Criterio de experto

Otras lecturas sobre la débil capacidad constructiva de la provincia de Ciego de Ávila

Un especialista avileño en asuntos de la construcción, luego de analizar una y otra vez el reciente comentario Con pulso de cirujano, sobre la baja capacidad constructiva existente en la provincia, decidió no pasar por alto la oportunidad.

Aunque de igual forma apreciamos las opiniones expresadas por una decena de lectores en Invasor; el arquitecto Jorge Yara Sánchez lo hizo a través del correo tradicional, y con una visión más amplia.

Importante es aclarar que, si bien él es jubilado desde hace una década, por más de 45 se ha mantenido vinculado al sector de los cascos blancos. Experiencia y profundidad en lo que esgrime, lo convierten en una voz a tener muy en cuenta.

Respecto a las cifras expuestas en la citada publicación, a Yara le preocupa que la provincia de Ciego de Ávila posea solo la proporción de un constructor por cada 22 trabajadores, equivalente únicamente al 4,5 por ciento del total; cuando, asegura, a nivel internacional se estima que una relación adecuada en función del desarrollo debe rondar del 7,5 al ocho por ciento.

Si bien esas estadísticas muestran un deficiente punto de partida, al interior de estas descubre otras realidades que complican más la cuestión: ¿Cuántos, dentro del número informado, son realmente constructores? Es decir, ¿cuántos están de forma efectiva a pie de obra, sabiendo que una parte no despreciable de ese colectivo la integra el personal de dirección, administración, oficinas y servicios?

Evidentemente, el punto de vista del calificado arquitecto requiere de un examen con visión transformadora, desde el propio funcionamiento de las entidades estatales del ramo. Mientras, una salida alternativa podría, y debía, emprenderse también a partir de la aprobación de las cooperativas no agropecuarias de construcción.

"¿Por qué, si la Ley de cooperativas está vigente —cuestiona el especialista—, en cinco años no han aprobado ninguna? ¿Están revisando las normas? ¿Por qué la prensa, en tan largo tiempo, no ha aclarado lo que sucede?"

En tanto que, en sus observaciones, devela otras dificultades; a nuestro entender incluso de mayor peso, pues tienen que ver, además, con el tiempo de durabilidad de las obras.

Yara confiesa ver con dudas el hecho de que a alguien, porque diga que es albañil, plomero o electricista, o sin decirlo, le entreguen automáticamente la licencia para construir, lo mismo como cuentapropista o para desempeñarse en una entidad del estado, o para ubicarlo como técnico para supervisar el trabajo. “Cuando cualquiera aspira a manejar un vehículo —ejemplifica—, lo primero que le piden es la licencia de conducción”.

“Vas entonces a una obra donde estos ‘constructores’ están trabajando y no hay un plano, y si lo hay no lo saben interpretar; y hasta el llamado técnico encargado de velar por la calidad, desconoce el modo de preparar las dosificaciones de los materiales y la correcta elaboración y colocación del acero.”

¿Los resultados? Hay edificaciones que quedan bien, es palpable en el acto; algunas se resienten con los días y en otras, con el tiempo, aflora lo mal hecho, principalmente placas agrietadas o con filtraciones.

Es innegable que el arquitecto Jorge Yara refiere cuestiones de irrefutable profundidad, con el valor añadido de que, en medio de una época en la que se tensa la cuerda de las escaseces, él distingue el camino para conseguir una mejor utilización de los pocos materiales constructivos disponibles y, sobre todo, de la fuerza de trabajo. Por dos conceptos radicales andan sus apreciaciones, los de la exigencia y la calificación laboral.

Al tiempo, valoramos que, por la trascendencia del asunto en cuestión, este continúe abierto al debate público.