Miércoles, 19 de diciembre de 2018 6:26 AM

Basura en la cabeza

Sentimos un raro olor en las afueras de la casa. Al salir, Jorgito, uno de los vecinos, prendía fuego sobre la acera. Lo interrogamos para saber de qué se trataba y explicó, con la ira a flor de piel, que alguien había lanzado un animal putrefacto en la basura amontonada tras el huracán Irma.

En verdad, la fetidez ya molestaba bastante y, junto al insulto que ello representa al olfato, dolía el oportunismo, la indolencia y la falta de escrúpulos de quienes asumen la limpieza de sus entornos a su antojo, sin importar la incomodidad de sus congéneres.

Similar situación fue reportada en uno de los edificios del reparto Vista Hermosa, en Ciego de Ávila, donde el fallecimiento de un cerdo hizo que su “dolido y anónimo dueño” extendiera el fastidio a los moradores de la zona, bravos, con toda la razón del mundo, por aquel atentado a la convivencia.

Y no dudo que muchos le adjudiquen esas actitudes a un fenómenos post Irma, visto en casi todo el territorio, donde los montones de basura, escombros, árboles y disímiles tarecos se adueñaron de las calles a la espera de los medios necesarios para ser llevados a los vertederos.

Claro, esta vez las fuerzas destinadas a la limpieza resultaron pequeñas en comparación con los estragos, aunque la premura debió ser mayor, al igual que la combatividad ante quienes ultrajan la higiene colectiva sin que nadie les ponga freno.

Para que la provincia quede libre de los desperdicios no basta la acción de los organismos. Se trata de una tarea de todos, con más protagonismo de los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, y demás elementos clave de nuestras comunidades.

Experiencias de anteriores huracanes refieren que, por mucha suciedad que se recoja, a las pocas horas los montones resurgen como por arte de magia, a pesar de que Irma ya es historia.

No obstante, queda el mal recuerdo de que, previo al nefasto paso del fenómeno, varias labores habituales como la poda, la limpieza de tragantes y cañadas, la chapea de solares yermos y la recogida habitual de desechos sólidos, estuvieron por debajo de lo requerido.

Cuando esas funciones institucionales fallan, la inconformidad de la población crece, y los perturbadores, al sentirse a sus anchas, asumen actitudes reprochables como arrojar por doquier cuerpos de animales y escombros que, provocados por el ciclón u otras causas, tupen alcantarillas, contaminan las cañadas y esparcen irritación en el ciudadano de bien.

Un elemento que no puede seguir relegado es la convocatoria a todas las personas para contribuir al rápido retorno a la normalidad mediante la limpieza continua a los entornos, la protección del agua que consumimos y la higiene personal.

De hecho, el número de mosquitos ha crecido de manera exagerada, y si dejamos que proliferen las condiciones para la reproducción de ese insecto las consecuencias serán nefastas.

Irma se fue con su huella, imborrable en la memoria y en el dolor de quienes sufren graves pérdidas materiales, pero, más allá de los saldos negativos, queda la convicción de que solo el trabajo, el orden y la disciplina, a lo cual ha llamado el Consejo de Defensa Provincial, serán medulares para barrer la basura que a una minoría le invade sus cabezas.


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