Agresores sin guerra

Azuzado por la no terminación de su casa, el hombre irrumpió ante la comitiva del Grupo Temporal de Trabajo perteneciente a la Región Estratégica Central de Cuba y, en forma totalmente descompuesta, planteó sus inconformidades.

Los funcionarios trataron de esclarecer la situación pero el reclamante mantuvo su aspereza, los llamó mentirosos, no fue receptivo al diálogo y la escena terminó con la intervención de las autoridades, encargadas de neutralizar su violencia.

El referido hecho aconteció a finales del pasado abril, en el consejo popular Máximo Gómez, de Chambas, pero no es el único. Se repite en los lugares afectados por el huracán Irma, en oficinas de la Vivienda, e incluso, en centros de la salud, entre otros. Sucede que las necesidades de la población y las carencias de los organismos para darles solución se han multiplicado, pero la indisciplina y la irracionalidad también.

Lo que no tiene sentido es la tendencia de algunos representantes de las entidades estatales a dar malos tratos a los usuarios, y mucho menos, que estos últimos quieran “hacer justicia” con sus propias manos.

Trabajadores de la Dirección Provincial de Planificación Física, relataron a Invasor que en varias oportunidades han sido víctimas de agresiones verbales y físicas tanto en sus visitas a determinadas casas como en sus oficinas.

Quizás no sepan quienes atacan a los funcionarios que se exponen a sanciones que pudieran privarlos de la libertad entre uno y tres años, más otras complicaciones que pudieran añadirse.

La otra cara de la moneda se da por malas faenas de algunos empleados, hechos que generan molestias, demoras, desinformación e incluso actos de abuso de poder, lo cual también es penalizado con multas o la privación de libertad, en dependencia de la falta.

Ante los malos procederes de una u otra parte es frecuente que algunas personas pierdan la cordura y, acto seguido, surgen discusiones, indisciplinas y reyertas de impredecibles consecuencias.

Muchas veces, ni de un lado ni del otro se conoce lo establecido por el Código Penal en su capítulo sobre la Violación de los deberes inherentes a una función pública, pero el desconocimiento de la Ley no exime a nadie de su cumplimiento.

¿Por qué suceden los altercados?

Primero están las necesidades de la población, en otro orden existe poca preparación de algunos representantes institucionales, además de las pésimas condiciones en locales públicos que entorpecen el adecuado tratamiento.

A los organismos implicados en estos procesos, también les atañe fortalecer la preparación de sus profesionales, basada en el aumento de la capacidad de informar, el conocimiento de lo legislado y la contribución para simplificar las gestiones de los necesitados. Así la vida sería menos complicada.

En contraparte, vale alertar a quienes se alteran, aun teniendo la razón, que poco se logra con la violencia. Si bien nuestro entorno no es el ideal, tampoco vivimos una guerra, sino en un medio que aspira a mejorar mediante la construcción de una sociedad en continuo perfeccionamiento.

Con la agresividad, lo menos que podrá alcanzarse será un disgusto y lo máximo abarca desde una multa hasta un proceso judicial, cuyo final pudiera llegar al encarcelamiento. El camino está trazado: a las instituciones les toca cumplir sus funciones, incluida la exigencia por el buen trato y la orientación adecuada, elementos capaces de neutralizar a quienes agreden sin que exista un conflicto bélico.