Kilos contra Liborio

Como a bordo de un verdadero horno, ahí está, a las puertas, el verano.

¿Si esto es así ahora, en mayo, qué nos espera, entonces, para los meses de julio y agosto?, suele preguntarse mucha gente, en un ejercicio de imaginación que llevamos varios años escuchando.

Y, en verdad, las altas temperaturas ponen a pensar a cualquiera. En tiempos de nuestros abuelos el asunto, no tan ardiente, se resolvía con una buena sombra de árbol, a merced de la brisa; con una penca o abanico, e incluso, a ventana de cuarto completamente abierta durante toda la noche, porque los ventiladores eran un lujo y los equipos de aire acondicionado prácticamente un capítulo dentro de las Veinte mil leguas de viaje submarino, escritas por Julio Verne.

Hoy en cualquier hogar cubano hay varios equipos diseñados y emplazados para “refrescar” el ambiente, sin incluir los destinados al entretenimiento.

Y eso es bueno. Lo malo, o preocupante, es la medida de su uso. Felicitaciones para quienes los desconectan una vez resueltas sus necesidades o cuando abandonan la habitación. La práctica hogareña y el entorno laboral cotidiano indican, sin embargo, que no siempre ocurre así. ¿Por qué?: por descuido, por negligencia, por falta de hábito, por ausencia de una cultura acerca del ahorro, porque nada me cuesta o quien paga es otro.

Conozco viviendas cuyos moradores duermen a rienda suelta, chatean por el celular o incluso han salido a dar una vueltecita fuera de casa, mientras el televisor permanece “encendido”, el ventilador pidiendo a gritos un alto, más de un tubo de iluminación “en llamas”, o agua hirviendo sin compasión en una olla sobre la hornilla eléctrica.

Más allá de cuantas explicaciones o justificaciones puedan ofrecerse, eso, en términos de economía, tiene un nombre: derroche. Y, aunque muchos no midamos consecuencias, la sumatoria social de tal comportamiento le desgarra cientos de miles y hasta millones de pesos a la misma economía de la que queremos más: transporte, alimento, agua...

Nadie imagine que estas líneas son un breaker eléctrico, que aísla y fustiga solo al ámbito familiar, aun cuando se sabe que en el sector residencial el descuido campea.

El ajuste y reajuste de planes en entidades estatales de producción y servicios no siempre está acompañado por acciones en correspondencia con la necesidad de enmarcarse dentro del rango de consumo asignado.

aire acondicionadoNo se trata de opción cero, sino de cero opción para el derroche innecesarioEspecialistas saben que, como mismo se derrocha agua al por mayor (por todas las causas conocidas, justificadas o no, que nunca lo son), también es notable la energía que dilapidamos en momentos como estos, cuando el contexto financiero nacional y el panorama internacional debieran conducir a que todos, y en todas partes, defendamos, con hechos, hasta el último kilo (centavo) y kilo (watt).

Lo confirman realidades tan contraproducentes como que, mientras miles de avileños desfilaban por el Primero de Mayo, enarbolando carteles contra el bloqueo, a favor de la eficiencia y del ahorro, las luminarias de la Plaza General Máximo Gómez Báez seguían emitiendo tanta luz como el astro rey, a pleno día.

En recientes declaraciones a Invasor, Daniel Pérez García, director Comercial de la Empresa Eléctrica en Ciego de Ávila, reiteró lo que autoridades políticas y administrativas han dicho en más de una ocasión: la voluntad de no afectar a la población mediante apagones, pero también la necesidad de extremar medidas en términos de ahorro energético.

Una vieja frase popular consigna que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran. Ojalá, por negligencia, por no hacer lo que a cada quien nos corresponde, o por la razón que sea, no tengamos que llorar, mañana, la energía que le estamos derrochando al mismísimo Liborio.