Lunes, 20 de agosto de 2018 10:18 AM

"Viandazos"

Ni el diccionario de la lengua española puede definir lo que sucede en Ciego de Ávila, porque “viandazo” sigue siendo, en el glosario de jergas, una palabra comúnmente usada que la academia aún no registra. Pero la gente entiende sin preámbulos que "viandazo" es un golpe y un golpe intentan dar, o ya dieron, algunos de los vendedores que comercializaban las viandas que sobrevivieron a la raquítica sequía y a los bandazos de Irma.

Es curioso, antes de que el gobierno anunciara el tope de los precios —y los inspectores y la policía dejaran claro que esta vez no sería medida decretada en los acuerdos y ausente en las tarimas— los comerciantes tenían poco, pero tenían. Sin embargo, esta semana he salido de “compras” y he regresado con la jaba cargada solo de confesiones.

Coinciden los vendedores en que son los campesinos (o los intermediarios de los campesinos) quienes no quieren bajar el precio de sus productos y, al ellos no poder sobrepasar el tope, no cogen la mercancía, pues no les da negocio. “Dicen que las venderán en otra parte y ahora no podemos arriesgarnos porque hasta los clientes de confianza te están mandando a matar”, alegaba una de las dependientas de los dos únicos quioscos que vendían maíz, frijoles, cebolla y bijol este martes, en Ortiz.

Y es cierto (lo de los clientes). Minutos después, Evaristo González Camacho, al frente de la Dirección Integral de Supervisión Provincial, reconocía que el teléfono habilitado para quejas (33214060) y denuncias no ha parado de sonar. Las multas y decomisos publicados en este diario dan cuenta de las acciones estatales. No obstante, criterios al estilo de “esto es peor porque ahora ni caro se puede comprar” solo alimentan el trasiego de alimentos que podría estar sucediendo en tarimas “clandestinas”. Porque supongo que los productores prefieran ganar poco o no ganar, incluso, antes de perder las cosechas. Y es en esa puja campesino-intermediario-vendedor-cliente, donde solo quienes tienen mucho dinero no reciben el "viandazo". Al resto de la cadena el eslabón le aprieta y revienta, siempre, por el lado más débil: el cliente.

Al propio Evaristo le han justificado el “tranque” con expresiones como “no es fácil ganar 200.00 pesos en un día, cuando antes se hacían 600.00”; una excusa que viene a confirmar que las ganancias en este sector tienden a medirse en pesos, excomulgando los centavos, medios y pesetas. Ya nadie te dice que "coge el plátano a peso pa' venderlo a 1.20", sino que "pa' poder venderlo a 2.00 o a 3.00, tienen que cogerlo a 1.00".

Aunque las estadísticas apuntan a una recesión de ofertas, el delegado municipal de la Agricultura en Ciego de Ávila no habla de pujanza o boicoteo. Él considera que si hoy permanecen abiertos 68 de los 109 puntos de venta que existían, es debido a la escasez y a una carta que cada presidente de base productiva hiciera firmar a los vendedores, en la que se les planteaba que si violaban precios se les retiraría la licencia.

El jefe del subgrupo de Dirección del Consejo de Defensa Provincial apoya esa tesis cuando explica que lo que antes constituía contravención, ahora, en esta situación excepcional, constituye delito e intervienen la Fiscalía y la Policía, mas tampoco ha sido una coyuntura que repliegue a todos. Los datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social refieren que solo dos carretilleros han entregado sus patentes en octubre, si bien el descenso de 844 a 679 que aún ejercen la actividad en el territorio, lo ubican previo al contexto de especulaciones y supervisiones.

Mientras no se avisten carretilleros o veamos puntos de venta cerrados y poquísima vianda en la placita, una lección queda clara, a pesar de los estragos del surco: es el Estado quien tiene que regular el mercado y ser fuerte en medio de una batalla en la que momentáneamente perdemos todos, pero de la que saldrá ganando una mayoría si se disipan con igual fuerza los subterfugios del comercio. Quizás así "viandazo" terminaría perdiendo su doble acepción y pagaríamos con el bolsillo solo las viandas, no los golpes.


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