Ultraje al símbolo de la dignidad avileña

Todavía Olga Lidia Peña no se explica cómo, en las proximidades de su casa, encontró, arrojado en un charco, el busto del patriota mambí Marcial de Jesús Gómez Cardoso, uno de los iniciadores de la gesta independentista en tierras avileñas.

Había salido temprano de su hogar, ubicado en la calle Ampliación de Primera, entre Margarita y Tejar, en la ciudad cabecera, cuando encontró abandonada la imagen de quien prefirió morir en combate antes que entregarse a una guerrilla de cubanos, al servicio de la España colonialista.

Quizás, los que hicieron el atentado estén muy lejos de saber que Marcial sostuvo su último combate herido y en total desventaja. Era el 5 de junio de 1872, en las proximidades de Gaspar, fecha en que retó a sus rivales, superiores en número y armas, con una frase que lo inmortalizó: “¡Malos cubanos, a mí hay que matarme para cogerme!"

Tras la denuncia del hecho, la figura que representa a la dignidad avileña fue devuelta al pequeño parque dedicado a su memoria, en la intersección de las calles Marcial Gómez y Margarita, bajo la sombra del algarrobo que, también, identifica a esa zona al norte de la ciudad.

Parque Marcial GómezAlejandro GarcíaEl microparque cambió para bien la estética del lugar. Antes era un solar yermo. Hoy el deterioro se nota en sus áreas, a pesar de que es pequeñoLo triste del caso radica en que, por lo general, estos sucesos ocurren en días y horas de asueto para la mayoría de la población y, a pesar de lo transitado del lugar, nadie vio el hecho en primera instancia.

No descarto que después de una rigurosa investigación sean descubiertos los responsables, presumiblemente, muchachos que retornan “alegres y traviesos” de las fiestas sabatinas.

Tras la aparente inocencia de las maldades juveniles, quienes acometen esos daños se han convertido en transgresores de la tranquilidad ciudadana, destruyen el ornato público, profanan monumentos y atentan contra los símbolos como si fueran cómplices de quienes hace más de un siglo truncaron la vida de aquel hombre, de apenas 32 años, cuyos méritos le concedieron el grado de Comandante del Ejército Libertador.

Influye, asimismo, el nulo trabajo de los líderes de la comunidad con respecto a la enseñanza del respeto hacia los sitiales ubicados en su entorno, porque gran parte de la población ni siquiera conoce el nombre del microparque y, mucho menos, la trayectoria del joven, miembro de una de las familias que más aportó a la causa libertaria en la localidad.

Hechos similares han sido denunciados con anterioridad, entre ellos, las profanaciones del busto erigido a Mariana Grajales, en Ceballos, y a la tumba de Ricardo Pérez Alemán, en la capital provincial, más el robo de los espejuelos y del machete a la figura ecuestre de Máximo Gómez, en el parque que lleva su nombre en la Ciudad de los Portales.

Pero más allá de las irreverencias están las causas que las provocan, de las cuales vale mencionar la insuficiente información sobre la historia generada en el terruño, la pobre vigilancia en los barrios, la escasa presencia de policías en las calles, la tendencia a la disminución del compromiso ciudadano por preservar los bienes comunes y débiles castigos a los transgresores del orden.

Hoy resulta imperiosa la recuperación del terreno perdido en cuanto al cuidado de lo que es de todos, de ahí la urgencia de acciones prácticas en las escuelas y en los sitios donde se reúnen niños y jóvenes, de manera que los conocimientos sobre la historia y la conducta ante los monumentos se transmitan de forma amena, atractiva, que generen responsabilidad y sentimientos capaces de salvaguardar el acervo.