Tras los escombros

Más de una vez miró a ambos lados para cerciorarse de que nadie lo observaba. Luego, como quien no quiere las cosas, dejó caer en el alejado lugar, lo que otrora fueran las paredes de la casa que ahora, con el tan ansiado subsidio, pasaría a mejor.

Transcurridos los días, otras caras, también envueltas en cemento y sudor, dejaron allí lo suyo porque antes, alguien ya lo había hecho, y el bulto de ruinas, de a poco, bautizó a aquel sitio como vertedero.

Por estos días, al desandar las calles de la ciudad avileña, no se precisa ser un buen observador para concluir que, con subsidios aprobados o no, la construcción parece asunto de moda por más perdidos que se dibujen los materiales.

De no concordar conmigo, piense usted las tantas veces que ha debido bajar de la acera porque un amasijo de escombros le obstruye el paso, o peor aun, lo despoja de la sombra del portal que tanto se agradece en estos tiempos de calor.

Y es que en muchas ocasiones los escombros pasan a formar parte del paisaje urbano como lo más normal del mundo, pero no solo a particulares corresponde tamaña culpa pues empresas e instituciones inciden por igual en un problema que no deja de tirarnos en cara que seguimos arrojando lo aprovechable como si estuviéramos sobrados de todo.

Reconoce Luis Alberto Pérez Olivares, director de Servicios Comunales en el territorio, que su entidad no esté diseñada para el acopio de residuos de construcción y demolición. Sin embargo, más de una cama del camión Ampliroll se ha dispuesto para tal actividad aunque luego se disparen los salarios de los obreros por el peso de lo acopiado y, en el vertedero termine toda la historia.

En un contexto en el que la producción local de materiales de la construcción está llamada a ser cada vez mayor para solventar las necesidades de una provincia que ha debido enfrentar el golpe de un huracán, y más reciente aun, de tornados e intensas lluvias, ¿cómo se justifica que los escombros, con buena suerte, solo se aprovechen para corregir los desmejorados caminos del vertedero municipal?

Mientras el Estado busca incentivar la construcción por esfuerzo propio, y se amplían los sitios de comercialización de materiales —popularmente conocidos como Rastros—, para nadie es un secreto que el surtido de áridos no escapa a los tropiezos. Entonces, bien que podrían beneficiarse los molinos, estatales o no, si hasta ellos llegara el grueso de los residuos de construcción y demolición que hoy genera la provincia.

Pero primero, habrá que lograr alianzas estratégicas entre organismos, sobre todo los asociados al Ministerio de la Construcción, que aseguren lugares y ciclos estables para la colecta estable de este tipo de desechos ante la inexistencia de una entidad en Ciego de Ávila con tal encargo.

De esa manera, pesarían mucho más las 120 multas que, hasta el cierre del primer trimestre del presente año, habían sido impuestas por el vertimiento de escombros en lugares inapropiados conforme dicta el Decreto Ley No. 272 del 2001, en su sección referida a la higiene comunal.

Lo cierto es que mientras tractores, carretones y camiones viajan de un lado para otro cargados de cemento, bloques y arena, los restos de la construcción se acumulan en el que, a juicio de cada quien, resulta el mejor lugar, como si no fuera suficiente con la basura que hoy coloniza cualquier rincón de esta ciudad, cada vez más amenazada con hundirse en la inmundicia ante los ojos de todos, y que agradecería inmensamente que empezáramos a sacar provecho de lo no tan inservible.