Barreras mentales

barreras mentalesPastor Batista A las barreras arquitectónicas se unen las que habitan en las conciencias La vida, en ocasiones, muchas más de las que quisiéramos, impone a los seres humanos dificultades imposibles o difíciles de superar.

Estos impedimentos suelen ser mayores para las personas con discapacidad, que tienen que sobreponerse a diario a las numerosas barreras arquitectónicas que aún existen a lo largo y ancho de Ciego de Ávila, de Cuba.

Pero mortifican tanto o más que estos obstáculos, naturales o construidos por la mano del hombre, las barreras mentales a las que tienen que enfrentarse, lamentablemente, casi con la misma frecuencia.

Una amiga me contó, hace algún tiempo, que trataron de impedirle que fuera acompañante de su hijo cuando este tuvo que ser atendido en el cuerpo de guardia de un hospital avileño. ¿El motivo? Que ella depende de una silla de ruedas como medio de locomoción. Sus justas protestas tuvieron recompensa: pudo acompañar a su retoño.

También me confesaba lo doloroso que es acudir a lugares donde no puede entrar, lo cual le ha sucedido más de una vez. Me puso como ejemplo que llegó a un restaurante y la mandaron a entrar por la parte de la cocina, porque por la puerta de entrada no tenía condiciones para que ella pasara con su silla de ruedas. La cocina sí…, tenía un acceso para las carretillas.

¿Por qué tener en cuenta la carretilla que tiene que entrar en una dependencia y no pensar en las sillas de ruedas que tienen que utilizar más que clientes, seres humanos?

Asimismo conocí la historia de otra amistad con discapacidad, a quien se le trató de impedir entrar en una tienda de recaudación de divisas de esta ciudad.

Él también depende del uso de la silla de ruedas. La puerta de entrada del establecimiento era muy estrecha y tampoco lo querían dejar pasar por la de salida.

Tras airados reclamos y más de una discusión, en las que tuvo que soportar incluso frases despectivas sobre su discapacidad, finalmente se impuso la sensatez y pudo adquirir los productos que necesitaba.

Hay barreras arquitectónicas y hay barreras mentales, y aunque ambas duelen, quizás las segundas laceren más. Como me recordaba una integrante de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) hace unos días: “si no fuera por los muros de todo tipo que ponen ante nosotros, me olvidaba de que dependo de una silla de ruedas.”

La Constitución de la República de Cuba (la que debiera difundirse y estudiarse mucho más), en su Capítulo VI, referido a la Igualdad, artículo No. 41, expresa: “Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes.”

Idea que se refuerza en el artículo 42: “La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana está proscrita y es sancionada por la ley.”

Ante la indolencia de muchos, recordé una frase que le dijera la ya fallecida primera ministra de la India, Indira Ghandi, en una entrevista a la periodista italiana Oriana Fallaci: “no le deseo que la vida no le ponga obstáculos en su camino, sino que tenga la capacidad para superarlos”.