Miércoles, 26 de septiembre de 2018 4:46 AM

¿Cómo nombrarte Martí?

Tuve zapatos, pero ninguno de rosa, y aun así fui muchas veces Pilar. En más de una ocasión, quise irme a vivir al lucero azul, aunque a diferencia de Nené traviesa nunca destrocé un libro. Pensé preguntarte qué significaba aquello de ser la esperanza del mundo, mas las personas mayores me dijeron que caíste en Dos Ríos y pusieron en mis manos La Edad de Oro, alegando que allí encontraría mi respuesta.

Luego te supe poeta, orador y hasta periodista, cuando en la universidad, mi profesora de Gramática Española nos decía que tu prosa era referencia obligada porque no existía otra como esa para aprender la riqueza y elegancia de nuestro idioma. Y, como pluma que no entiende de tiempos y distancias, perdí la cuenta de tus aforismos, por momentos citados en tantos contextos, pero no siempre interpretados y patentizados para hacerlos verbo.

Entonces volvemos a hablar de unidad y de pinos nuevos y viejos, aunque vivamos en pleno siglo XXI y de la Guerra Necesaria solo conozcamos lo que hemos leído en los libros de Historia. Tampoco precisamos ser la Generación del Centenario para continuar levantando aquella República con todos y para el bien de todos que alguna vez soñaste y que prosigue echando raíces a fuerza del mejor abono que nos enseñaras, la dignidad plena del hombre.

Pedazos de esta Isla llegan a otros lugares para cambiar realidades y hacen también la América que llamaste Nuestra porque Patria sigue siendo humanidad, aunque se extrañe la tierra, la familia y el buchito de café en las mañanas. Si tan solo pudieras regresar de la muerte, verías cómo Goliat arremete de nuevo contra David, mas la fábula no cambia su final y, aunque la banalidad aceche todo el tiempo, la ignorancia todavía tiene patas cortas para alcanzar a quien cree que ser culto es sinónimo de libertad, pues este Caimán persiste derribando muros con tan solo las ideas porque lo aprendimos de ti.

Por eso, este 19 de mayo, cuando el sol despuntó en Santa Ifigenia no te faltaron las rosas blancas y la Bandera como lo pediste. Versos sencillos te evocarán, pero Maestro y Apóstol sustituirán tu nombre porque Martí nos quedará pequeño para citar a quien lo fue todo sin pretenderlo.


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