Sábado, 20 de abril de 2019 6:39 AM

Retrospectiva

En un rincón de la casa la vetusta foto desentona con la modernidad del hogar. Los tonos ocres hablan de los tantos años para los que aquella mujer siempre ha tenido la misma mirada que parece tragarse el mundo. Los cambios van y vienen sin que deje de ser, aquel, el sitio sagrado del “cuadro de la abuela” que, de generación en generación, fue perdiendo los prefijos, hasta ser simplemente la abuela, la de ella, la de él y la de todos, aunque la suma de los años, realmente, dé para mucho más.

Hasta hoy llegan los cuentos de la que no creía en nada. Nueve hijos trajo al mundo, sin que pudiera ninguno quejarse de ella hasta el último de sus días. Mami, en cambio, solo tuvo dos, pero el desvelo continúa siendo el mismo, como vestigio de una genética que no entiende de apellidos perdidos para establecer paralelismos en el tiempo. Por eso, cada vez que se apela a la experiencia, se escucha el “si la (bis)abuela estuviera viva” al que todos se han acostumbrado.

A Reinaldo, por su parte, le sobran los cuadros y los sitios donde colgarlos. Más bien son los recuerdos, atrapados en fotos, los que lo acompañan cuando la soledad pone la nota disonante de la casa que añora compartir.

Antes, allí hubo una familia hasta que, de a poco, todos terminaron marchándose. Ahora, apenas los ve regresar, de vez en mes, para saber si necesita algo, como si la necesidad, de manera exclusiva, pudiera medirse en alimentos y ropas que no lo resuelven todo.

Abuelo Dos caras de una misma moneda: la vejez, a la que muchos todavía temen por una sola razón, llamada olvido. Desmemoria que también habla de irrespeto a quienes estuvieron antes y, sin saber, escribieron ese prólogo que Shakespeare llamó pasado, imprescindible para entender la historia que, a la vez, hoy rescribimos para los que vendrán después.

Burlas, desatenciones, incomprensiones suelen ser algunos de los tragos amargos que, a veces, llegan con la tercera edad, como si los achaques no fueran suficientes para incomodar. Y aunque es cierto que la terquedad echa raíces con las canas, hay quien entiende mejor que otros que ahí llegaremos todos por ley natural, y mañana, puede ser muy tarde para retribuirles el estar aquí.

Las prisas, el estrés y los valores materiales que imperan en las sociedades actuales pretenden dar a entender la aparente inutilidad de estas personas en medio de una crisis de valores que los margina y los ignora. ¿Acaso nadie ve lo que aún tienen para ofrecer?

Las lecturas no son las mismas, y nunca lo han sido por ese abismo generacional de todos los tiempos que pone ojos muy diferentes. Quizás nos equivoquemos, mas alguien ya lo habrá hecho por nosotros, incluso mucho antes, y de ahí saldrá el consejo que luego repetiremos en otro oído, porque los siglos pasan y los hombres cambian, pero errar sigue siendo de humanos, al menos para los mortales de esta tierra.

Ya lo dijo el refranero popular Más sabe el diablo por viejo que por diablo y, desde entonces, la voz de la experiencia empezó a valer, aunque no en todo momento se le escuche y el “te lo dije” te recuerde que los años no pasan por gusto. Está claro que por algo le llaman experiencia.

Solo un lenguaje puede enlazar dos idiomas tan diferentes cuando de pensamiento y realidades se trata, y ese, por modernos que seamos, siempre será el respeto, el cual empieza por uno mismo. ¿Cómo respetar a alguien si antes no lo hacemos con nosotros? Sobre él se alzarán las bases de todas las relaciones y, si queda lugar a la duda, mejor preguntémosle a las tres generaciones, tan común en nuestro país, que hoy conviven, de manera armoniosa, bajo el mismo techo.

Y cuando se dice respeto, además, puede leerse admiración y reconocimiento, como paquete “todo incluido” que no se cotiza al precio de un hotel en los cayos, pero se valora exactamente igual por quienes con eso les alcanza.

