Martes, 20 de noviembre de 2018 5:14 PM

América, cumbres con lecturas contrapuestas

Una cumbre fragmentada, la oficial, y otra reivindicativa por naturaleza, la popular, reflejaron en Perú las percepciones contrapuestas de la realidad del continente, marcada por la resistencia a la ascendente hostilidad norteamericana y el repunte de la derecha.

En la VIII cumbre de las Américas, cuyo segmento de jefes de Estado y Gobierno fue el 13 y 14 de abril pasados, Venezuela se convirtió en el único país ausente y, paradójicamente, el más evocado en casi todos los discursos que, salvo honrosas excepciones, se plegaron a presiones de Estados Unidos y, por añadidura, del secretario general de la OEA, Luis Almagro.

La decisión del gobierno peruano -forzado por Washington y respaldado por el llamado Grupo de Lima- de retirar la invitación al presidente venezolano, Nicolás Maduro, hizo deslucir una reunión ya lúgubre por la asistencia de sólo 14 de los 35 mandatarios convocados y cuyos organizadores se jactaron de hablar de democracia, tolerancia, integración y unidad.

Los estadistas presentes en esta capital aludieron a Venezuela, las más de las veces con abiertas intromisiones en sus asuntos internos y otros con alegada preocupación por la situación interna.

Hubo quien demandó sin reparos el aislamiento político de Caracas y gobernantes de sabida tendencia conservadora, como los de Colombia, Argentina y Chile, convocaron incluso a desconocer las elecciones generales previstas para mayo.

Sin embargo, la revolución iniciada por Hugo Chávez se hizo escuchar con contundencia en la cumbre de mandatarios por intermedio del presidente boliviano, Evo Morales; y del canciller cubano, Bruno Rodríguez. Mucha más resonancia tuvo en la Cumbre de los Pueblos.

Morales urgió a respetar la soberanía venezolana, a reconocer la legitimidad de su presidente constitucional y reprobar las acciones norteamericanas para desestabilizar aquel país, mientras Rodríguez calificó la exclusión de Maduro de la cumbre de afrenta a todos los pueblos de nuestra América y un retroceso histórico impuesto por el actual gobierno de Estados Unidos.

Para Martín Bazurco, director general de Relaciones Multilaterales en la cancillería de Bolivia, la VIII cumbre partió de origen fragmentando al continente con la 'desinvitación' de Venezuela.

"¿Cómo hablar de tolerancia y diálogo cuando de origen esta cumbre partió excluyendo a uno, de origen partió fragmentando a nuestra América, excluyendo a la hermana República Bolivariana de Venezuela, acallándola", preguntó al considerar imposible "dialogar democráticamente si de entrada se decide que uno u otro no conviene que esté ahí".

El cónclave centrado en la Gobernabilidad democrática frente a la corrupción adoptó el denominado Compromiso de Lima con una serie de medidas para enfrentar y revertir ese flagelo, y recogió las recomendaciones de jóvenes, sociedad civil, indígenas y empresarios.

Rodríguez, que protagonizó un duro rifirrafe con el vicepresidente estadounidense, Michael Pence, puso otra nota discordante al denunciar ante los mandatarios que 'se usa la lucha contra la corrupción como un arma política, y fiscales y jueces actúan como partidos políticos'.

"Se impide a los electores votar por candidatos con fuerte apoyo popular, como es el caso del 'presidente preso político Luiz Inácio Lula Da Silva´, cuya libertad demandamos", indicó para luego añadir que "se oculta que la corrupción prevalece entre gobernantes, parlamentarios y políticos conservadores".

A Washington, el ministro de Relaciones Exteriores cubano exigió levantar el bloqueo económico impuesto a su país y advirtió que la revolución "no aceptará amenazas ni chantajes del gobierno de Estados Unidos", y si bien no desea la confrontación, "no negociará nada de sus asuntos internos, ni cederá un milímetro en sus principios".

Pero la Cumbre de los Pueblos, a decir de Bazurco, fue mucho más relevante en tanto foro alternativo que bajo el lema 'Por la unidad de los pueblos de Nuestra América' devino espacio de genuino diálogo entre pueblos, que es la verdadera sociedad civil, donde estaban miembros de sindicatos, organizaciones de mujeres, indígenas, de trabajadores.

Eso se aviene a la visión del gobierno del presidente Morales que cree firmemente en lo que llama la diplomacia de los pueblos, "en la posibilidad de que la integración no la construyamos únicamente entre gobiernos y líderes, sino que se construya desde abajo, entre pueblos, a través del hermanamiento, de la posibilidad de encontrarnos y reencontrarnos", dijo.

La solidaridad con Bolivia en su demanda a Chile de una salida soberana al mar, los reclamos de libertad de Lula da Silva, de independencia para Puerto Rico, y de restitución a Argentina de las islas Malvinas, así como la defensa de la cosmovisión indígena y de los derechos de pueblos originarios, negros y otras minorías sociales, fueron requerimientos reiterativos.

En medio de un auditorio mayormente plegado al Norte en la cita presidencial, los representantes de Cuba y Bolivia reprobaron los ardides norteamericanos para revitalizar la Doctrina Monroe (1823) y fueron los únicos que mostraron la misma dignidad que compartieron con miles de voces en la Universidad de San Marcos, al clausurar la Cumbre de los Pueblos.


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