Lunes, 25 de marzo de 2019 8:07 PM

Escuela de padres

Y allí estábamos nosotros, tratando de caber en las sillas, 20 o 30 años después de que vistiéramos pañoleta roja por última vez, y mirando con los ojos a medio cerrar la pizarra verde llena de números.

La maestra, tiza en mano, exponía el procedimiento para hallar el mínimo común múltiplo y, como si se tratara de la clase de Matemática terminada apenas un par de horas atrás, preguntaba si había quedado claro, si se hacía entender. Es muy buena la maestra, debo decir. A unos cuantos, sin embargo, nos seguían pareciendo caracteres chinos con explicaciones en griego.

Más de uno se dijo que ya estaban viejos para tanto estudio, pero nadie lo compartió en público, por vergüenza o por darse cuenta de la utilidad del instante. Luego fue el turno de la profesora de Español. “Lectura y ortografía, hay que leer; menos tablet y celulares y más libros”, repetía sin cansarse, al punto de que ya no se podía definir si hablaba de los muchachos o de nosotros mismos.

La convocatoria no fue exactamente para una “escuela de padres”, de modo que todos fuimos a una reunión típica, todavía en horario laboral, de esas en las que van caracterizando uno a uno a los chiquillos y, de cierta manera, se pasa un poco de pena; de esas en que hay reproches por indisciplinas y falta de concentración, tareas pendientes para la casa, o la organización de alguna actividad festiva.

Pero ese día no hubo nada de eso. Por primera vez en los cinco años de Enseñanza Primaria de mi hijo, la reunión era para compartirle a los padres los objetivos de aprendizaje del semestre y aportarnos herramientas pedagógicas para colaborar con su instrucción y educación. Fue tan buena la experiencia, que hasta nos quedamos con ganas de que tuviera periodicidad.

En tiempos en que las familias se han fragmentado y reconfigurado, y no pocas han delegado la responsabilidad del estudio en la escuela y los repasadores, convertir las reuniones de padres en espacios para la construcción colectiva y la concertación de estrategias educativas parece un “invento” no solo necesario, sino urgente. Por supuesto, no estoy descubriendo el agua tibia y no faltarán quienes me vengan a decir que eso está escrito y descrito en la metodología del sistema de enseñanza en Cuba. En tal caso, solo tengo dos preguntas, aunque ahora solo formularé una: ¿se cumple?

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Y a quienes, por el contrario, crean que se trata de la escuela cubana intentando quitarse “peso” de encima, ahora que escasean los maestros y las auxiliares docentes, debo romperles, cariñosamente y con respeto, su esquema de pensamiento: el “invento” nació en Estados Unidos, primero, y luego se sumó Francia, tan temprano como a finales del siglo XIX y principios del XX. Vamos, que hasta página en Ecured (www.ecured.cu) tiene.

Estamos hablando de un modelo formativo para los padres, la familia en general, e incluso la comunidad, en la que se persigue crear y fomentar una cultura psicopedagógica capaz de producir cambios en el sistema intrafamiliar, decisivo a la postre en el desarrollo de los hijos. No es únicamente una guía de estudio de cara a las pruebas parciales o finales, sino acciones sistemáticas de reflexión, aprendizaje, concertación.

La experiencia de la escuela de padres, de la cual aquí he contado, fue una sorpresa no solo para quienes nos vimos sentados en los puestos de nuestros hijos y regresando a las combinadas y las potencias; también para los amigos que reaccionaron con asombro a las fotos del momento compartidas en Facebook. La extrañeza, por tanto, no es otra cosa que la confirmación de que, aun cuando se trata de una metodología descrita y orientada, es rara avis en el panorama educativo de la provincia y, quizás, del país. Y aquí va la segunda pregunta: ¿será tan difícil?


Comentarios  

# Mayelin 14-02-2019 16:57
Tanta explicación para decir que lo que se pretende es trabajar con la familia a partir de los cambios de comportamientos.
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# la nube 15-02-2019 10:09
Mayelín, me parece que usted no entendió nada.
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# Mayelin 15-02-2019 15:16
Quién no ha entendido bien me parece que es usted.
Quizá no sabe que quiere decir el término cambios de comportamientos.
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# Zory 18-02-2019 15:28
Me parece estupendo todo vínculo de la escuela con la familia, mientras más unidos trabajemos meor será el resultado para los estudiantes, que son nuestros hijos, todo lo que podamos hacer para apoyar la educación lo haremos , es el fututo de ellos por lo que tenemos que luchar, no importa las estrategias, las apoyaremos . Ahora casi no hay maestros, es cuando jugamos el papel , ahora es cuando tenemos que luchar escuela y padres .... ganaremos todos. Gracias por leer mi comentario.
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# Lester24 20-02-2019 08:57
Mayelin, la siento hostil, usted no es la única que conoce el significado de "cambios de comportamientos" porque obviamente no es uno solo. Creo que la periodista es clara, y usted absoluta. Posiciones antagónicas si se quiere. Lease bien el comentario otra vez y verá que tiene un valor excepcional. Ojalá hubiera escuelas de padres en todos los centros y enseñañzas.
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# sayli 21-02-2019 18:10
Mayelín: Lamento que le parezcan demasiadas palabras sobre un tema que, no obstante, considero importante. No sé si cambios de comportamiento tenga otra acepción que la literal y relativa a la conducta de los niños, que es lo que entiendo de su comentario. Le puedo decir, sin embargo, que la experiencia fue gratificante porque permitió estrechar lazos de comunicación y construcción colectiva, algo que en cinco cursos no había experimentado, siendo la misma escuela y los mismos maestros. En la actualidad, quizás como nunca antes, es preciso que los padres participen del proceso docente educativo, porque los niños están expuestos a muchos estímulos y se desconcentran con facilidad. Por otra parte, no todos los padres están en la capacidad de colaborar cuando se trata de realizar las tareas o los trabajos independientes. Dejarlo todo en manos de las escuelas o repasadores es, como mínimo, negligente.
Saludos y gracias por comentar.
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