Miércoles, 21 de noviembre de 2018 6:58 AM

Fidel: dicho y con hechos

Desde niño escuché una frase que, como muchísimos cubanos, nunca olvidé: “La Revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, sino en el corazón para morir por ella.”

A Fidel, mucho menos. Jamás fue, no es, ni será un hombre para llevar solo a ras de labios, limitado al estrecho espacio de la referencia meramente enunciativa o verbal.

Dichos y hechosPastor Batista Un padre de verdad, cala tan hondo y está tan presente en todo, que ingrato sería no actuar después en justa correspondencia con su legado.

En un audiovisual he vuelto a ver la imagen del presidente nicaragüense Daniel Ortega repitiendo la pregunta ¿dónde está Fidel?, y un coro enorme de pueblo respondiendo a una sola voz: ¡Yo soy Fidel!

Con luto, y el más noble de todos los orgullos, miles de niños y adultos triangularon esa misma frase en el punto más visible de su frente o de sus mejillas. Soportes impresos no quedaron atrás.

Tal vez un gel de baño y agua o el más modesto de los jabones en uso deslavó, horas después, la forma tejida por las 10 letras en línea sobre la piel. El contenido, la esencia, no.

Del mismo modo que ni el más torrencial aguacero podría desprender la vida que late en el corazón de una piedra serrana, allá, en Santa Ifigenia, tampoco haya nada que ponga fin a enseñanzas, conceptos, convicciones y principios que los cubanos estamos llamados a revertir, desde adentro, en hechos, al pie de esas 10 letras.

Lejos de ser, en verdad, como Fidel, está quien carece o no aplica el sentido del momento histórico que vive; quien desvía recursos, roba o se corrompe; quien por miedo, o para no buscarse problemas frente a lo mal hecho, no defiende valores en los que sí cree, viola principios éticos o miente: lo mismo a la hora de ofrecer una información oficial que en el más cotidiano diálogo.

Llevar dentro y ser por fuera el Comandante en Jefe, es tratar como ser humano a esa mujer u hombre que acude a la consulta médica, a la taquilla de Ómnibus Nacionales o a la oficina concebida para que su queja o preocupación sea atendida y tramitada como debe ser... algo que no siempre, ni en todas partes ocurre.

Hagamos un simple ejercicio de meditación. ¿Desde cuándo estamos oyendo decir que, en el contexto del actual modelo económico y de las transformaciones que lleva adelante el país, es preciso cambiar la mentalidad? Años ya. Lo plasma, incluso, el Concepto de Revolución (...) es cambiar todo lo que debe ser cambiado (...) ¿y quién no sabe que política, administrativa, institucional, social y familiarmente, muchísimos seguimos anclados a una obsolescencia o rigidez cerebral incompatibles con el momento?

Exigir más de lo que se entrega (y no faltan quienes lo hacen), actuar como si la riqueza cayera del cielo y no del trabajo creador —en primera persona—, imaginar que nuestros problemas serán resueltos por poderosas fuerzas que solo han servido para multiplicar penurias y cadenas más allá de nuestro ámbito nacional, es carecer de visión, inteligencia, audacia, realismo y hasta de sentido común.

Pronto la humanidad iniciará un nuevo año. Nadie dude que el primer día de enero, como siempre, Fidel estará con nosotros, irradiando unidad. Estemos, esa y las 364 jornadas siguientes, también nosotros con él. O sea: intentemos, día por día —con hechos, más allá de lo dicho— ser como continúa siendo él, en cada instante, contra todo viento y contra toda marea.


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