Se roban el saldo… ¿y qué?

celular Era la 1:00 de la madrugada cuando sonó el celular. Una voz casi imperceptible tras la línea le pedía, casi de favor, una transferencia de saldo a su número. Su hija estaba hospitalizada y necesitaba ese dinero que, por error, había terminado en las manos equivocadas.

Tuvo que despabilar la modorra para acertar la combinación de números, mientras le encontraba hasta cierto tono gracioso a la llamada y a los modos confusos en que obra la red para hacer que algo termine donde no debe. Lo cierto es que nunca revisó su saldo para comprobar lo que, más tarde, sería una certeza: le habían robado.

Otras historias son más sagaces y muestran a timadores que disfrazan de ingenuidad su anzuelo con historias inverosímiles de paquetes que traen del exterior por encargo de un familiar, llamadas insistentes que comienzan con 00 y esperan ser respondidas, carros rotos en medio del camino, y hasta algún nombre conocido salta de sus labios para hacer dudar hasta el más incrédulo. Al fin y al cabo, si no existiera la ingenuidad, tampoco existirían las estafas.

Casi siempre el estafador que pide altas sumas acierta en encontrar a un estafado con números suculentos en su saldo. Conmigo fracasarían de antemano.

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A lo que se suma el problema de confidencialidad derivado de la divulgación clandestina de la muy popular “guía de ETECSA”, aplicación disponible que contiene la base de datos de los clientes de líneas fijas y celulares de Cuba, lo cual nos expone sin contemplaciones.

De entonces a la fecha, las gestiones intentan seguir la línea de la legalidad y los Departamentos de Protección al Consumidor de ETECSA, han asumido una gestión más eficaz, aunque todavía muestran fisuras.

Así lo confirma Quirino Guerra Hernández, especialista comercial de dicho departamento en la provincia, cuando explica que si, antes, la indicación salida de las Oficinas Comerciales era tramitar la denuncia con la Policía Nacional Revolucionaria, hoy se recepcionan las reclamaciones a través de un sistema informático especializado.

Después se conforma un expediente y se eleva al Departamento Antifraudes, en la sede nacional, donde continúan los análisis. Al cabo de 15 días, usualmente, se notifica la decisión. En lo que va de año, han sido solo 11 las reclamaciones recepcionadas y, en todos los casos, la decisión ha sido favorable a los clientes, quienes han recibido la compensación del saldo robado al demostrarse que no incumplieron lo pactado con la empresa. Aunque esto no implica que estén todos los que son.

Así sucede, al menos, cuando se trata de las cuentas nautas, servicio que ha reportado las mayores afectaciones, pues la trazabilidad del proceso está garantizada al poder identificarse, con relativa facilidad, qué hizo o no el usuario con su cuenta.

Sin embargo, cierta impunidad se “transfiere” cuando la estafa se ejecuta a través de una llamada con cobro revertido (*99) o de un SMS. Entonces, la madeja se enreda: ¿cómo comprobar efectivamente que se trata de un fraude?
Se supone que el modus operandi transcurra igual: se tramita la queja, se toman los datos y se encarga el Departamento Antifraude de deliberar. En caso positivo, se bloquea el número. En la práctica, concretarlo es más complicado.

Si bien esta pudiera ser la punta del iceberg, pues se trata solo de afectaciones individuales, sobre ellas gravita una multiciplidad de delitos informáticos posibles que, para nuestro pesar, no están tipificados en el Código Penal cubano y que, por tanto, dejan al cliente con el sinsabor —quizás exagerado— de que cualquier denuncia es una pérdida de tiempo.

Hoy, todavía el problema radica en que siguen siendo pocos los que se animan a tramitar la queja y demasiados los timadores que nos ponen a prueba.