Martes, 25 de septiembre de 2018 5:39 PM

Puro chantaje (+Gráfico)

La nalgada que me dio mi padre todavía la recuerdo. De niña, mami siempre me bañaba, mas, aquel día le tocó a él y a mí, poner la perreta. Tenía solo cinco años, pero puedo recordar, claramente, dónde y cómo el viejo me dejó su mano marcada para enseñarme que lo que ellos dijeran se respetaba.

Mi papá nunca ha sido un hombre violento, pues, aclaro fue la primera y la última, no obstante, la cifra pudo aumentar con el tiempo si se tenía en cuenta mi problema para levantarme temprano e ir a la escuela, mis pocos deseos de tender la cama los sábados, motivada por los muñequitos o el primer “enamoramiento” de la primaria, sin embargo fue todo lo contrario.

Para las sábanas pegadas de la mañana papi tenía su truco, me despertaba con una canción o me llenaba de besos la cara, mientras que mami me llamaba desde la cocina y eso me caíaaaaaa…, me enseñó que no podía ver la televisión si antes mi cama no estaba organizada y respecto a los novios, bueno, ese era el tema picante porque los padres son celosos con sus hijas y el mío no se queda detrás.

Con el tiempo descubrí la manera de hacerme respetar sin ofenderlos aunque, 18 años después, la parte de mi cuerpo en donde se posó la mano de mi padre, todavía duela como recordándome el error.

Por eso, hace unos días cuando en el Coppelia de Ciego de Ávila una niña amenazaba a la madre con no tomar helado y esta la pellizcaba para hacerla entender de la pena que estaban pasando, me acordé tanto de aquella nalgada. No entendía cómo ambas se halaban los pelos, se maldecían, una lloraba, la otra volvía a pellizcar y la hija, de unos ocho años, parecía la madre de su progenitora.

Nunca escuché tantos insultos juntos. “Eres una estúpida, una gorda estúpida y nadie te va a querer por eso, gorda”. La madre le abría los ojos y la chiquilla le replicaba que a ella no le daba pena con nadie y que si seguía maltratándola, cuando salieran de allí, algo malo pasaría para cobrarle las lágrimas que la infante derramó.

Yo tocaba con el pie por debajo de la mesa a mi mamá, quien también tiene unas libritas de más y nunca se me hubiera ocurrido llamarla gorda, y subíamos las cejas como quien dice ¿tú estás oyendo eso?, mientras las protagonistas seguían en lo suyo.

Otra vez aquel “estúpida” me retumbaba en los oídos hasta que dejé de escucharlas para pedirle bajito a todos los santos que el helado llegara rápido. La espera se me hacía larga, el reloj no caminaba y solo escuchaba cómo la pequeña con toda autoridad decía “aquí no ha pasado nada, cuando lleguemos a la casa es cuando es”.

Mis escasas perretas se hacían añicos ante tanta falta de respeto, de la que, únicamente, mi madre y yo fuimos espectadoras. Lo juro, en ese minuto pensé en papi, después imaginé lo que él, como tantos otros, hubiera hecho, tomarme de la mano a la primera lágrima y sacarme de allí, porque una malacrianza así no se puede tolerar.

¡Al fin llegó el helado! La niña y la madre, ahora a la misma altura, lo tomaron como si nada hubiera ocurrido, mientras el mío se amontonaba en la garganta de lo rápido que tragaba, con tal de irme lo antes posible. De suponer era, que la “historia” terminaría como película sangrienta al llegar a la casa. Puertas adentro la situación no debía ser muy distinta.

Sin embargo preferí no imaginar, aunque hubiese pagado todo el dinero del mundo con tal de ver por un huequito, cómo la madre se ajustaba los pantalones y se daba a respetar por la que, en apariencias, era la niña.

• “Tipos de chantaje emocional”

