Lunes, 22 de octubre de 2018 11:28 AM

El toro y el buey

Dicen los guajiros que no hay nada mejor para el trabajo en el campo que un buey. Sí, porque cuando los toros son castrados dejan de ser buenos machos reproductores, se vuelven mansos y echan a un lado su sexualidad para “sudar la gota gorda” en los surcos o tirando de la carreta.

El buey debe ser para el toro la burla de los de su especie. Pensemos que cuando uno “se mata” el día entero uncido al yugo, y sin tomar descanso, el otro se da la buena vida en el potrero, pasta a su antojo y, como recompensa, se lleva a la primera vaca que le caiga en gracia.

Aunque para el animal la castración es el fin de su apetito sexual, para el hombre resulta el surgimiento de una fuerza laboral más económica y capaz de ejecutar todo tipo de tareas.

En los humanos existe la distinción entre buey y toro. Dentro de la primera clasificación (el buey trabajador) pudiéramos incluir a los trabajadores de la Empresa de Servicios Comunales. Por las tantas madrugadas en que, mientras dormimos laboran, por los momentos en que hemos tirado un papel en la calle cuando acaban de limpiarla o porque las condiciones de seguridad para el traslado de la basura no son del todo idóneas, es que debiéramos actuar en consecuencia con ellos, subvalorados por muchos.

¿Otro ejemplo? Los linieros de la Empresa Eléctrica de Ciego de Ávila, como los obreros de Comunales, laboran bajo agua, en tiempo de ciclón, de día o de noche. Sin embargo, cuántas veces les hemos agradecido por llegarse al barrio para devolvernos la electricidad, cuando el niño no para de llorar porque tiene calor o se nos acabó el gas de la cocina. Supongo que muy pocas.

Pero, escribiendo este comentario me di cuenta de que, de a poco, va aumentando el número de “toros” en la provincia. Cada vez que se cita para un trabajo voluntario en el edificio o la cuadra aparecen en “manadas” y se pasean por la calle como si con ellos no fuera. Entonces la voluntariedad toma forma de papel en el que debe anotarse la asistencia, pues, quizás, esa sea la forma más efectiva de convocar a la gente. Y al final de la jornada, ¿quiénes participan? Los de siempre.

Cuatro meses atrás, el huracán Irma hizo más visible la desproporción y por toda la Ciudad de los Portales estaban los “toros” celebrando la llegada de la calma, jugando dominó, tomando ron... Esperaron a que fueran otros los que sacaran de sus patios los escombros, las ramas caídas y las tupiciones que el ciclón dejó. Y, ¿a qué no se imaginan a quiénes les tocó la tarea?

En la India, prohíben a las personas tan siquiera molestar a las bestias, y sacrificarlas es considerado un crimen. Los cubanos hemos adoptado parte de esta tradición asiática. Yo, por ejemplo, he visto algunos “toros” caminando por el bulevar o en los bajos del edificio de 12 plantas y, al igual que en la India, se creen intocables, aunque no siempre lo sean.

Entre mugido y mugido se burlan del pobre “buey” que pasa todo el día trabajando. Por otra parte, el “toro” desea ser un intocable vitalicio y la impunidad con la que vive pareciera concedérselo. Lo que me preocupa es que entre los avileños vayamos siendo menos los “bueyes”, consagrados al trabajo, y se reproduzcan los “toros” por cuenta propia.


Comentarios  

# barbaro martinez 13-02-2018 18:47
le he oido decir a varios DECISORES de centros nocturnos , tengo que aumentar el precio de la entrada para lograr que las "gente''que venga sea de "CATEGORIA". y es que no se dan cuenta que en este pais la PIRAMIDE esta invertida, donde el BUEY o la BUEYA, no pueden darce el lujo de ir a unos de esos lugares de ALTA ALCURNIA, nunca he visto en ellos a CIENTIFICOS , MAESTROS que tambien son BUEYES, en estos lugares PULULAN TOROS y TORAS

brmh
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