De pregones dominicales y especuladores

revendedores Un inusual pregón rompe la monotonía de un domingo lluvioso: —La buena colcha de trapeeaarrr… Vamos, que se acaba. —Niño, ¿a cómo?, alcanza alguien a decirle desde un balcón, mientras el vendedor se aleja con prisa bajo la llovizna.

-—A 40.00 pesos “mi tía”, así está en todas partes, dice sin ningún reparo y vuelve a entonar el mismo anuncio, al notar que no ha captado cliente alguno. Parece que los revendedores también tienen sus precios topados y ahora están en tiempos de zafra.

Ante el déficit de artículos de aseo o alimentarios, duplican o hasta más el valor de los productos sin ningún escrúpulo. El mercado negro, donde rigen la oferta y la demanda, traza sus estrategias para obtener más ganancia y lucrar con las necesidades de la población, a la vez que corrompe a quienes tienen en sus manos la distribución y la venta de las mercancías.

Si bien se han adoptado estrategias para evitar el acaparamiento y se ha limitado hasta en las tiendas en divisas la cantidad que puede adquirirse de un mismo producto, ello no ha sido suficiente para cerrar la brecha a los que ven en la necesidad ajena una forma de engordar sus bolsillos.

Para ellos es válido recordar que el artículo 230 del Código Penal vigente dice que “Se sanciona con privación de libertad de tres meses a un año o multas de 100 a 300 cuotas o ambas al particular que: a. Adquiera mercancías u otros objetos con el propósito de revenderlos para obtener lucro a ganancia, b. Retenga en su poder o transporte mercancías o productos en cantidades evidentes e injustificadamente superiores a las requeridas para sus necesidades normales.”

Su conducta, además de infringir la ley, está al margen de cualquier sentimiento de solidaridad y constituye una burla a los esfuerzos del Estado por repartir, de forma equitativa, los recursos disponibles en medio de una tensa situación económica y financiera, que se agrava por la política criminal del bloqueo y la persecución del
gobierno de Estados Unidos contra la Isla.

Habría que preguntarse por qué fallan tan a menudo los sistemas de control y supervisión en los niveles de unidades y empresas, e incluso, pasan inadvertidos para las auditorías los desvíos de recursos, las apropiaciones indebidas y la venta ilícita de propiedades estatales.

Vale la pena analizar qué condiciones propician la proliferación de actitudes negativas en el comportamiento de empleados estatales y cuadros administrativos, y qué hacer para prevenir tales desafueros.

Uno de los procederes, por demás inmoral y corrupto, que hoy resulta reiterativo, es el relacionado con el merodeo de personas en las tiendas o cualquier lugar donde exista la posibilidad de obtener mercancías deficitarias o a bajos precios.

Allí donde hay una oferta viable, lejos de favorecer a los trabajadores o jubilados de bajos ingresos, se convierte en caldo de cultivo para las fechorías de elementos inescrupulosos, desvinculados del estudio o el trabajo, que viven del sudor ajeno, los cuales acaparan todo lo posible para, posteriormente, revender a precios muy superiores.

Identificar a los transgresores y los sitios más vulnerables es una tarea en la cual la población debe estar como los habitantes de Fuenteovejuna, todos a una, en aras de despojar de abrojos el camino para centrar esfuerzos en la producción de bienes de consumo, incremento de la calidad y defensa nacional.

Como señaló el Comandante en Jefe Fidel Castro en una ocasión, ser “firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse”.

En este caso, esa firmeza debe estar ligada a la unidad para no cederle paso a elementos perturbadores del orden, quienes con su actuar deshonesto o egoísta, desacreditan la imagen y los valores que durante más de medio siglo ha construido la Revolución.

Mientras el revendedor de frazadas de piso dobla la esquina con su pregón, tratando de captar incautos, la vecina se dice para sí en voz alta:

“Ya me dieron una por la libreta, yo espero a que me puedan dar otra.”

Sus palabras no son más que el reflejo de la confianza que posee en el Estado Socialista, que se esfuerza por conservar la equidad aún en medio de las condiciones más adversas.