Dame una palanca y…

Llevaba razón el matemático griego Arquímedes de Siracusa cuando en su célebre frase “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” encumbró el principio de la palanca, muy distante entonces de su actual reinterpretación que, en el contexto cubano, la convierte, también, en sinónimo de sociolismo, nepotismo, oportunismo y, amiguismo porque está claro que “el palancazo” no siempre beneficia al más necesitado ni al más idóneo.

Para confirmarlo están los tantos ascensos laborales o reconocimientos que, en lugar de enaltecer a la persona más apta, terminan por favorecer a aquel cuyas capacidades y actitud ante el trabajo dejan mucho que desear, mas, aun así, es “el indicado” pues los jefes le deben muchos favores, y como reza el refrán Una mano lava a la otra y las dos, lavan la cara. O qué decir de las tantas oficinas de trámites en las que el que llega de último, pero con regalito en mano, acaba por resolver en minutos lo que a otros, en cambio, puede costarles horas, días y hasta semanas de corre corre.

Entonces poco valdrá el madrugón para hacer la cola y agenciarse un turno, o la ausencia al centro laboral ese día por lo apremiante de la gestión, si justo cuando cree que podrá solucionar el asunto aparece un conocido, por demás, muy apurado, al que habrá que darle prioridad porque no merece, ni debe esperar, a diferencia de usted que, de modo respetuoso, prefirió descartar la cañona y aguardar pacientemente.

Habrá quien justifique tales procederes con la amistad, o incluso, con la solidaridad que suele caracterizar al cubano, sin embargo, cómo involucrar tales sentimientos cuando en un final, todo se convierte en un trueque de intereses, muchas veces, dádivas de por medio que, a la larga, alimentan la corrupción y las ilegalidades que hoy muchos ven y pocos enfrentan. De esta manera, el amigo solo lo será cuando se necesiten sus influencias para resolver algo, o resulte el intermediario ideal para conseguir un propósito.

Lo cierto es que cada vez son más los que confían a la palanca el éxito de determinada empresa, mientras empieza a hacerse común la práctica de llevar regalos o dinero en mano para realizar cualquier gestión, y aunque el resto se escandalice, al final, se conforman con pensar que “cada cual resuelve a su manera” y “si no es así, las cosas no fluyen”.

El sociolismo se ha generalizado en todos los niveles de nuestra sociedad y sigue haciéndolo con más fuerza en aquellos sitios a los que las personas acuden urgidas por resolver su problema, y en los que, varias veces, resultan los ancianos los más desfavorecidos pues, por más larga que pueda parecer la cola, para acceder a determinado servicio médico especializado o comprar un codiciado material para la construcción, por solo citar un par de ejemplos, siempre quedará lugar para “el amigo” sin ni siquiera equiparar necesidad y condiciones con los que aguardan.

El favorecido se alegrará de haber resuelto lo suyo sin pensar en el perjuicio ocasionado a otros, mas sí en el favor que ahora le debe a quien le tiró “un salve”, y este último, a su vez, habrá lanzado por la borda el tiempo empleado por usted para solucionar su asunto en franca muestra de irrespeto.

Por lo tanto, la próxima vez, antes de convertirse en víctima del “palancazo”, no se sume al silencio cómplice y reclame sus derechos de manera respetuosa, solo así serán menos las brechas abiertas a estas mañas porque está demostrado que, como bien reconoce el refranero popular, El que tiene padrino se bautiza, pero, ¿y el que no?