Miércoles, 19 de septiembre de 2018 11:17 AM

El recuerdo se lee en sus ojos (+Video)

La tristeza y el recuerdo se puede leer en sus ojos. Mientras escribe correos a sus amigos, observo; un suspiro se le escapa y pregunto. Él responde con el silbo apacible: “Tú no sabes cómo extraño las fiestas y la algarabía que hay en Rusia por estos días. Todos con mucho entusiasmo, desde las plazas y hasta los hogares, comparten jubilosos la derrota del fascismo, la celebración de la Gran Guerra Patria.

El desfile, es un acto más que personal, es por ello que del estadio Dinamo, en el norte de Moscú, hasta descender por la calle Tverskaya que desemboca en la Plaza Roja, llegan los ciudadanos y extranjeros que en el país se encuentren.

“Puede que en Ciego de Ávila existan aun, muchos de aquellos jóvenes que estudiaron en la antigua Unión Soviética, ellos puedan dar fe de lo que digo".

Cuenta que durante sus años de estudio en la Universidad Dmitri Mendeleev de Moscú, en la carrera en Química y procesos industriales, conoció a muchos rusos y a algunos ingleses. Cada vez que la fecha se acercaba, días previos, la fiesta era enorme.

— ¿Qué es lo que más recuerdas de ese tiempo?

—Bueno, el vodka, el vodka siempre se recuerda. Y puede que se me entienda mal, pero así como los argentinos disfrutan del mate, el ruso lo hace con esta rica bebida. Es también motivo para compartir, si un ruso toma vodka, los demás también. Recuerdo una anécdota muy interesante. Un día en el edificio, uno de nuestros amigos se quedó dormido el día del desfile (cosa rara), -dice él-, y los demás compañeros, lo levantaron con un chorro de vodka muy grande. Nos reímos mucho, más que por el chorro, por el sobresalto de aquel que dormía, y el grito dado: ¡La marcha, no se nos puede ir la marcha!

Rigoberto González Díaz, es un hombre alto, delgado, con ojos muy negros, escribe correos a sus compañeros de aula, de beca. Mantiene la vista en la pantalla y se gira para decirme que nadie se imagina lo trascendental que es para la comunidad rusa esta fecha. Sigue escribiendo.

No me dejes así! –dije yo-, ¡cuéntame más!

—La abuelita de otro de nuestros compañeros, en una noche de reunión familiar, como se suele hacer allá durante esta fecha, nos contaba de las experiencias de su juventud. Siempre con historias, de la II Guerra Mundial, su esposo y ella tenían que amarrarse sogas y cables para no caerse en caso de quedarse dormidos mientras trabajaban, en minas primeramente; luego, de manera muy rápida, estucieron vincualados en la armamentística. Decía que allí trabajaban más de 12 horas voluntarias con el fin de apoyar al gobierno en favor de la destrucción del fascismo. Contaba sobre las largas caminatas, o los mítines del proletariado en pro del derecho internacional y la paz. Nunca pregunté el motivo por el cual le faltaba un brazo, nunca se hablaba del tema, parecía un tanto punzante. Solo sé que estuvo asociado a la pérdida de su esposo, por ello suponía un profundo dolor.

Mi amigo sigue escribiendo, esta vez un poco más cabizbajo, parece haber removido demasiados recuerdos. De momento me enseña una de las botellas de vodka que trajo de la antigua Unión Soviética, me dice que el último trago se lo tomó hace como 10 años cuando vivía en Camagüey, nunca tuvo valor de deshacerse del recipiente. Tal vez porque en ello, hay un tanto de recuerdo.

Transcurre alrededor de una hora, él ya no se siente entrevistado, y dice: ¿Tú sabes cuál es el color preferido de la mayoría de los rusos? Yo que estaba un poco desprevenida respondo con una negativa.

— ¡El rojo! Y en los desfile casi todos se ponen ropas o gorras, puede que lleven pañuelos con este color. Dicen ellos que es una manera más de honrar la victoria ganada, de recordar también a sus mártires.

Me extiende un papel pequeño con una nota, День Победы, Den' Pobédy. —¿Me estás escribiendo en ruso?— le dije.

—Esto es para que nunca se te olvide, y aprendas a decir Día de la Victoria, así es como se escribe.

— ¿Te sientes realizado con lo que haces ahora?

—Después de los años ‘90, estuve trabajando en una fábrica como especialista en productos plásticos, luego, por cosas de la vida, me mudé para esta provincia, donde vivo hace más de 20 años. Me inserto en el turismo por mi habilidad con el idioma ruso, y trabajo como guía turística para mis hermanos, porque, al final de todo, Rusia es mi otra patria.

Entre palabras y respuestas cortas, sigue escribiendo, ahora más animado. Preparé un café y le dije que también lo celebraríamos, no con vodka, pero sí con el deseo de conocer más historias. Allí estuvimos dos horas más. Ahora soy yo la que siente ansiedad por estar en esa gran marcha multitudinaria, mientras me quedo atenta escuchando otras historias.


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