Construcciones sin rumbo fijo en Ciego de Ávila

¿Pudiera un país tener perspectivas de desarrollo si su capacidad constructiva es débil? La respuesta es obvia y se ajusta a lo planteado esta semana por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Según el presidente, el sector constructivo es clave para la defensa y la economía de nuestro país. Con respecto a la protección del país, no hay dudas de que constituye una prioridad que se cumple con el mayor rigor posible.

En el caso de la economía, la intensión es similar, aunque no siempre se logran los propósitos, lo cual conduce a la pérdida de recursos, de tiempo e insatisfacciones en los servicios para los cuales se conciben las edificaciones y otras acciones afines.

A las instituciones gastronómicas y recreativas corresponde una elevada dosis en cuanto al gasto constructivo sin un respaldo posterior adecuado, ya sea por negligencias de los ejecutores o por incapacidades de quienes deben asegurar su correcto funcionamiento.

No escapa de mis recuerdos el rescate del establecimiento La Confronta, a finales de los ´90, cuando funcionaba con mayor similitud a su forma original, o sea, como fonda, y con horario extendido hasta las primeras horas de la madrugada. Después de aquella etapa, le llegaron otros cambios que considero perjudiciales, entre ellos, los cristales en lugar de paredes, elemento que limitaba la privacidad de los comensales.

Lo peor para ese local estuvo en el aumento de su categoría como restaurante, que trajo consigo mayores precios en sus ofertas y la reducción de su horario de trabajo, de ahí que se perdiera un espacio ideal para dar servicios de calidad.

Parecido ocurrió tras la remodelación de la cafetería Pekín, que siempre laboró las 24 horas, pero de aquella tradición poco queda, y de las oferta mejor ni hablar. En estos momentos la unidad permanece cerrada para corregirle algunos detalles.

Cafetería Jupuro Justo en esa zona de la Ciudad de los Portales queda la cafetería Jupuro, también sin brindar servicio ahora por reparación, aunque en los últimos tiempos en que ha funcionado sus prestaciones distan de lo requerido por el pueblo.

De las obras recientes, la gran anónima resulta El Piñacito, en la intersección de la Carretera hacia Morón y la Circunvalación Norte de la capital avileña. Hace varios años se realizó una ampliación en sus áreas con la idea de que tuviera diversas funciones: restaurante, cafetería, bar, pero, por lo general, sus opciones son escasas.

Así se desaprovecha un espacio ideal para las comunidades y centros laborales aledaños, más la posibilidad de alimentar a viajeros, no solo de la provincia, sino a quienes se trasladan hacia el Oriente y el Occidente del país, cuyos criterios refieren muy mala impresión de la calidad de la gastronomía avileña.

Las construcciones emblemáticas del territorio también tienen afectaciones. Uno de los casos más connotados está en la terminal ferroviaria de Morón, con daños en su techo tras el paso del huracán Irma, a lo que se suma la invasión de aves migratorias que deteriora su interior.

Recientemente, informamos sobre un programa para remodelar la institución, ganadora en el año 2010 del Premio Nacional de Conservación otorgado por el Consejo Nacional de Patrimonio, sin embargo, lo anunciado no tiene la estabilidad aseguradora de un pronto restablecimiento.

De este acontecer hay mucha tela por donde cortar, pero la idea primaria que debe manejarse radica en llevar al pie de la letra la secuencia lógica de construir y, luego, dar los mantenimientos a tiempo.

A la par de esas faenas, urge incrementar los chequeos referidos al cumplimiento del objeto social por el cual existe cada edificación, de manera que esos locales no sean naves sin rumbo fijo. Ni la provincia ni el país están en condiciones de que se pierdan o deterioren.