Viernes, 14 de diciembre de 2018 9:32 AM

Cuba: Tejer el camino con las mismas hebras

Desde aquel 1ro de diciembre de 2016 ese es un itinerario de la reafirmación y el júbilo en enero, y uno de la introspección en noviembre

Un país sin caminos no es un país. En todo caso sería, apenas, un poco de tierra, un accidente geográfico construido a pedazos, sin costuras. Los caminos son las puntadas con las que se cosen las sorpresas, las alegrías y las tristezas, los sueños y los proyectos, el pasado y, también, el futuro de una nación. Claro que hablamos de rutas reales; pero apuntamos a las simbólicas.

Por el mismo camino que un día vio llegaran victoriosos Fidel y sus compañeros de lucha —hermosos jóvenes rebeldes con barbas copiosas, uniformes a los que el sudor devolvía, a ratos, el color original y sonrisas amplias y abrazos y besos—, lo vimos partir hace hoy, exactamente, dos años.

La caravana hilvanó la Isla de una punta a la otra con una hebra marcial y pesarosa, mientras se humedecía el polvo de todos los pueblos con el llanto de toda la gente. En un pequeño cofre de madera preciosa, arropado en rosas blancas, volvía el corazón de la Revolución al lugar donde había nacido, al tiempo que otros cientos, miles, millones, latían más deprisa, como devolviéndole el palpitar. Desde entonces, ese es un itinerario de la reafirmación y el júbilo en enero, y uno de la introspección en noviembre.

Y ha coincido este penúltimo mes del año con un trayecto similar para los miles de médicos cubanos que compartieron más que la medicina sanadora del cuerpo en las intrincadas veredas de la selva brasileña o en las anchurosas avenidas cariocas. Van regresando a la Patria, con el deber cumplido y la moral intacta, a suturar con amor las heridas reales y simbólicas de su país. Asimismo, hacen el recorrido en caravana, aunque las lágrimas al final del viaje sean de emoción y felicidad.

Mas, acaso el camino más trascendental de un país sea el que Cuba comenzó a construir, mejor dicho, a reformar, en agosto pasado. Si quedaban dudas sobre la vocación revolucionaria de la Revolución, si a alguien parecía que los derroteros no estaban claros, si en algún momento un bache fue mayor que la senda llana y sin obstáculos, la consulta popular sobre el Proyecto de Constitución vino a poner las cosas en su lugar, no obstante, siempre habrá quien susurre al oído los encantos de los trillos que no conducen a ninguna parte.

Reconfigurar el camino constitucional, poniendo en la mezcla para hacerlo duradero las aspiraciones cambiantes y los principios inamovibles, es, no hay dudas, la única vía. Camino, ya lo hemos aprendido, hay uno solo, y tiene a la vera las rosas blancas del Apóstol, la barba rebelde de Fidel y la tenacidad y precisión, como de sastre, de un pueblo que no se cansará de poner puntadas al tejido social que lo define y arropa. Para eso se hace una Constitución, para marcar la ruta. Y hablamos de lo real, pero, también, de lo simbólico, claro está.