Los hay que la vida no les bastó para sembrar el temor, y sí, sus hijos, nietos y todos cuantos les rodeaban terminaron por respetarlos. Esos se fueron o viven equivocados pensando que el miedo era el respeto de los que, en un triste final, nunca pudieron decirles lo que en verdad pensaban.

Sin embargo, siempre será esa la cara más fea que mostrar, tan diferente de los tantos otros que andan por ahí o debieron partir queriendo hacer más por los suyos, para los que fue ternura a pesar de las risas, los llantos y los enojos. A esos los retrató el científico, filósofo y escritor francés Blaise Pascal cuando sentenció que “el primer efecto del amor es inspirar un gran respeto; se siente veneración por quien se ama”.

Mirémoslo como un efecto bumerán. Del cariño y respeto que seamos capaces de dar hoy, saldrá el que recibiremos mañana. Lo que no se siembra no se recoge y al respetar terminamos por asegurar un ambiente de cordialidad y seguridad.

Niño con su abuela El asunto rebasa los lazos de la consanguinidad para llegar a esos héroes que también hicieron para que estemos aquí. Y la historia se encarga de develarlos. El mayor peligro es olvidarla, cuando hoy, para algunos, lo que aparece en los libros les resulta ajeno, o cuando, en el afán por acercarla a estos tiempos, los nuevos códigos terminan por tergiversarla, que, a la larga, es igual a borrarla.

Para el académico mexicano Francisco Javier Contreras Horta, un pueblo que no recuerda a sus héroes es, “más que nación, un conglomerado de personas con cultura e intereses diferentes, sin un punto de vista en común, solo geográficamente juntos”.

Quien no recuerda, no agradece, y “el agradecimiento es la memoria del corazón”. De ahí que para Contreras Horta, “cuando recordamos y agradecemos, nos dignificamos como personas, reconocemos nuestros orígenes, nos sabemos todos hermanos, aceptamos que venimos todos de donde mismo y sabemos que juntos llegaremos a un lugar común: eso es ser patria, eso es hacer patria”.

La retrospectiva puede que no nos alcance para descubrir dónde empezó el camino, y en el árbol genealógico, probablemente, tengamos de todo un poco. Siempre aparecerá quien diga “¡cómo se parece al abuelo!, por aquella ley de la genética que dicta que los hijos salen a las terceras generaciones, y no dejará de tener razón, porque, salvando los tiempos y las distancias, tenemos que admitirlo: lo de nosotros viene de atrás.


Comentarios  

# Dayguan 03-01-2019 14:01
excelente articulo, ojalá la lectura les hiciera cpmprender a muchos
Responder | Responder con una citación | Citar
# senelio ceballos 04-01-2019 07:50
Para el académico mexicano Francisco Javier Contreras Horta, un pueblo que no recuerda a sus héroes es, “más que nación, un conglomerado de personas con cultura e intereses diferentes, sin un punto de vista en común, solo geográficamente juntos”.........GENIAL pensamiento....nuestro intellectual..Prof. LEAL..dijo.. el anno pasado cuando le otorgaban un premio en N.Y. La nacion / sociedad que pierde sus memorias historicas....tiende a perderlo todo...mas o menos dijo asi........Si vamos varios siglos atras [ IX- Entre los annos 870-900 ] cuando ROMA...perdia a Stambul como su segunda ROMA Y NACIA alla llejos entre las tribus barbaras ...... ALGO que hasta hoy tiene sus influencias culturales...EL CODIGO- de KIRILOS eslavianas..MOSCU....como la ROMA-3... No borrar / destruir las culturas y sus raices con espadas y fuego,,,Como lo hicieron nuestros antepasados hispanicos por nuetras tierras..........Usar esas culturas a su favor!!!!.... a ESO se le llama..Codigo de Kirilos.......LLegar no con la espada y el fusil a destruir...LLEGAR con la cultura!!!!......No olviden que la cultura, la musica, las costumbres y tradiciones..UNEN ..otros factores SEPARAN. El guajiro de Turiguano!!
Responder | Responder con una citación | Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar