Miércoles, 19 de septiembre de 2018 5:10 PM

Atender cada detalle también es proteger al consumidor

Si bien en casi todos los aspectos de la vida se defiende que la forma no debe prevalecer sobre el contenido, las opiniones divergen al hablar de gastronomía en Cuba, donde la falta de una verdadera cultura del detalle atenta contra la satisfacción de los clientes.

Más allá de la ausencia o pobre oferta de algunos productos, lo cual pudiera tener explicaciones diversas y comprensibles, aspectos fundamentalmente de actitud determinan la desfavorable situación actual de la mayor parte del sector.

Agravados en algunos casos por negligencias en el cuidado y limpieza de las instalaciones, problemas como poca calidad, desatención o maltrato, violaciones de horarios, falta del fondo en dinero para dar cambio y lentitud en el servicio, son evidentes hoy en cafeterías, restaurantes, heladerías y otras unidades gastronómicas.

Proporcionar el alimento solicitado no es sinónimo de atender y mucho menos satisfacer a un cliente, porque la culinaria es un arte que nos acerca a las características y cultura propias de una nación e implica, entre otros aspectos esenciales, creatividad, conocimiento y respeto.

Por esas razones, cuando mucho se habla en Cuba de protección al consumidor, a partir de la publicación de la Resolución 54/ 2018 del Ministerio del Comercio Interior, repaso la última experiencia personal en virtud de reflexionar sobre el arte del buen servir.

La vivencia, de hace solo algunos días, quizá ya conste en la historia de muchos y pudiera repetirse en la cotidianidad de cualquier cubano que, ante la demora en un salón casi desierto, amanse la espera observando cada detalle del local.

“Puede sentarse ahí mismo, si no le molesta”, me dijo con naturalidad la gastronómica y accedí, después de comprobar la aceptación del otro cliente, y buscando también mayor celeridad en la atención.

De nada sirvió, pues transcurridos algunos minutos el señor terminó su desayuno y se retiró, deseándome un buen provecho, mientras yo seguía esperando el pedido.

Ya había notado que todas las mesas estaban preparadas con platos de presentación, cubiertos y copas, menos la mía. También me llamó la atención el contraste entre los respaldos de las sillas, adornados con telas y lazos, y el material de los cojines, en franco estado de deterioro.

En eso pensaba cuando, al parecer sorprendido de verme aun allí y sin desayuno, el joven que tomó la orden a la entrada de la instalación me preguntó: “¿Todavía?”. Esbocé apenas una mueca condescendiente, empeñada en encontrarle un por qué a las manchas de la pared, el ventilador y los cristales sucios.

Transcurrido otro lapso de tiempo que no alcancé a precisar, mi desconcierto llegó al límite pues otra trabajadora del lugar, al salir del área de elaboración, inquirió: “¿Usted espera algo?” Es cierto que el pedido requiere un mínimo de elaboración, me dije, pero ¿qué justifica tanta dilación para servir a una sola persona?, ¿cómo pueden trabajar bien si es evidente la descoordinación en el colectivo?

Cuando finalmente me trajeron el desayuno, para endulzar el café con leche tuve que emplear la cucharita de la azucarera, porque la mía nunca llegó, como tampoco apareció el tradicional vaso con agua o la necesaria servilleta, para no salir con las manos sucias de la grasa del pan con tortilla.

En medio de aquel panorama solo pude pensar, ¿si esto es así para atender a un solo cliente, cuántas serán las incongruencias a salón lleno? Inevitable resulta preguntarse, además, ¿cuál es en las mañanas el ritual previo a la apertura de una institución gastronómica?, ¿cómo se preparan para el servicio?, ¿quién supervisa y decide que todo está en óptimas condiciones para recibir al público?

Reconozco que la culpa también es mía por no protestar al momento y exigir mis derechos, porque a cada lado del mostrador los protagonistas de esta historia estamos llamados a jugar bien nuestro papel, en aras de hacer realidad el cambio.

Urge entonces llamar la atención, tanto de administrativos y trabajadores de la gastronomía, como del pueblo en general, para que la necesaria y esperada norma de protección al consumidor no caiga en terreno infértil.


Comentarios  

# Erneso René Salcedo R 04-06-2018 16:24
Aquí solo expreso , que es muy penoso , que todo esto esté ocurriendo y nadie de los que tiene estos encargops sociales , resuelvan de una y por todas ,,,,,LAS INSUFICIENCIAS DE ESTE MAL , QUE NADIE LE PONE COTO .
Con una resolución ....veremos que sucede , considero que la génisis del problema , no es ese .
La gastronomía en Ciego de Ávila es una pésima y fue una de las mejores del país ..Qué ha sucedido ?.Será una cuestión del modelo que se utiliza .Será una cuestión de los hopmbres que dirigen la actividad , a nivel de unidades , empresas ....Sucede así en el Hotel Sevilla ,para citar una excepción , que es un trabajo de excelencia con los mínimos recursos ....
Cuando nuestra prensa sea más dura y crítica en lo mal hecho , se resolveran muchos problemas actuales de este tema ...
Prof Ernesto René Salcedo R.
Responder | Responder con una citación | Citar
# barbaro martinez 05-06-2018 10:14
un solito ejemplo de MUCHOS.
el solaris lleva mas de 10 dias con el ELEVADOR roto y con los dos aires acondicionados ROTOS y continua con los mismos precios .
por que no lo CIERRAN ?
ahora han colocado unas "carpas " feisimaas en el frente al 12 planta en el mismo parque Marti y hasta septiembre.
los pollos ahumados colgados cogiendo todo el polvo ,la venta de cerveza en botellas y la musica ALTAAAA y REGUETOOOON.
de verdad que da muy MAL aspecto.
ya el Parque no es un lugar apacible, para la familia.
como es posible que en los "carnavales" no colocan nada en elcentro de la ciudad y por el "verano" si ?

brmh
Responder | Responder con una citación | Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar