Sábado, 20 de julio de 2019 2:32 PM

Arrugas olvidadas (+Audio,Infografía)

A un hogar de ancianos se llega casi siempre como última opción. Unos eligen venir a pasar solo el día, otros lo asumieron como casa cuando perdieron a sus seres queridos y algunos lloran a los hijos que nunca ven porque viven del otro lado del mar. En el peor de los casos, ya no recuerdan, ni hablan, ni se quejan.
Terminan allí no solo las personas vulnerables, sino, también, los padres, los hermanos y los abuelos que nadie quiso cuidar y el Estado se vio obligado a asumir.

El día a día en estas instituciones transcurre todo lo normal que se espera de un sitio donde unos se esmeran con las atenciones y otros sobrellevan las muchas enfermedades, tristezas, alegrías y porfías.

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En Ciego de Ávila suman 84 910 las personas con más de 60 años, lo cual representa un índice de envejecimiento poblacional de un 19,4 por ciento y una apuesta constante por mejorar los indicadores de salud de este grupo etario. Sin embargo, más allá de las estadísticas halagüeñas, si se quiere, puede descubrirse la parte menos grandilocuente del asunto.

Salir de casa

Para entender los caminos que conducen hasta un hogar de ancianos habría que iniciar en las áreas de Salud donde se identifica el caso, se evalúa y se conforma el expediente. De ser aprobado, termina en una lista de espera.

Antes hubo que persuadir, convencer y explicar comenta Kiomy Ubeda Mejías, coordinadora del Departamento de Adulto Mayor, Discapacidad y Asistencia Social en el Policlínico Norte del municipio de Ciego de Ávila, porque aún con condiciones sociales de riesgo las personas se niegan a ingresar a estas instituciones.

Una vez en la lista de espera se establecen prioridades encabezadas por los ancianos solos, aquellos con problemas sociales graves como el alcoholismo, y los que tienen familia, pero esta no puede garantizarles los cuidados. Hasta la fecha son 484 las personas válidas e impedidas acogidas en estos centros y, aun cuando los números fluctúan, para que cualquiera entre, alguien debe salir.

Solo por mencionar ejemplos en el mes de abril, Majagua presentaba cinco casos pendientes, el municipio cabecera siete y Morón 10. A esta espera la “desespera” el hecho de que los hogares de ancianos de Ciego de Ávila y Morón, los de mayor capacidad, presentan bloques cerrados debido a procesos constructivos, iniciados desde hace tiempo, que no han visto fecha de terminación.

Así lo confirma Nastia Martínez Pérez, jefa del Departamento de Trabajo Social en el Hogar de Ancianos Camilo Cienfuegos, en la ciudad cabecera, al explicar que de 112 capacidades, solo 67 están disponibles, lo cual suma inconvenientes al día a día y ha venido a mezclar en las mismas salas a personas válidas e impedidas.

Lo otro sería apuntar que no todos los puestos de trabajo están cubiertos, sobre todo, aquellos denominados asistentes de pacientes, quienes se encargan del aseo, limpieza y cuidado del anciano en turnos de 24 horas. Hoy se reporta en este centro un promedio de 20 pacientes por cada asistente.

Por falta de acceso oportuno a la información relacionada con el proceso inversionista en el sector de la Salud, Invasor solo pudo conocer través de un reporte de la Agencia Cubana de Noticias, con fecha 1ro. de abril de 2019, que este año se dedicaría un presupuesto de siete millones 578 200.00 pesos en el que, al parecer, no se contempla la terminación de estos centros, ni la apertura de nuevas capacidades.

Casas sin abuelos

La contraparte de esta realidad vendría a ser la que atraviesan las casas de abuelo, al mostrar solo un 82 por ciento de ocupación. Hoy suman 16 en el territorio y con esfuerzo se ha logrado que 15 estén certificadas, lo cual significa que cumplen con los requisitos arquitectónicos y condiciones generales de calidad regulados por la Resolución 867 del Ministerio de Salud Pública. A su vez, la Resolución 548 del Ministerio de Finanzas y Precios estableció un pago de 180.00 pesos mensuales y de 400.00 para dichos centros y los hogares de ancianos, respectivamente, siempre y cuando cumplan estas condiciones.

Estereotipos y desconocimiento de su funcionamiento son las primeras razones que Yohanys Díaz Díaz, jefa de la Sección de Adulto Mayor, Trabajo Social, Discapacidad y Salud Mental en la provincia, esgrime. Sin embargo, el incremento del monto a desembolsar, aun cuando parece irrisorio frente a la calidad del servicio, no deja de coartar intenciones.

Para quienes trabajan y deben pagar los servicios de una “cuidadora” o arriesgarse a dejarlos solos, las casas de abuelos deberían ser una atractiva opción puesta en sus manos, mas el acto de ingresar, o no, es voluntario y consensuado.

Enfermera atendiendo a ancianoEntre las múltiples ventajas de los hogares de ancianos se incluye la asistencia médica constante

Cuando se ha intentado remediar un mal obviando este principio, a la postre, se ha creado otro. La experiencia más cercana la comenta Mency Durruthy Ruiz, trabajadora social en la Dirección Provincial de Salud, cuando recuerda el caso de un paciente con conducta deambulante que ya ha transitado por tres hogares de ancianos, el último en Morón, donde ha manifestado actitudes violentas e intentos de robo y fuga de modo continuado.

Con esta antesala puede inferirse que no todos los necesitados terminan en los lugares ideales para su atención y trasluce el hecho de que las “personas con conducta deambulante” —como rezan en los papeles— todavía son un problema que salta de mano en mano, a pesar de las múltiples comisiones implementadas para su seguimiento.

Si se trata de una cuestión de dinero para efectuar los pagos, entran al ruedo las direcciones de Trabajo y Seguridad Social, encargadas de hacer una evaluación socioeconómica para determinar las posibilidades del anciano y cómo ayudarlo.

Al cierre de febrero existían 381 personas acogidas al servicio de casas de abuelos y a 304 se le cubría de modo parcial o total el costo. Igual suerte corren otros 203 casos en los hogares de ancianos.

Por eso, Orlando Díaz Rodríguez, subdirector de Prevención, Asistencia Social y Trabajo Social, insiste en que el completamiento de las plazas no puede ser a costa de pagos indebidos salidos del presupuesto del Estado, pues, desde hace cierto tiempo, va y viene, de boca en boca, el término de familiares obligados. Entonces, la madeja se enreda.

¿Quién obliga?

Con la puesta en vigor de la Ley No. 105/09 de la Seguridad Social ha comenzado a manejarse el término de familiares obligados (ascendientes o descendientes) para referirse a quienes deben asumir la responsabilidad de cuidar a un anciano De entonces a la fecha, la historia ha seguido su rumbo sin puntos de giro evidentes.

Quizás por eso refiere Orlando Díaz Rodríguez, subdirector de Prevención, Asistencia Social y Trabajo Social, que no existe en la provincia ninguna ayuda económica aprobada para familiares que hayan ido al cuidado de un adulto mayor porque las investigaciones, casi siempre, encuentran otro ingreso económico en el núcleo familiar, posibilidades de incorporarse al empleo u otras personas “obligadas” a ayudar.

Amparados por las legislaciones vigentes, la Asistencia Social obra con rectitud a la hora de desembolsar ayudas monetarias, pero esto no implica que todas las deudas estén saldadas, sino que lo que para unos es apego a la ley para otros se transforma en manos cruzadas y problemas amplificados, al no sancionarse tampoco al supuesto “familiar obligado” que no cumple con su deber.

El Código Penal cubano establece de modo claro el deber de los progenitores con los hijos, pero cuando se trata de invertir los papeles las regulaciones existentes se mueven tras reinterpretaciones y subjetividades. Como aliciente, la nueva Constitución de la República de Cuba, aprobada el pasado 24 de febrero, establece de modo claro en su Artículo 84 que los hijos están obligados a respetar, atender y proteger a sus progenitores conforme a la ley.

Esto determinará una próxima modificación del Código de la Familia y las esperanzas están cifradas en que incluya un modus operandi más claro, pues en la experiencia de 18 años de trabajo de Yoleysis González Rodríguez, Fiscal Jefa del Departamento de Protección a la Familia y Asuntos Jurisdiccionales, solo se ha tramitado un caso en el que un padre demandó a un hijo por una pensión alimentaria. Lo común es que estos casos no terminen en los tribunales al tratarse de procesos entre particulares, o sea, el anciano desvalido o desatendido tendría que ser el demandante y, muchas veces, se avergüenza o carece de conocimientos. Ante estas circunstancias solo queda la persuasión.

Lo cierto es que a estas alturas los años acumulados y las arrugas de un anciano se traducen no solo en alta esperanza de vida y logros del sistema de Salud cubano, sino en infraestructura que no alcanza, leyes insuficientes y desajustes que unos sienten, ven e intentan corregir y otros prefieren no saber.

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