Ciudad en merma

No pude entenderlo. Que la vidriera de una tienda se adorne con vasos rotos, no me cabía en la mente. Y sentí vergüenza colectiva. Vergüenza de que alguien, de otra provincia, de esta, o venido del exterior, se detuviera en aquel detalle que, para mí, solo denotaba pobreza extrema, pero no de la económica, sino de la otra, la espiritual, la que no deja ver o “ayuda” a que, quienes tienen que ver, no lo hagan.

Aquella imagen me remontó a los años más difíciles del Período Especial, cuando ni rotos los había en las tiendas. Mas, las vidrieras se decoraban con cajas forradas con el papel que apareciera, postales pegadas, lo que hubiera, pero había que mantenerlas “bonitas”.

No era un signo de prosperidad, pero dejaba clara, al menos, la intención de conservar, precisamente, la mejor imagen, la de Ciego de Ávila, la de Cuba.

Y caí en una catarsis que me hizo recorrer, durante casi cuatro horas, las tiendas recaudadoras de divisa de la ciudad de Ciego de Ávila. En la Reina Azul, proveniente de los salideros de las casas existentes en los altos, y sin solución por parte de la Dirección Municipal de la Vivienda, desde poco más de un año, la humedad y el calor amenazan con acabar con los clientes, con mayor impacto en quien sufre de alergias, asma…

inter horario maltratoTomada de granma.cuMaltrato al cliente en el horario de almuerzo

Sumado a eso, la suciedad, el desorden en la estantería, la mala calidad de los zapatos en venta, y los trabajadores en condiciones anormales con la salud en juego, expuestos a cualquier enfermedad por los hongos o bacterias que bien se alimentan cuando la higiene anda mal.

En VideCuba el clima tampoco funciona. Y pensaba: es lógico, cuando no se tiene en cuenta que los acondicionadores de aire sufren (funcionan) el doble o el triple en el verano por las altas temperaturas y la mayor afluencia de público. ¿Hubo acaso un mantenimiento previo y previsor?

La ferretería, ubicada frente al hotel Rueda, para nada desentona con su entorno: sucia, desorganizada, y sin climatización. Entendería si productos como las pinturas que allí se venden se corrompen, en tanto los aires están rotos desde las calendas griegas y, comprobada con un termómetro, la temperatura, que superaba los 38 grados, ponía a punto de colapsar a los clientes y los empleados que, sin otra alternativa, soportan el calor.

¿Acaso las direcciones de Salud municipal y provincial, que radican no muy lejos y a las que les concierne, han dictaminado el peligro que esto representa? ¿Alguna otra autoridad ha puesto su mirada en este asunto? Yo diría que no, porque el problema es viejo y amenaza con eternizarse. ¿Y los especialistas de Protección e Higiene del trabajo?

Detrás del edificio de 12 plantas, donde se puede comprar “de todo como en botica”, el rostro de la ciudad se vuelve mueca: el amontonamiento de mesas, productos, vendedores, compradores…, sin una distribución coherente que facilite la circulación del poco aire que el calor permite; los cuentapropistas que, a cuenta propia, comercializan de todo lo comprado en las zonas de bajo costo en el exterior, como si fuera “faisán de la India”, a precios cósmicos…

En Cruz Verde solo se vendía, según cartel puesto en la puerta de entrada (el viernes 24) equipos electrodomésticos, porque “la tienda está en reparación”. ¿Y cómo atender clientes en medio del polvo, el cemento? ¿Acaso polvo y cemento le hacen bien a los productos? ¿Qué garantía dará luego la Garantía?

De Agua y Jabón, aunque muy organizada, salí casi corriendo. Sentí que no era para mí, que quien puso los precios ignoró incluso el salario medio de los habitantes de este país. Mas, mi cuestionamiento fue otro: ¿Había necesidad de hacer una tienda nueva, o casi nueva, si no hay con qué reparar las existentes?

Para colmo, TRD Caribe La Central, con sus estantes prácticamente vacíos; y Dita, con una paupérrima oferta, que, desde mi percepción, tocó fondo con la venta de una silla de ruedas al precio de 550.00 CUC (12 762.50 CUP ante la conversión); en contraste total con La Libertad, El Encanto o El Trópico, donde la estética invita a entrar y, el ambiente, a comprar.

Catarsis hecha, ¿problema resuelto? Ojalá. En cambio, sin que signifique el caos ni mucho menos, creo que se trata de una urgencia, sobre todo de quienes recuerdan que el Comercio en Ciego de Ávila llegó a ser de Referencia en Cuba. Título que nadie le regaló.

Ah, los vasos rotos, aún decoran la vidriera de la tienda La Victoria, donde se comercializa todo lo que clasifica como producto de merma. ¿Alguien los comprará?