Sábado, 20 de julio de 2019 2:15 PM

Ahorro energético, de las cifras totales a lo que algunos no hacen

Televisor y ventiladorNohema Díaz ¿Cómo sacarle el “jugo” a los insuficientes recursos energéticos, de modo que prosigamos el quehacer cotidiano, con las menos interrupciones posibles, y sin desistir del fin económico de seguir adelante? Reto que no es nuevo para los cubanos. Incluso, la cuestión del uso racional de la energía constituye política nacional hace ya más de tres lustros, sintetizada en el movimiento masivo que Fidel Castro bautizó como Revolución Energética.

Aun así, la práctica sigue demostrando que, en esta variante del ahorro, hay algo siempre por corregir. Cuántos no creyeron difícil la decisión adoptada hace poco más de dos meses, de reducir, sobre lo reducido, las cifras de energía fijadas a la provincia de Ciego de Ávila; sin embargo, por razones casuales o reales, el territorio ha logrado ajustarse a lo planificado, sin recurrir a los apagones.

El desafío, a no dudarlo, es aún más grande cuando emprendemos la etapa veraniega (vacacional). Citemos como referencia que el plan diario de consumo eléctrico para el territorio del mes de junio de 2018, fue de 2 335 megaWatts-hora, y en este ha sido de 2 281,3.

Nada justifica, al presente, a aquellos que dejan de concederle todo el valor práctico a la utilización del horario de verano, basado en propiciarle al final de la tarde un mayor empleo a la iluminación natural, que, en la actualidad alcanza poco más o menos las 8:00 pasado meridiano, cuando quedan quienes, al cerrar a las 4:30 o 5:00 pm un establecimiento público, oficina o fábrica encienden las luminarias que quedan prendidas durante toda la noche. ¡Una negligencia mayor, en términos del bolsillo común!

Irregularidades estas y otras, que perduran frente a la mirada indiferente o acusadora de todos y, sobre las cuales siguen accionando los consejos energéticos y la Oficina del Uso Racional de la Energía (ONURE), no solo a instancia de sus inspectores, también por parte de los funcionarios.

Llegados de improviso los especialistas de la ONURE hasta los lugares menos pensados, donde hay un metrocontador en un central azucarero, un frigorífico u otro sitio, entre las violaciones más comunes aparecen las de no tener actualizado el registro diario de consumo de energía, habitaciones con acondicionador de aire sin toda la hermeticidad requerida, o la existencia de tuberías con fugas de vapor.

Otro filón radica en entender qué se esconde tras los resúmenes. El pasado mes de junio vino a confirmar la certeza del valor de la perseverancia, por muy hostil que se presente el momento; pues, a pesar de que las temperaturas apretaron y las lluvias no alcanzaron lo esperado, causante de un incremento en el gasto, al final la provincia se ajustó “por los pelos” (99,9 por ciento) al plan de energía. Incluso salvando una jornada malísima, la del 20, en que el territorio rebasó los 2 491 megaWatts-hora, la mayor cota de consumo eléctrico en lo que va de año.

Si bien son pocas las entidades estatales que no logran adaptarse a las cifras fijadas, a nuestro entender, atañe a estas no solo amarrarse los “cinturones”, también hacer un estudio más profundo del modo en que distribuyen el consumo entre sus establecimientos o formular reclamación ante sus organismos centrales.

Insisto en que apenas comienza la etapa vacacional, y si a un segmento le concierne más esta cuestión del ahorro es al residencial, el cual registró, de junio anterior al recién concluido, un considerable incremento promedio en los niveles de consumo por casa de 2,8 kiloWatts-hora, de 199,8 kilos a 202,6.

Y son los hogares mayoría absoluta en el conjunto de clientes de la red eléctrica del territorio, propietarios de 157 357 de los 178 002 metro-contadores conectados al servicio. Mucho implicaría, por tanto, en las cifras totales lo que algunos no hacen, estimando, quizás, lo poco que representaría su acción.


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