Jueves, 20 de septiembre de 2018 12:50 AM

Asalto

Contado así (...) ¿qué niño o adolescente no se identificaría con los hechos?

No sé si 65 años después alguien verá al vigésimo sexto día del mes de julio como uno de esos puntos intermedios, aparentemente iguales, del calendario, por tener la misma cantidad de horas y de minutos que las restantes jornadas. Pero la épica locura protagonizada por lo más cuerdo y rebelde de la juventud ortodoxa cubana, en 1953, le aportó una connotación única e irrepetible que lo distingue de manera muy especial, más allá, incluso, del escenario insular.

Honrado y festejado, año tras año, el 26 de Julio no es solo supremo símbolo de la rebeldía nacional; es hito de victoria, de alegría, de sano orgullo. Por eso, nunca será demasiado todo cuanto hagamos maestros, familia, organizaciones políticas y de masas, medios de comunicación… para que las actuales y futuras generaciones tengan claridad de la trascendencia real de aquel asalto a los cuarteles Moncada, segunda fortaleza militar del país, ubicada en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, por un grupo de jóvenes, encabezados por Fidel, que pretendían poner fin a la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista, darle a Cuba la libertad que merece todo país y revertir el infernal panorama que, en todos los sentidos, atravesaba la nación.

Muy bien valen estos días para preguntarnos si, de verdad, hemos creado bases para que todos los niños, adolescentes, jóvenes, y ya no tan jóvenes, dominen —y no de carretilla— la esencia y el alcance de aquel hecho que comenzó a cambiar, para siempre, el curso de la historia en nuestro país. Cuidado; la satisfacción nunca podrá circunscribirse a presillar en algún pliegue del cerebro lo que debe fluir y prevalecer en el latido de los corazones.

Nadie lo dude: si ahora mismo conversáramos con el octogenario avileño Luis Basulto, con el nonagenario manzanillero Pedro Ramírez o con el espirituano Ángel García, a su manera y con el sello personalísimo de sus palabras, evocarían cómo el plan para el asalto transcurrió en absoluto secreto, porque, además de Fidel, apenas lo conocían otros tres compañeros, mientras el resto sabía que habría combate, pero ignoraba los detalles.

Contarían Luis, Pedro o Ángel, tal como si hubieran estado allí, los preparativos en la Granjita Siboney, el paso al frente dado, a la hora de partir, por los 131 jóvenes que siguieron a Fidel; la negativa de Melba Hernández y de Haydée Santamaría a quedar fuera de las acciones, el asalto y fracaso de la operación, desde el punto de vista militar, convertida en victoria política; Cuba consternada, Batista ordenando matar a 10 asaltantes por cada esbirro suyo muerto,  la cacería, la masacre sobrecumplida, el encierro, las torturas…

Contado así, por abuelos, padres, maestros, guionistas de programas… sin saturación, ¿qué niño o adolescente no se identifi caría con los hechos? En municipios y provincias del país habrá, por estos días, concentraciones populares.

Obras de todo tipo son inauguradas en homenaje al 26. Pero tan meritorio como asistir o cortar una cinta es, también, sentir el suceso histórico, revertirlo en valores, acciones y actitudes como las de aquel “centenar y pico” de muchachos que, con más coraje que armas, se lanzaron sobre el Moncada, sin saber si dejarían allí la vida que les dieron papá y mamá, y sin pensar, mucho menos, en aquello a lo que llaman gloria.


Comentarios  

# Ernesto René Salcedo R 26-07-2018 14:26
ES SÍMBOLO ,IDENTIDAD Y EMANCIPACIÓN DE PUEBLO .
Excelente trabajo , Pastor .
Prof Ernesto René Salcedo R
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# barbaro martinez 27-07-2018 17:20
es REBELDIA,luchar contra lo que parese IMPOSIBLE,caer y LEVANTARSE,infinita fe en la VICTORIA.

brmh
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