Sábado, 20 de julio de 2019 1:55 PM

Guaguas en-calladas

Aquella noche ella deseó que pasara una guagua, tal vez, la de siempre, pero necesitaba alguna para llegar a su casa después de un día completo de trabajo, que comenzó a la 12:30 del mediodía y, al parecer, no tenía para cuándo acabar.

Ella trabaja en la cayería norte de esta provincia y, jornada tras jornada, sale del hotel a la hora justa para esperar con calma el transporte, pero, aquella noche, por mucho que se le adelantó al reloj, el ómnibus nunca llegó.

Alguien tuvo la idea de llamar al operativo de guardia en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Transmetro de Ciego de Ávila, de donde, se supone, entran y salen los ómnibus destinados a prestar este servicio. Del otro lado del teléfono respondieron con un “esperen que la guagua los va a recoger”, pero, otra vez, ella, junto a sus compañeros de trabajo, vio cómo los únicos que llegaban eran los mosquitos para recordarles la desgracia, y también picarlos.

Debió llamar a su casa para avisar que no regresaría hasta la mañana siguiente. Pasaría la noche en el recibidor del hotel si los directivos de este así lo autorizaban, sentada en una butaca, dando cabezazos y esperando por una respuesta.

Si bien esto no le sucede todos los días, me confesó que han sido tres veces, tres incómodas veces pasando la noche fuera de su casa, agotada de la jornada laboral y casi en vela, rezando porque llegue la mañana para regresar, tomar un baño caliente, dormir un poco (muy poco) y volver al trabajo al mediodía.

Por suerte, llevaba dinero en la cartera cuando llegó la bendita hora de subir al ómnibus, pues, tenía que “tocar” con algo al chofer por estar fuera de su turno.

En los papeles oficiales consta que de la cayería a Ciego de Ávila se deben pagar 10. 00 CUP, como asegura Fidel Cecilio Rojas Borrero, director de la UEB avileña, sin embargo, ella dio 25. 00 CUP, porque “eso es lo que te piden y ni se te ocurra bajarte de ahí”, dicen las lenguas que han debido “desembolsar” tal cantidad para llegar a casa, o a algún lugar del destino turístico.

Cuentan, además, que en muchas ocasiones salen antes del hotel para probar suerte en los ómnibus de un turno con horarios más cómodos y, aun teniendo asientos disponibles, hay choferes que no se lo permiten, como si fueran los propietarios de la guagua o como si ese no fuera el propósito de su trabajo.

Por las dudas, también se reglamenta en papeles la posibilidad de que el chofer monte a los trabajadores aunque estos no viajen en su turno, siempre y cuando existan asientos vacíos y sin la obligación de pagar por un servicio que, de antemano, se remunera; información confirmada por Rojas Borrero, pero parece que en este caso, como en otros, la mayoría de los papeles y legislaciones quedan para engavetarse.

Cada cual tiene su teoría. Los trabajadores deben designar a uno de sus compañeros como jefe de la guagua por si ocurre algún problema, por si al llegar los asientos están ocupados por personas de la calle, por si la guagua no puede entrar a Morón, pero se desvía (aunque para eso también está el GPS), retrasando aún más el viaje, o por si nunca llega, como le pasó a ella.

Por el contrario, otros dicen que en los hoteles debe existir alguien que se ocupe de hacer la gestión.

Hay mucho de este servicio desconocido por ella, pero sí sabe que, cuando menos se lo espere, volverá a dormir en el lobby de un hotel, hasta que explote algo más que su paciencia.


Comentarios  

# ycv 19-07-2019 10:18
Buen artículo, pero le falta mucho al mismo, como por ejemplo que en casi todos los hoteles hay turnos que auqnue vengan asientos vacíos, no uedes ocuparlos porque los propios trabajadores del hotel le pagan 1 CUC al chofer para poner las mochilas atestadas hasta el cuello, no sé de qué.. y eso lo saben los directivos de la empresa Transmetro, que nadie viva ageno a que lo hacen a escondidas.. cada cual se moja con algo y lo peor es que no tiene solución, porque el árbol hay que cortarlo desde la propia raíz..
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