No basta con un día en la Ciudad de los Portales

De acuerdo con lo previsto, se realizó el domingo 4 de marzo una jornada de limpieza, higienización y embellecimiento en la ciudad de Ciego de Ávila.

Hacía bastante falta. Y seguirá siendo necesario impulsar esas labores, del modo que se ha concebido: segundo domingo de cada mes, con excepción de marzo, por coincidir con la votación popular fijada para el 11; y en mayo con el Día de las Madres.

Oportuna para corregir el tiro donde no se logró hacer buen blanco y para incorporar más efectivos, la jornada vino a ser como un ejercicio en caliente de cuanto se puede hacer, si de verdad empresas y organismos vuelcan sus fuerzas y medios, junto a la población, en un mismo sentido: revertir la imagen que muestra el entorno urbano y crear condiciones mucho más apropiadas para la salud humana y el medio ambiente.

Motivo de justos comentarios, la piel citadina se ha visto lacerada por manchas como las que suelen remarcar áreas verdes sucias y enyerbadas, basura vertida en cualquier lugar y sin señal de recogida a tiempo, aceras sin pintar, escombros amontonados, paredes y muros marcados por la suela del indolente zapato, hojarasca o restos de árboles talados, fetidez en algunos puntos como consecuencia del vertimiento de albañales…

Y, según memoria de los menos jóvenes, Ciego de Ávila, como Morón (incluida también en el naciente movimiento) nunca fueron así.

El asunto, sin embargo, no se resuelve solo con destinar un domingo, cada mes, a ese propósito.

pintando acerasPastor BatistaCuando el trabajo se hace con cuidado, el resultado “da gusto”Hasta la buena intención se demacraría si horas después, personas indolentes continúan incurriendo en todo tipo de indisciplinas que atentan contra el ornato público. Y todo el mundo conoce que ha estado sucediendo, sin que, en todos los casos, haya una respuesta adecuada por parte de quienes deben hacerlo: desde el ciudadano común, hasta empleados, cuerpos de inspección y autoridades encargadas de asegurar el orden.

Siempre, en estos casos, suele acudir a mi memoria la insistencia de nuestro Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, acerca de la impostergable necesidad de lograr la institucionalidad en todos los terrenos, y que, a la vez, cada quien haga lo que le corresponde.

Por eso, a mi modo de ver, ni los cachetes ni los más internos órganos de la ciudad van a brillar solo por la obra y gracia de camiones, cargadores frontales, pipas echando agua con mangueras o tanques de cal para animar contenes de aceras.

Es preciso, en primer lugar, hacerlo bien, sin la chapucería que tanto emerge cuando se quiere “matar y salar” para andar rápido dando por cumplida una tarea.

Y hace, además, muchísima falta que la comunidad, encabezada por los Comités de Defensa de la Revolución, asuma con hechos reales su rol protagónico de participación, no solo durante esa jornada dominical, aislada, sino todo el tiempo.

De no ocurrir así, correremos el riesgo de que algunos y algunas mantengan el pésimo hábito de continuar ensuciando la ciudad “porque en definitiva, un domingo al mes el Estado se encarga de recogerlo todo”. La pulcritud no puede ser de un día. Como tampoco deben serlo la exigencia y la aplicación de lo que establece la ley.