El control saca las viandas

inter mercadoNohema DíazOfertas agrícolas que Irma dejó

Aunque algunas tarimas lucen ya semiabastecidas y al tope de sus precios, con la contracción en las ofertas agrícolas que Irma dejó, más de uno quiso hacernos creer que las malangas no databan de 10 meses atrás, sino que habían sido sembradas y logradas en medio de la turbulencia, y 14.00 pesos por libra era más el precio de la sobrevivencia que el de los costos y las ganancias prudentes.

Entonces, el Consejo de Defensa Provincial frenó las ráfagas de la especulación, topando los precios, y tras varios intentos anteriores (sin resultado visible) —que recayeron hasta en la Resolución 157 del Ministerio de Finanzas y Precios, de 2016— todo indica que esta vez sí se ha hecho cumplir lo establecido, al menos, de manera sistemática, ya no absoluta.

El propio Evaristo González Camacho, al frente de la Dirección Provincial de Supervisión Integral, lo reconoce. Asegura que las 1 183 inspecciones, las más de 160 multas, por un valor de 96 750.00 pesos, y unos 20 decomisos han logrado influir en el respeto a lo legalizado, pero siempre quedan quienes lo violen. “Esta semana, por ejemplo, retiramos siete patentes.”

Este jueves el periódico Invasor salía a “comprar malanga” y en el punto de la Cooperativa de Crédito y Servicios Mártires del 9 de Abril, en la calle José María Agramonte, entre Chicho Valdés y Joaquín de Agüero, se la encontraba a 10.00 pesos, 4.00 por encima.

Sin embargo, hoy son menos los que burlan la Ley y propinan menos viandazos al bolsillo. Recorridos al mercado de Ortiz y El Hueco, en la ciudad cabecera, así lo corroboraron. En el de Ortiz, incluso, su administrador, Alberto Rodríguez, anda con una libreta realizando entrevistas a los clientes para comprobar si el precio que dice en la tablilla es el que exige el dependiente. “Gracias a eso pude sancionar a dos y ya tienen sus puestos cerrados por cometer violaciones en los precios”, afirma.

Desde El Hueco, Leonard Viamonte Gámez, un tarimero al que le fuera cerrado el punto de venta de su casa por vender ajíes a sobreprecio o en potes, afirma que él mantiene sus ofertas en precio, pero que el desabastecimiento —justifica— se debe al control que se ha instaurado aquí.

“En Jatibonico y Florida los precios están altos y los guajiros de aquí van pa’ allá o los que vienen de Oriente y La Habana se quedan en las fronteras. No todos nos venden a nosotros. Yo estoy cogiendo el quintal de yuca a 100.00 pa’ ganarle 20.00 pesos, y lo mismo le gano al de boniato que cojo a 150.00. Se gana alguito, aunque no es igual que antes”, concluye.

Sus cuentas nos hacen suponer que la pujanza ha “convencido” a muchos de que es mejor ganar poco, que no ganar o ganar con el riesgo de perderlo todo. No obstante, allí donde no ha sido convincente el cálculo el Gobierno ha sido enfático: “o abres el punto o te retiramos la patente”, declara Evaristo, al tiempo que señala que, salvo 16 puntos de venta en Chambas y 15 en Majagua, en el resto de la provincia todos permanecen abiertos, aun con ofertas deprimidas.