Haga la cola, por favor

Nadie que pueda tener en su mano el boleto para realizar un viaje interprovincial se arriesga a pasar la noche en una terminal de ómnibus, a expensas de que su número en la lista de espera nunca llegue. Nadie que no tenga transporte particular, obviamente, porque de ser así solo haría falta adquirir el combustible y poner el pie en el acelerador.

Dicha esta la que puede disfrutar una minoría pues, la otra parte solo tiene tres opciones. Una, irse para la carretera o a los puntos de embarque con el dinero en la mano, a suerte y verdad, pretendiendo que habrá algún chofer dispuesto a recogerlo, aunque eso sea, últimamente, casi una utopía. La otra alternativa es recurrir a la lista de espera, que, en dependencia del destino y la época del año, extiende la estancia del viajante en una terminal.

La última pareciera ser la más confiable, no obstante, requiere mucho tiempo de la persona. Sí, porque la reservación de un pasaje es una de las maneras más seguras de viajar que ha encontrado el cubano, con la posibilidad de escoger el momento según sus necesidades.

En Ciego de Ávila somos expertos en eso, lo digo por la cantidad de personas que siempre están cerca del salón de reservaciones de nuestra terminal, esperando para “adquirir” esa seguridad. Al menos en el horario de la mañana el trámite es bastante engorroso, sobre todo para saber si habrá capacidad en el día, la hora y el destino deseado.

Sobre los servicios, la población suele tener quejas y este no es la excepción. La gente se pregunta cómo es posible que para saber si alcanzan boletines deban hacer la cola aunque, al final, se marchen con un no como respuesta, en muchos de los casos.

A la interrogante, los trabajadores que expenden los boletines aclaran que, para saber a ciencia cierta si existen asientos disponibles deben ingresar a un Sistema computarizado, implicando que cuando llegue la persona a la taquilla ya no exista la posibilidad de viajar.

Sucede que muchos no entienden de informatización y solo esperan salir de allí con su pasaje en mano porque, a lo mejor, debe estar tal día, en más cual lugar, para despedir a un ser querido que no volverá a ver dentro de un año o, en el mejor de los casos, salir de vacaciones. Entonces no queda otro remedio: o haces la cola o te vas.

En tales circunstancias mi preocupación es si existe la posibilidad de habilitar un teléfono, dentro de la instalación, para que las personas llamen y conozcan, al menos, el número de capacidades disponibles en un determinado destino, o poner una cartel informativo en las afueras del salón justamente para eso, informar.

Respetar el tiempo que las personas destinan a realizar estas gestiones es fundamental pues, tal vez, quien debe esperar por una gran cantidad de personas pidió 15 minutos a su jefe para salir del trabajo y regresar con urgencia, o dejó a un hijo enfermo en casa, como le sucedió a una madre, días atrás, a la que orientaron hacer la misma cola para adquirir un asiento en la guagua de turnos médicos.

La cuestión no está en criticar el trabajo de quienes laboran en esta oficina, por demás consecuentes con lo que hacen y de buen trato con el público, sino llamar la atención sobre quienes deciden, en la propia terminal.

No es volverse locos desde ahora y comenzar a imprimir hojas para actualizar a quien busca información, pero sí “darle un norte”, evitar que se marche sin, al menos, una explicación.