Parque avileño acechado por el deterioro

Casi con la misma velocidad que un chasquido de los dedos Ciego de Ávila se acerca a la primera década de funcionamiento del Parque de la Ciudad. La transformación de aquella área de la capital avileña evidenció que los pueblos pueden cambiar sus entornos para que la vida les fluya con armonía, salud y progreso.

inter parque ciudad deterioro iNohema DíazBasurero y pastizal de equinos: nada concuerda con la belleza que amerita el ParqueLo que no está escrito en ese proceso renovador, aunque se cae de la mata, es la urgencia de proteger lo que tanto cuesta. Hoy duele demasiado que esa zona, con posibilidades de ser una significativa atracción turística, haya caído en el marasmo, víctima de malos constructores, indolentes contaminadores e incompetencia de quienes deciden en las posibilidades para su comercialización.

Con anterioridad se ha informado sobre las perspectivas de desarrollo de toda esta área, un aliciente de envergadura, aunque se contradice con algo que hoy castiga el rostro sin que se pueda esquivar el golpe: un espacio tan amplio amerita su máximo aprovechamiento. No obstante, las acciones implican el orden lógico de construir y luego cuidar lo hecho.

El verano pasado fueron inauguradas algunas obras, las más atractivas fueron dos piscinas destinadas a la infancia, en las proximidades del restaurante El Avión. Funcionaron a medias, entre otros detalles, por mala calidad en la terminación. Vergüenza debía darles a quienes allí laboraron la situación del piso, rugoso y dañino para los usuarios de aquellos días iniciales, en una de las albercas.

No lejos de allí nació El Pesquero, cuya principal atracción radica en la posibilidad de que los menores acudan con sus padres y tengan la oportunidad de ejercitarse en una actividad primaria del ser humano: capturar peces, pero la construcción de los estanques no fue con la calidad requerida, sobre todo, de las tilapias, necesitado de relleno por uno de sus extremos para protegerlo de las crecidas del lago aledaño.

inter parque ciudad deterioroNohema DíazNi las cañadas que botan aguas de albañales tienen este aspectoSi tenemos en cuenta que esa parte tiene a los niños en la preferencia ¿cómo explicar entonces la escasa venta de confituras y la ausencia de servicios sanitarios?

Otro detalle que debía pensarse para el futuro de los locales mencionados es el agua, que proviene de las fuentes de abasto de la capital avileña, teniendo al lago conocido como La Turbina a escasos metros, pero con el vital líquido contaminado; no se concibe que nada se haya avanzado en cuanto al saneamiento de ese espejo.

En diálogo con trabajadores de las instalaciones se notan coincidencias en cuanto a la falta de comercialización por detalles elementales: la gente no acude en las noches por la lejanía, la oscuridad y las escasas ofertas, sin embargo, esos horarios se han hecho ideales para diversas fechorías.

De poco servirá al Parque de la Ciudad si se convierte en pastizal para equinos sin que sus dueños sean multados y con la dificultad de que en medio de un paseo usted reciba una invasión de garrapatas, mientras nuestro modesto Malecón pierde el encanto por la suciedad y el agua resulta opacada por las malanguetas que bien pueden aprovecharse en otros objetivos.

La aspiración de que el Parque de la Ciudad crezca late en la mayoría de los avileños, pero si el deterioro acecha, debemos sacar el enanito que Silvio Rodríguez legó al imaginario cubano e instalarlo en nuestras manos, cerebro y corazón: la obra todavía no está terminada; se la debemos a las generaciones que nos sucederán.