Sábado, 15 de diciembre de 2018 8:28 PM

Y respeto

Cuatro. Ese era el reducido número de personas que aguardaban, sentadas, para ser atendidas por la doctora que tan amablemente realizaba su labor en una de las consultas del Policlínico Norte, en la ciudad de Ciego de Ávila.

De repente apareció una mujer, de edad no inferior a las cuatro décadas, a quien alguien luego hizo referencia como Daysi Rodríguez y, sin dar los buenos días ni ofrecer explicación alguna (detalle elemental de educación y de respeto hacia los demás), empujó la puerta y entró, como si se tratara de una visita sorpresiva al servicio médico.

"¿Será empleada de este lugar?", comentó a guisa de observación crítica una de las dos señoras que conversaban de forma animada.

No lo creo, respondió, “como curada ya de ese espanto”, otra de las presentes.

De cualquier modo bien pudo, al menos, saludar y decir que necesitaba hacerle una pregunta a la doctora: modus operandi muy recurrente para quienes el desespero, la impaciencia o el apuro real no les permite soportar una cola, por pequeña que sea.

Lo cierto es que, entre anécdota y anécdota de los “esperantes”, transcurrieron no menos de diez minutos, tiempo suficiente para que la doctora asentara el nombre de la astuta mujer en el libro de pacientes atendidos, le escuchara el motivo de la visita, la reconociera, diagnosticara y emitiera las recetas con que salió de la consulta, con aires de quien acaba de resolver tremendo problema.

Totalmente real, la escena es una de las tantas que suceden a diario en consultas, oficinas de reservación, cafeterías, restaurantes y otros lugares donde concurre la población para recibir determinado servicio.

Definida por algunos como “dar con el rostro”, esa praxis echa cada vez más raíz en el carcomido terreno de la indisciplina social, en detrimento de valores elementales que siempre distinguieron a la población cubana. Y, claro está, no debe ser ese el rostro que distinga a quienes poblamos este país.

Tengo sobradas vivencias de quienes, al llegar la anciana, la embarazada, la madre con el bebito, les ceden el paso de manera gentil; como también ocurre, con frecuencia, cuando alguien se dirige a la cola y pide permiso para pasar por determinada razón.

Como también las tengo de quienes se han plantado en tres y dos, como solemos decir, al sentirse irrespetados por actitudes como la que, tan campechanamente, protagonizó la ciudadana de marras.

Es obvio que ni la doctora ni ningún empleado público puede estar al tanto de tales situaciones. Ni siquiera el reglamento interno de determinada entidad podría regular o detectar la desfachatez con que algunas personas burlan una cola y de hecho se burlan de los demás, con la mayor tranquilidad del mundo.

¿Lo habrán aprendido de sus padres? Es probable. Todo indica que si no se olvida lo que bien se aprende, tampoco lo que mal un día se aprendió.

De cualquier modo, la vida es la mejor escuela. Y pobre de quien no aprenda a respetar o desconozca lo que acerca de ese asunto dijo el pensador chino Confucio, más de cuatro siglos antes de Cristo: “Sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”, o el célebre apotegma que en 1867 nos legó el patriota mexicano Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”


Comentarios  

# Ernesto René Salcedo R 24-09-2018 17:44
Compañero Pastor .
Para mi hay muchos factores en este tema , pero el más elemental , es el trato digno , que debe dar cualquier servidor público .Servir como quieres que te atiendan a tí , es la premisa .Si hay tantos problemas de carencias , salarios que no juegan con la mesa y mucho menos con el esparcimiento de la familia , este tema debe ser resuelto por los que tienen estos encargos sociales , en cada espacio concreto de sus sectores y las evaluaciones , no solo son técnicas , son de los usuarios ....Existió,,,,,antes ...una evaluación concreta en los servvios de salud , que la daba la población objeto que recibía el servicio ....
Pero la Gastronomía , el transporte ,cualquiera que sea , son pésimos en nuestro territorio ...Se pregunta uno , para qué son tantas asambleas sindicales , cual es su impacto en mejores servicios ....Dónde están las medidas ejemplarizantes de los cuadros que tienen ese encargo social y los que los cometieron .....Ahí está el ajiaco ...de problemas sin soluciones , no son verbos , son acciones sostenidas en el tiempo ,,,,programas en largos años ....
Buen trabajo , así se hace Camino al Andar .
Prof Ernesto René Salcedo R.
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# barbaro martinez 24-09-2018 18:08
NUNCA he visto a un JEFE en una COLA

brmh
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# Humberto 25-09-2018 08:21
Pastor esta actitud esta arraigada en los cubanos. Uno no se da cuenta hasta que va a Venezuela, si no ha estado preguntele a alguien de los muchos que han estado. Los Venezolanos que a veces criticamos en muchos sentidos ni se les ocurre colarse en una cola, y los Cubanos que han estado alla han aprendido la leccion. Ellos se molestan sobre manera ante tamaña falta de respeto Simplemente es aberrante, indignante...y puede seguir agregando adjetivos...
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# vasilymp 25-09-2018 10:17
Qué buen texto mi amigo Pastor. Me hizo recordar mis vivencias no solo en esta isla hermosa, sino, también, en varios paises capitalistas que he visitado. En consultas particulares, sobre todo, donde vi hacerse usual que el médico llegara tarde a los turnos dados, turnos que se pagan en la recepción, y sin dar explicación alguna. Lo mismo de amigos de esos doctores que han entrado hasta ovejas a la consulta en pago a sus «servicios». Pero bueno, aquí mismo, yo también he cometido algunos de esos «pecados» como tú bien mencionas.
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# Julian 25-09-2018 16:43
Cito a barbaro martinez:
NUNCA he visto a un JEFE en una COLA

brmh

A ver si sera que eres uno de ellos, bien que te jactas de los buenos tratos y agradecimientos a personas concretas que los del monton ni siquiera pueden nominar..o sera que eres un fantasma..va a ser que si!!
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