 Gragico maltrato


Comentarios  

# Pedro Marquez 19-02-2018 09:23
exelente articulo de una exelente periodista
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# JVJ 19-02-2018 13:52
Muy artículo, hoy se invierten los papeles, tal parece que los niños son los padres y amenzan a sus progenitores con armar más perreta, los padres inconcientemente caen en sus amenazas (no son todos), comprándole esto o aquello, hacen muy mal.
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# Lisandra 19-02-2018 14:11
Lisandra el tema es muy cotidiano y que bueno que lo hallas tocado porque en estos tiempos los padres quieren educar a sus hijos en la calle, y uno siempre con el ojo clínico mirando un espéctaculo tan desagradable que de cierta forma aunque no seamos protagonístas hasta nos molesta, no se pero yo soy nacida en el 85 que pocos años mas tarde llego el periodo especial y los padres de esos años tenian un estrés similar al de hoy en día y educación fue totalmente distinta, se que muchas madres se veran reflejadas en el escrito y cuanto quisiera que se miraran por dentro y mejoren la forma de educar porque los tiempos cambian lo que no podemos cambiar es la educación.
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# brmh 19-02-2018 15:51
alguna persona de las presentes le llamo la atencion a la MADRE ?
que esta pasando en nuestra sociedad donde lo COMUN es virar la cara hacia el otro lado ?
OIGO a muchas personas que VIAJAN decir alla afuera los NIñOS son sagrados, el que le de una NALGADA a su hijo lo acusan.
es CUBITA la BELLA el ESTADO que mas hace por los niños ,pero tiene que crear los mecanismos para que cosas como estas no queden IMPUNE
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# Kamilo 19-02-2018 16:54
La educación empieza en el hogar,y dentro de este hay cosas que no se pueden permitir a los niños,quizás en este caso esa discusiones y perretas sean comunes entre los padres,desgraciadamente muchas veces se tienen hijos,sin tener la madurez necesaria,ni las condiciones mínimas,la responsabilidad más grande de un ser humano,es tener un hijo y muchos tienen hijos sin ser responsables de ellos mismo,
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# Jose 20-02-2018 15:01
Referente al tema podría decir, que es un fenómeno muy complejo, que implica déficits educativos, predisposiciones genéticas y la influencia de una sociedad hedonista. Este caso pertenece al síndrome del emperador. "Se caracteriza porque el hijo abusa de los padres (madre, más habitualmente) sin que haya causas sociales que lo expliquen, y sin que estos hayan sido negligentes, es decir, que aunque no hayan sido unos padres 'perfectos', lo han tratado con un amor y atención que bastaría para que todos los niños sin tal síndrome crecieran como personas no violentas". Ahora se producen más casos que antes porque "en la sociedad actual hay un riesgo mayor. Antes el mensaje social era de contención y de guardar respeto por creencias, por los padres y los maestros. Hemos cometido un error de gran calado, hemos creído –y los psicólogos, pedagogos y educadores quizás hayamos tenido nuestra parte de culpa— que la conciencia, el sentimiento del culpa por nuestros actos, era algo obsoleto, propio de ideologías caducas, de una religión trasnochada. Pero es un error fatal, porque es la culpa la que nos hace del todo humanos; sin ella los otros se convierten en medios para nuestros fines, y no un fin en sí mismo. Observa a los psicópatas: su gran característica es que no sienten culpa alguna por sus fechorías". Esa Madre y su hija, ambas, necesitan ayuda urgente de los trabajadores sociales, psicólogos y médico de cabecera. "La violencia del síndrome del emperador se basa en dos aspectos: uno, una predisposición constitucional consistente en tener muchos problemas para sentir emociones morales y, por ello, para desarrollar la conciencia; y dos, un ambiente que no es lo suficientemente apropiado para inducir el autocontrol", "Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras"
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# Vanesa 20-02-2018 15:37
Ahora queremos arreglar todo con sicología, y no queremos darle una nalgada a ningún niño porque se tomaría como violencia, pero de vez en cuando sacudirles el polvo de las nalga no hace nada malo, se pierde el respeto desde la casa que permiten en ocasiones esos chantajes a los niños, y por tal que no llore le damos todos los gusto y ahí es donde se pierde el respeto a los padres, decirle a Lisandra que es un buen artículo
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# Neilán 20-02-2018 23:47
Felicidades por tu comentario: tocaste un tema que a veces se obvia. Por acá en la UCLV sigo sus trabajos, saludos
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# vasilymp 26-02-2018 09:59
Creo que es una crónica en primera persona escrita para hacer reflexionar sobre un tema bien interesante y del que todavía no acabamos de concientizar los padres, abuelos, la familia toda.
La historia, contada en un paralelismo trepidante que nos lleva a un desenlace esperado y, quizás, abierto, deja entrever los dotes narrativos de Lisandra o el acierto en tomar la crónica como instrumento de trabajo para trasmitir su mensaje.
Un mensaje que está muy a tono con estos tiempos. Un mensaje que parece expandirse por todos los medios expresivos del arte y que nos ha dado una larga producción de, verbigracia, películas sobre la infancia, el abuso infantil, la familia.
Lo interesante en este punto, a mi juicio, es el reflejo de una realidad que está haciendo estragos en la sociedad. La no-educación de la familia, la dejadez del cumplimiento de los roles, la permisividad, la ausencia de límites. Todo esto, determinantes de trastornos de la personalidad a largo plazo.
Cuando hablamos de educación, nos debemos referir a la posibilidad de acercarle conocimientos al infante que repercutan en su propio desarrollo personal. Es como la disciplina, «hacer lo que no quiero para lograr lo que quiero». Y esto no quiere decir enseñarle al niño solo lo que él quiera, sino, mostrarle el mundo, la manera más adecuada de acercarse y participar en él.
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# senelio ceballos 02-03-2018 09:06
Al leer estos comentarios veo..CUANTO AMOR!! PREOCUPACION por el future de nuestros hijos y la patria...Si uds vieran, la educacion en otros paises...pudieran compararr..Yo me siento orgulloso de mis padres EPD....Me chancletearon varias veces a mi y mis hermanos por chiquilladas que jamas ls he olvidado y las guardo a s 70 abriles..Gracias a todos por sus particupaciones
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