Miércoles, 14 de noviembre de 2018 11:05 PM

Al sur de la garganta (+Video,Audio,Tuit)

.Dicen los que le saben al asunto que uno no ama con el corazón, sino con el cerebro, porque es este el órgano del raciocinio y eje del sistema nervioso central, capaz de ordenarle al cuerpo la generación de hormonas, endorfinas o adrenalina. Entonces, para los que no conocemos tanto, sería un absurdo cambiar la frase “te quiero con todo mi corazón” y tocarnos la cabeza en señal de afecto en vez del lado izquierdo del pecho, una locura total.

A las personas con sentimientos malsanos les llaman "sin corazón", a quienes derrochan cariño y van por la vida ayudando a los demás, se les dice “tienes un corazón que no te cabe en el pecho”, pero hay quien ama y no se da cuenta de lo que hace cuando entrega todo.

También hay quien va por la vida mirando solo lo que tiene delante, algo así como un carro que solo utiliza su luz corta, creyéndose el ombligo del mundo y poniéndolo a girar en torno suyo, cuando la lógica indica todo lo contrario. A veces, como dice la frase, se está en el pueblo y no se ven las casas, porque llegamos al lugar correcto y por falta de la “luz larga”, solo vemos oscuridad.

Por eso a Julio, Catalina, Leanet, Elba, Sailin, Annia y Raumely casi nadie los nota cuando trabajan. De lunes a viernes pasan las horas intentando mejorar vidas en el Complejo Parque Zoológico de Ciego de Ávila, y, si alguien los imagina médicos veterinarios, se equivoca, porque estas personas atienden a niños.

Bien se conoce la instalación Yanelis Querol de tantas visitas con su hijo, no precisamente para jugar. Al pequeño Liusván Reyes, de dos años, le diagnosticaron hace solo uno parálisis cerebral infantil (PCI), producto del embarazo pretérmino ocasionado por una preeclamsia, sufrió de desprendimiento de la retina y quedó sordo. Los especialistas le recomendaron a Yanelis acudir a una consulta en la que el bebé estimularía los músculos del cuerpo a través de ejercicios y la monta de caballos o equinoterapia.

No lo pensó dos veces, hasta allá fue sin sospechar que se encontraría con un equipo de personas mágicas. Eso fue hace nueve meses, para entonces Liusván no podía sentarse en sus piernas, ahora logra montar a la yegua Niña y su mami está muy feliz, pues no ha perdido las esperanzas de verlo caminar aunque la enfermedad se lo impida.

Algo parecido le ocurrió a Diego Castilla Álvarez, niño con síndrome de Down, quien, después de dos meses asistiendo a la terapia, ya logra sentarse y pararse sin dificultad. “Nació hipotónico, sin fuerzas para parar la cabeza, por eso esta consulta ha sido para mí una gran alegría, después de tanta preocupación”, dice Evelyn Álvarez, madre del infante.

Verlos caminar, reaccionar a una palmada, al sonido de la voz, es para Julio Torres una bendición a sus 63 cumpleaños. Por sus manos de fisioterapeuta han pasado pequeños con autismo, trastornos neuromotores, alteraciones de la conducta, entre otras patologías. Lo afirma él, que trabajó en el hospital pediátrico William Soler de La Habana y tuvo que regresar a Ciego de Ávila porque “siempre el venado hala para el monte”.

"Nuestro trabajo consiste en prepararlos para la sociedad y posibilitar que logren independencia en sus movimientos. Por lo general, nos enfocamos en los miembros inferiores y superiores, cuello, control encefálico."

Escucha"El trabajo de Julio" en Spreaker.

Mas, Julio no trabaja solo, lo hace acompañado de otra fisioterapeuta y una especialista en terapia ocupacional, además de un equipo compuesto por un fisiatra, un psiquiatra infantil, una logopeda y una defectóloga que, regularmente, evalúan el avance de los pacientes. Hay también, en este lugar, una señora de tez negra que dice ser hermana de Julio, “pero él nació de día y ella de noche”.

Catalina es el nombre de la octogenaria mujer a quien le queda chica la casa y, por eso, todavía trabaja como encargada de la limpieza en esta parte del zoológico avileño. Abuelita Catalina, como le dicen allí, junto a Leanet Hernández, la estomatóloga, y Elba Columbié, su asistente, trabajan no solo para los niños que acuden a la terapia, sino también para las embarazadas pertenecientes al Policlínico Centro.

Montado en la yegua entrenada para estos procederes, Raumely Gómez ejercita a los pacientes desde el lomo del animal. “Cada uno se va acostumbrando al calor del otro y Niña deja que le halen las crines o que le den golpecitos, pero nunca vas a verla salir corriendo porque está adaptada a trabajar en estas condiciones”.

De ello los padres están muy seguros, así como de la calidad humana del personal que atiende a sus retoños. Quizás nunca se imaginaron visitando el zoológico de esa manera, como tampoco que encontrarían hombres y mujeres dispuestos a hacer de todo con tal de devolverles la esperanza. A eso le llama Julio dar amor, un sentimiento que, contrario a lo demostrado por la ciencia, se encuentra al sur de la garganta, donde está su corazón.


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