, y que, según la hija presente, la descendencia llega ya hasta dos chornos, es decir nietos de sus nietos.

Se anima el longevo al hablar de su vida laboral y sentimental, hasta recita algunas décimas dedicadas a la belleza femenina.
Mientras, apunta que aunque trabajó la mayor parte del tiempo en el campo —de donde sacaba frutos para llevarles a los Rebeldes (Ejército) en el monte— a inicios del triunfo de la Revolución lo ubicaron como matarife de ganado vacuno y, también, fue cocinero.

— Entonces, ¿tiene predilección por las comidas “sanas”?, le comentamos medio en bromas.

— Nada, lo que más he comido es arroz, frijoles y carne de cerdo (que por el contenido de grasa no le es bueno para sus padecimientos). Y hasta de vez en cuando me tomo mi trago de ron. Ayer mismo me dí tres o cuatro en una fiestecita. Claro, primero dejé de tomar las pastillas”, se descubre.

Entonces tratamos de indagar en otras posibles razones de su longevidad, pues aquellas, entre las que incluye la de fumarse un tabaco de vez en cuando, van un tanto contra las prescripciones médicas, y en él son apreciables las condiciones físicas e indiscutible lucidez; estados que pocas veces se combinan en un ser humano de esa edad.

Aseguran los familiares que él ha llevado una existencia con ciertos hábitos. Se levanta temprano y desayuna, merienda por la mañana y por la tarde, además de almorzar y comer temprano. De modo que, ahora que tiene menos movilidad, esté sentado frente al televisor para ver algo de deportes y, principalmente, el espacio de la Mesa Redonda. “A las nueve y media (de la noche) me voy a la cama”, acota el anciano.

Lo otro que pudiera influir, señala María Elena, es que él nunca ha tenido problema con la justicia, jamás se ha visto envuelto en asuntos relacionados con las leyes. Y también es propio un ritual que realiza los sábados.

“Siempre enciendo una vela, confiesa el entrevistado, y le pido a la Virgen (de la Caridad) y a Santa Bárbara, que protejan a los míos; y por la tranquilidad y la paz de todo el mundo.”

Condiciones físicas y modo de vida que han hecho de Eleno Romero Ramírez un centenario con cualidades muy particulares, pues resulta totalmente válido, al punto de que asume su aseo personal y alimentación, además de contribuir con algunas de las labores domésticas.

Lo cual lo convierte, precisamente en la zona del poblado de Vicente, en sucesor de Benito Martínez Abogán, quien vivió allí hasta el 10 de octubre de 2016 y completó la edad de 126 años.


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